Pocas décadas después el Condado
independiente de La Ribagorza es absorbido en los dominios del
Reino de Pamplona. En el año 1023 Sancho el Mayor de
Pamplona (1004-1035) introdujo la regla de la reforma cluniacense
en los monasterios benedictinos de Aragón.

Avanzado el siglo (1078) fue restaurado por el
obispo de Roda de Isábena, Raimundo Dalmacio, como poderoso
monasterio benedictino, llegando a convertirse su abad en el
cargo de mayor jerarquía tras el propio obispo rotense.
Esta etapa de esplendor se pone manifiesto en la
construcción una nueva iglesia a comienzos del siglo
XII (posiblemente 1103), fecha en la que se data el edificio
que hemos conservado. Este templo se consagró en 1123
por el obispo de Roda-Barbastro, como evidencia la inscripción
conservada en la parte superior de la bóveda de la cripta.

En el siglo XV los abades de Alaón comenzaron
a ser comendatarios, y por lo general no ejercieron ninguna
autoridad sobre la disciplina interior del monasterio, lo que
se tradujo en una pérdida de importancia. No obstante,
hasta la desamortización de Mendizábal de 1836
mantuvo su actividad monástica. A partir de este momento
comenzó un largo periodo de decadencia, que acarreó
la destrucción de la mayor parte de sus dependencias
monacales, con la excepción de la iglesia, que en el
siglo XX volvió a abrirse al culto.
La iglesia
Exterior
La iglesia del monasterio de Alaón
presenta planta basilical de tres naves rematados por ábsides
semicilíndricos bien aparejados. La nave central es más
alta y más ancha. En conjunto, las medidas del templo
son 28 metros de largo y 14 de ancho aproximadamente.

El perímetro del edificio se encuentra rodeado
por una decoración formada a base de arquillos ciegos,
característicos del románico lombardo, sobre los
cuáles hay una friso con taqueado que imita lo jaqués.
En los tres ábsides se abre, en cada uno de ellos, una
pequeña ventana. En el central hay además una
pequeña aspillera en la parte inferior, casi a ras del
suelo, que dota de luz a la cripta que se encuentra bajo el
presbiterio. Toda esta decoración conforma un interesante
ejemplo de transición entre el románico lombardo
y las nuevas corrientes estéticas que emanaban de la
reforma cluniacense y que solemos denominar Románico
Internacional que tuvo en la cercana Catedral de Jaca uno de
sus ejemplos más antiguos e importantes de los reinos
hispánicos.
A los pies de la nave septentrional se levanta
una torre campanario cuya construcción, probablemente,
se realizase en el siglo XVIII. A pesar de tan tardía
fecha, no desentona con el resto del templo porque fue ejecutada
con formas y decoraciones muy austeras.

La iglesia contaba con dos accesos. La portada
situada en el cuarto tramo del muro meridional permite acceder
desde el exterior. Está formada por un arco de medio
punto enmarcado por dos arquivoltas que se apoyan en sendos
capiteles, sostenidos por columnas de fuste liso. Alrededor
de la arquivolta externa hay un arco formado por una franja
de dovelas lisas cuyos salmeres insinúan ligeramente
la herradura, una franja con pequeños prismas de piedra
alternados para imitar el original taqueado jaqués que
se conforma con cilindros, y una tercera exterior, con dovelas
lisas de menor grosor. En la clave hay un crismón de
los llamados trinitarios.

La otra portada se encuentra en el tercer tramo
del costado contrario, y comunicaba el templo con el claustro,
que articulaba las diferentes estancias monásticas. En
la actualidad se encuentra cegada. Está formada por un
sencillo arco de medio punto rehundido en el hastial.
Interior
El interior de la iglesia se estructura en torno
a tres naves, las laterales con seis tramos cubiertas con bóvedas
de arista (muy rudas y construidas mediante sillerejos al modo
lombardo), y la central con cinco tramos y bóveda de
medio cañón. En los dos primeros tramos de la
nave central no hay arco fajón. En esta parte se situaba
el coro, del que quedan testigos en los pilares de los arcos
formeros, y que en la actualidad se sitúa a los pies
del templo.

El presbiterio se encuentra elevado por cuatro
escalones, con unos pequeño vanos, que permiten iluminar
la cripta que se encuentra debajo.

En el presbiterio se conserva un interesante mosaico
realizado con grandes piezas de mármol de la cantera
de Rocamora (colores negro, blanco, gris, rojo y amarillo) que
conforman una decoración principalmente geométrica
basadas en el círculo con significado eucarístico.
También hay formas de panes y de un pez, símbolos
intensamente cristianos.

La ornamentación escultórica del
interior del templo la encontramos en sus capiteles. Los más
interesantes se encuentran a los pies del templo, en las columnas
sobre las que se sustentan los arcos formeros de los dos últimos
tramos de las bóvedas. Uno de ellos muestra una decoración
geométrica, con aves en los cuatro ángulos que
se pican sus pechos. Probablemente se trate de pelícanos
que son símbolos cristianos empleados en casi todas las
épocas. En el otro podemos ver una decoración
de lazo.

La
presencia de los taqueados jaqueses (más bien imitados
que heredados), los pilares con columnas adosadas con capiteles
(algunos figurados), la conformación de la puerta incluyendo
su crismón en conjunción con los arquillos lombardos
nos llevan a calificar esta iglesia como un punto de coexistencia
o fusión entre la corriente lombarda pirenaica que dominó
el siglo XI y los aires del Románico Internacional que
parten de la catedral de Jaca.
Restos del claustro y de las dependencias
monásticas
Recientemente se ha acometido una campaña
de restauración que ha sacado a la luz los arranques
del antiguo claustro, que permiten reconstruir su perímetro.
Se trata de un espacio de planta cuadrangular de reducido tamaño,
que debía estar abierto por medio de arquerías
con columnas exentas asentadas sobre un banco corrido. Tal disposición
nos obliga a recordar el hermoso claustro de la Catedral de
Roda de Isábena.

Del resto de las dependencias monásticas
tan sólo se conservan algunos restos de época
posterior. De todos ellos, el espacio que mejor se ha conservado
es la sala capitular, que en la actualidad tiene la función
de sacristía. Se sitúa en la panda occidental
del claustro y su acceso estaba formado por una triple arcada
que se encuentra cegada. En su interior se conservan dos capiteles
que se han recuperado del claustro, y que siguen una estética
similar a los que hay dentro de la iglesia.