A escasa distancia de Alcaudete y en el mismo corredor
fluvial del Guadajoz que servía de comunicación
natural entre Córdoba y las vegas del Guadalquivir con
la ciudad de Granada, la población de Alcalá la
Real con sus casi 20.000 habitantes se agolpa en torno al cerro
de La Mota, emplazamiento original de la localidad y que posteriormente
fue urbanísticamente evolucionando ladera abajo hasta terrenos
más llanos y fértiles.

Algunos apuntes históricos
Documentada
la presencia humana en el entorno desde el Neolítico como
se ha constatado a través del hallazgo de diversos restos
en el entorno, tiende a contextualizarse en época íbera-turdetana
el primer asentamiento humano estable en el actual emplazamiento
de Alcalá la Real; un poblamiento que acabaría sometido
al poder del Imperio Romano bajo el nombre de Obulcula o Ipolcobulco,
poblándose con gentes llegadas desde Porcuna.

Tras la incursión musulmana en la Península
Ibérica y más concretamente durante la época
califal, la entonces denominada "Al Qalat (la fortaleza)
viviría su primer periodo de esplendor, levantándose
en el cerro de la Mota una pequeña medina bajo la protección
de su inexpugnable alcazaba, la cual permitió a Al Qalat
permanecer relativamente independiente durante el dominio almohade.

Como consecuencia del avance cristiano tras la Batalla
de Las Navas de Tolosa, Alcalá pasó a formar parte
del Reino Nazarí de Granada, reforzándose notablemente
las defensas debido a su posición fronteriza entre cristianos
y musulmanes; una situación que entre el siglo XIII y durante
la primera mitad del XIV provocó que la plaza cambiase
de manos en varias ocasiones.

No fue hasta agosto de 1341 cuando, después
de la Batalla del Salado, tras ocho meses de asedio y vía
capitulación, Alcalá pasó definitivamente
a manos de los reinos cristianos durante el mandato de Alfonso
XI, siendo beneficiada con ventajosos privilegios con el fin de
asentar población en un territorio aún conflictivo
por su cercanía al Reino Nazarí de Granada.

Por fin, tras la Toma e Granada en 1492 y alejada
definitivamente la amenaza musulmana, la ahora llamada Alcalá
la Real vivió un nuevo periodo de esplendor económico
y demográfico, creciendo ostensiblemente por los arrabales
y vegas adyacentes al primitivo núcleo en el cerro de La
Mota, quedando este cada vez más despoblado hasta su definitivo
abandono.

Conjunto Monumental de La Mota
Coronando el cerro del mismo nombre, el conjunto
monumental de La Mota de Alcalá la Real se eleva a más
de 1000 metros sobre el nivel del mar y a casi 100 sobre lo que
hoy es el núcleo urbano. Ocupa unas 4 hectáreas
que constituyen uno de los mejores ejemplos de ciudad-fortaleza
de todo el antiguo Al-Andalus.

Fue declarada Monumento Nacional en 1931 y en la
actualidad su visita, en la que se distingue el alcázar
y la iglesia abacial, se articula en torno al leit-motiv de lo
que sería la forma de vida en territorios de frontera.

La Alcazaba
Como la mayoría de ciudades hispanomusulmanas,
la vieja Al-Qalat se articulaba en torno a tres recintos. El primer
cinturón exterior, levantado a base de tapial y argamasa
con puntuales refuerzos pétreos, abrazaba al completo la
medina e incluso alguno de los primitivos arrabales que se desparramaban
por la ladera. Sus orígenes se remontan a los siglos XI
y XII aunque fueron objeto de reformas en el XIII y principios
del XIV.

La medina contaba con todos los equipamientos necesarios
para el día a día de sus habitantes: mezquita, zoco,
zona comercial, aljibes, almacenes, área residencial, etcétera.

El segundo recinto abrazaba al completo lo que sería
la superficie de la meseta que corona el cerro de La Mota, el
cual era accesible a través de puertas desde la propia
medina, aunque contaba con su propio acceso independiente a través
de una pronunciada cuesta protegida hasta por siete puertas de
las que, en la actualidad, tan solo se conservan tres: la de Las
Lanzas, la de la Imagen y la del Peso de la Harina.

De este recinto murado superior de la alcazaba destaca
la llamada Torre de la Cárcel, En uno de los cuerpos se
conserva parcialmente reconstruida una hermosa bóveda de
crucería de tipo almohade.

El Alcázar
En el punto más elevado de la meseta se yergue
el alcázar propiamente dicho, de planta trapezoidal con
un patio de armas central y tres torres angulares denominadas
Torre del Homenaje, Torre Mocha y Torre de la Vela o de La Campana.

Iglesia Mayor Abacial
Tras la conquista cristiana de La Mota de Alcalá
la Real, el monarca Alfonso XI mandó construir una primera
iglesia sobre los restos de la primitiva mezquita mayor, una iglesia
que fue remodelada en época gótica y, posteriormente,
en el estilo clasicista que hoy podemos admirar.

Consta de tres fases constructivas perfectamente
marcadas arquitectónicamente. La parte más antigua
corresponde a los primeros dos tramos de la nave hacia los pies,
proyectados por Martín de Bolívar hacia 1517 y en
los que las tres naves quedan separadas entre sí por arcos
apuntados sobre pilares cilíndricos en los que apean las
bóvedas de crucería estrelladas.

La segunda fase fue planteada por el granadino Ambrosio
de Vico ya bien avanzado el siglo XVI, proponiendo una única
y muy espaciosa nave única a la que abrían a cada
uno de sus costados capillas a modo de hornacinas.

La tercera de las fases, ya en el siglo XVII consistió
en un replanteamiento de la cabecera a modo de un enorme arco
de triunfo típicamente clasicista.
La torre campanario fue erigida en el ángulo
norocciental del conjunto, constando de cuatro cuerpos en altura
y elevándose nada menos que 42 metros hasta la culminación
de su chapitel.

Al costado sur de la nave se abre la monumental sacristía
planteada por Ginés Martínez de Aranda, a quien
también se le atribuye la planificación de las tres
portadas.

De la primitiva construcción gótica
tan solo ha llegado a nuestros días una parte mínima
del claustro que rápidamente fue transformado a una nueva
funcionalidad como patio privado de la Casa del Cabildo, y la
llamada Capilla funeraria del Deán Chirino (dean de la
Catedral de Córdoba en la segunda mitad del siglo XV) que es de
estilo gótico flamígero con portada de este estilo
y bóveda tardogótica estrellada.

(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
