Iglesia
de Tuesta, Álava
Introducción
El templo parroquial de la Asunción de Tuesta,
población del valle de Valdegovía, en la provincia
de Álava es uno de los edificios más notables
del arte románico -muy tardío, en este caso- de toda
Álava y el País Vasco. Entre los aficionados al arte
medieval, esta iglesia siempre es recordada por su monumental portada
sur.
Tan importante iglesia puede justificarse gracias a
la prosperidad económica que gozó este territorio
gracias a sus fértiles campos de labor, muy especialmente
por sus viñedos.
Arquitectura de la iglesia
Antes de adentrarnos en la arquitectura de la iglesia
de La Asunción de tuesta hay que advertir de la un tanto
excesiva restauración acaecida en 1962, en la que, entre
otras cosas, se eliminó un enorme torreón medieval
que se erguía sobre el primer cuerpo de la nave y que para
algunos autores sería la prueba de la pertenencia de la iglesia
a los caballeros templarios, que tuvieron una posesión en
esta comarca.
La planta original de este edificio del siglo XIII
es de una nave de tres tramos más una cabecera con tramo
presbiterial rectangular y ábside poligonal de seis lados.
La gran portada de la que nos ocuparemos más
bajo se abre en costado sur, en el segundo tramos de la nave. Parece
una obra algo posterior al resto, posiblemente del segundo cuarto
del siglo XIII con el añadido de un conjunto escultórico
de la Epifanía de finales del XIII o comienzos del XIV.
Todo el edificio está construido a base
de sillería bien cortada y escuadrada de piedra arenisca
de color ocre amarillento.
Cabecera
El ábside tiene un porte de gran monumentalidad
gracias a los anchos contrafuertes que soportan los arcos que envuelven
cada ventanal situado en los paños del mismo. Estas ventanas
tienen dos arquivoltas aboceladas sobre dos parejas de finas columnas.
Es obvia la relación de esta cabecera con la de la vecina
iglesia de San Nicolás (hoy llamada del Espíritu Santo)
de Miranda de Ebro (Burgos).
Tanto los capiteles de las columnas como los canecillos
de la cornisa nos ofrecen un riquísimo repertorio de esculturas
muy bien conservadas, donde los grandes protagonistas son las cabezas
humanas, aunque también las hay de león y otros muchos
animales de cuerpo entero, alguno tan "exótico"
como una tortuga.
En
el interior, la bóveda del ábside se refuerza por
seis nervios que apoyan en columnas adosadas al hemiciclo y que
convergen en una clave común decorada con dos relieves policromados.
Uno corresponde a las figuras de dos ángeles que flanquean
una cruz patada. El otro, muy interesante, muestra el busto de Cristo
en Majestad (Pantocrátor) con una cruz en su cabeza, bendiciendo
con su diestra y portando un libro abierto en la mano izquierda
con la siguiente inscripción en latín:
La alusión admonitoria a los hombres ricos de
hacer el bien para su salvación aparece en otros templos
europeos. Sin embargo lo que más nos importa aquí
es la "firma" de Elías, seguramente el maestro
del taller que realizó, al menos, la cabecera del templo.
Nave
La nave, como hemos indicado anteriormente tiene bóvedas
de crucería sencilla cuatripartita con nervios muy anchos
de aristas vivas. Los arcos perpiaños son doblados y apuntados
Por su parte, los apoyos son pilastras a las que se adosan ocho
columnas: dos en los frentes, al modo hispano-languedociano, más
otros seis en tres pares.

