Introducción al conjunto monumental de
Corullón
En el corazón de la comarca del Bierzo y a
escasos cinco kilómetros de la importantísima población
jacobea de Villafranca, la localidad de Corullón
se acomoda en una empinada ladera que vierte al valle del río
Burbia.

Bastante venida a menos y acusando un profundísimo
declive demográfico desde la segunda mitad del siglo XX,
Corullón fue sin embargo durante los siglos medievales
una de las poblaciones bercianas más influyentes, conservándose
aún hoy como veremos a continuación varios testimonios
de ese esplendoroso pasado.

Algunos apuntes históricos
La primera referencia documental conocida de Corullón
se remonta al año 939, apareciendo citada entre la nómina
de posesiones del Obispado de Astorga. Su historia, como no podía
ser de otra forma, está íntimamente ligada a la
cercana Villafranca del Bierzo.

A
finales del siglo X, concretamente en el año 991 el rey
Bermudo II de León funda en Corullón el Monasterio
de Santa Marina de Valverde con el fin de acoger religiosos llegados
desde la Meseta como consecuencia de las campañas bélicas
de Almanzor. Este cenobio, sin embargo, perdería influencia
rápidamente ante la hegemonía del vecino de Carracedo,
del cual ya en el siglo XIII figura como granja dependiente.

Paralelamente y también filial de Santa María
de Carracedo, consta en la documentación medieval otro
pequeño cenobio en Corullón ("Curulion")
bajo la advocación de San Martín y cuyo único
recuerdo llegado a nuestros días es el topónimo
de uno de los barrios de la localidad.
En torno a estos modestos establecimientos monásticos
fue desarrollándose un núcleo población estable
y de realengo dividido en varios barrios cada uno de ellos dotados
de su iglesia parroquial.

Ya en el siglo XIV la influyente Familia García
Rodríguez de Valcarce erigiría en uno de los cerros
que rodean y dominan la localidad su suntuoso castillo-palacio,
el cual pasaría vía herencia a los Álvarez
Osorio quienes, tras mandar construir en Villafranca del Bierzo
un nuevo palacio como sede de su marquesado, condenaron a la fortaleza
de Corullón al declive.

San Miguel
Situada a la entrada misma de la localidad y a pie
de carretera, la iglesia de San Miguel de Corullón,
declarada Monumento Histórico Artístico desde 1931,
presenta en la actualidad un aspecto impecable gracias a la acertada
restauración llevada a cabo en los años finales
de la década de los setenta del siglo XX.

Relacionada por algunos autores con la Orden del
Temple, extremo imposible de contrastar hasta el día de
hoy. Se trata de una construcción cuyo aspecto murario
es muy heterogéneo por el empleo de diferentes materiales:
en su mayor parte de mampostería pizarrosa y de canto rodado
y sillarejo reforzado con sillares angulares. Los tipos de piedra
utilizados son variados: desde pizarras, calizas, tobas hasta
granito. En fecha mucho más tardía le fue adosada
una torre campanario al lado oeste.

La construcción románica original se
compone de una sola nave rectangular que desemboca tras el tramo
recto presbiterial en un único ábside semicircular
cubierto con bóveda de cuarto de esfera. En la actualidad,
la nave se cubre mediante una armadura de madera a dos aguas,
aunque perviven en los muros laterales signos bien visibles de
un primer proyecto abovedado que, o bien nunca llegó a
culminarse, o sufriría un derrumbe en algún momento
de su historia.

El elemento más interesante de la iglesia
de San Miguel es, sin lugar a dudas, su fachada sur, claramente
inspirada en el brazo sur del crucero de la Colegiata de San Isidoro
de León.

En el cuerpo bajo de la misma abre una puerta adintelada
sobre el que se dispone un tímpano con decoración
geométrica reticulada y que, a su vez, queda abrazado por
una única arquivolta de medio punto abocelada y trasdosada
por una chambrana billeteada que descansa sobre columnas rematadas
en capiteles.