Los capiteles de esta rica estructura columnaria combina
los motivos vegetales, muy al estilo cisterciense, con otros de
cabezas humanas, la mayoría serenas aunque no faltan otras
de rasgos más bien grotescos.
Nos llama la atención un busto de un personaje
con los cabellos erizados -al modo en que se solían representar
los diablos- ensanchando su boca tirando de sus comisuras labiales
con los dedos de las manos. En otro que va asociado al anterior
el hombre apunta con los dedos a sus propios ojos. Nos parece que
estos gestos algo quieren advertir a los feligreses, quizás
sobre los riesgos de algún tipo de pecado.
En el interior se alberga una pila bautismal de gran
tamaño con copa y basa, aunque sin pie. La copa está
esculpida con grandes y profundos gallones.
Podemos admirar una imagen de madera policromada de
la Virgen y el Niño -La "Virgen Blanca"- en el
lado norte de la cabecera. Se trata de una talla gótica,
hecho reconocible por sus posturas, delicadas formas y esbozadas
sonrisas.
La portada
Además de por su estupenda arquitectura, la
iglesia de la Asunción de Tuesta es conocida por su monumental
portada abierta en el muro sur y cobijada por un pórtico
de hechuras muy posteriores.
Estructuralmente, cuenta en la parte superior con un
total de seis arquivoltas más guardapolvos de perfil ojival,
todo ello repleto de esculturas como pronto describiremos.
En la mitad inferior sobresale su compleja estructura
columnaria con seis parejas de ellas más el par de jambas
interiores como soporte de las arquivoltas. Bajo las enjutas y embelleciendo
el ancho del muro se dispusieron otras dos parejas más.
Encima de la clave en un espacio rebajado del muro
se colocaron posteriormente (de alrededor del año 1300) de
forma escalonada un total de siete estatuas góticas de bulto
redondo en un momento posterior -probablemente en el siglo XIV-
con los pasajes de la Anunciación y de la Epifanía
de los Reyes Magos.
De izquierda a derecha aparecen los tres reyes Magos,
después la Virgen con el Niño sentado sobre la pierna
izquierda, mientras la Madre de Dios pisa un dragón (Génesis
y Apocalipsis de San Juan). San José y en el extremo de la
derecha -según la perspectiva del observador- el arcángel
San Gabriel que anuncia a la buena nueva a María que se encuentra
en el extremo.
Se ha vinculado este conjunto a la Galería de
Reyes de la catedral de Burgos y, sobre todo, al friso de la puerta
sur de la iglesia d Villalcázar de Sirga (Palencia).
Programa escultórico de las arquivoltas
Además de ciertos motivos geométricos,
las arquivoltas de esta portada están repletas de esculturas
dispuestas radialmente complementadas por otras en línea
con la dirección de las mismas.
Las dos interiores son las más simples al llevar
dientes de sierra con los vértices achatados y lóbulos.
La tercera arquivolta está compuesta de una
total de diez ángeles músicos, iconografía
más propia de lo gótico que de lo románico.
La cuarta arquivolta es, probablemente, la más
interesante. En ella hay más de una treintena de figuras
sociocostumbristas con oficios y actividades cotidianas -y quizás
consideradas viciosas- que retratan la sociedad medieval: un avaro,
aldeanos es actitud de comer, beber, dormir y pelear, eclesiásticos
con libros abiertos, un músico con un instrumento de viento,
un hombre itifálico, etc.
El bestiario real y fantástico tienen su representación
en las siguientes dos arquivoltas. La quinta se centra en los cuadrúpedos:
y la sexta en animales alados. Pero no faltan en ellas bestias como
algún que otro dragón, grifo, y esfinges, además
del combate entre hombre contra un león (o quizás
un oso) y dragones. Sorprende encontrar, en este contexto, una Virgen
con el Niño en su iconografía más representada
de Sedes Sapientiae.
El guardapolvos
exterior, considerado por algunos como una arquivolta más,
continúa con estando repleta de figuras, en este caso de
tipo pastoril.
Programa escultórico de los capiteles

El repertorio
escultórico continúa en los capiteles de las columnas
y las mochetas de las jambas interiores. Los relieves del lado oeste
se ocupan de personas y hechos como peleas, abrazos -alguno un tanto
lúbrico- una flagelación, y San Miguel alanceando
a un dragón.

En la parte
contraria, son las bestias las principales protagonistas: un sagitario
apuntando a un grifo, arpías, dragones. Luego siguen escenas
moralizadoras como la de hombres y perros en una escena de violencia
por la posesión de una mesa llena de riquezas, la de dos
diablos con anatomía de los carneros peleando entre sí,
otros dos diablos lanzando a dos pecadores al infierno simbolizado
por la boca de Leviatán, y por último San Martín
de Tours compartiendo su capa con el mendigo.

Como se
ha indicado en algunos estudios previos de esta iglesia, la iconografía
de la escultura de la portada parece armonizarse con el mensaje
de la inscripción de la clave en la cabecera en relación
al peligro que amenaza al cristiano codicioso que busca la acumulación
de riquezas. Varias son las alusiones de avaricia y violencia que
son superadas por la bondad y la generosidad de San Martín
en su acto de partir su capa para dársela al pobre.