Las cestas presentan decoración de cabecitas
humanas sobre leones la de la izquierda, y vegetal la de la derecha,
que bien podría tratarse de una pieza reutilizada visigoda
o mozárabe.

Sobre la misma puerta de entrada y en un segundo
registro a modo de friso se despliega una arquería ciega
de tres arcos de medio punto que apean sobre cimacios taqueados
y capiteles decorados con parejas humanas de aspecto bastante
grotesco. Además, en las enjutas generadas entre ellos,
fueron colocadas más cabecitas antropomorfas.

En los tramos de la nave más próximos
a la cabecera se abrieron dos ventanales tipo portada con dos
pares de ventanales muy similares compuestos de doble arquivolta
y cuatro columnas.

Por lo demás, el resto de decoración
escultórica exterior queda reducida a la cornisa absidial,
habiendo pervivido una interesante colección de canecillos
figurados entre los que destacan un personaje mesándose
la barba, varias representaciones zoomorfas y un muy explícito
exhibicionista.


Al interior, lo más destacable es su arco
triunfal de acceso al presbiterio, de medio punto doblado y sostenido
por columnas rematadas en capiteles decorados con hojas y bolas
el de la derecha, y con fórmulas entrelazadas en torno
a un mascarón central el izquierdo.
San Esteban
La parroquia de San Esteban, también
Monumento Histórico Artístico desde 1931, se levanta
en la parte occidental del casco urbano y, aunque su apariencia
externa resulta menos vistosa que su vecina de San Miguel, nos
encontramos ante uno de los monumentos clave para entender el
románico leonés debido a su filiación estilística
con la Portada de Platerías de la Catedral de Santiago
de Compostela y una inscripción conservada in situ que
nos aporta bastantes detalles sobre su origen y cronología.

En la actualidad presenta una sola nave de tres tramos
delimitados por pilastras que sostendrían los fajones en
los que apoyaba una bóveda pétrea, sin embargo,
tras un derrumbe en el siglo XVIII, fue sustituida por la cubierta
de madera a dos aguas que hoy contemplamos fechada en 1797.

Durante esta misma reforma sería sustituida
su cabecera románica original y, aprovechando los restos
del campanario primitivo del que aún son apreciables alguno
de sus ventanales, fue levantado un segundo cuerpo sobre la torre-pórtico

Protegida por dicha torre-pórtico se conserva
su portada principal, unánimemente considerada una de las
joyas del románico pleno leonés en la que es bien
patente la influencia de las Puertas de Platerías y de
la Azabachería de la Catedral de Santiago de Compostela.

Dicha portada abre mediante un arco de medio punto
perfilado por palmetas y pequeñas cabecitas felinas y que
es trasdosado por dos arquivoltas de medio punto molduradas que
descansan sobre dos pares de columnas rematadas en capiteles figurados
en los que además de modelos vegetales muy compostelanos,
apreciamos personajes enredados entre tallos y una pareja de aves
afrontadas.

Sostenido por dos mochetas decoradas con dos expresivos
felinos que recuerdan a San Isidoro de León, preside el
vano de ingreso un tímpano liso que sin lugar a dudas en
origen contaría con decoración pictórica.

Completa la decoración escultórica
de San Esteban de Corullón una interesante serie de modillones
desplegados a lo largo de los muros norte y sur en los que fueron
representados motivos varios, destacando varios mascarones, alguna
representación animal así como figuras humanas en
actitudes grotescas y hasta obscenas.

Procedente también de esta iglesia aunque
hoy recolocado en la rectoral aledaña se conserva un gracioso
relieve que representa la lapidación de San Esteban.
Por último, es obligatorio hacer referencia
a una lápida epigráfica empotrada en el muro septentrional
del campanario y que es esencial para conocer el momento concreto
de románico en que se edifica esta iglesia y que viene
a rezar lo siguiente: