Guía del Monasterio de Leyre, Navarra
Introducción
El
de Leyre es un monasterio milenario de origen benedictino que
llegó a ser uno de los más importantes de la España
reconquistada y corazón espiritual del Reino de Pamplona.
En efecto, el Monasterio de San Salvador de
Leyre, constituye como el conjunto monástico más
relevante del reino de Navarra durante la época alto y
plenomedieval uno de los uno de los testimonios más elocuentes
del esplendor del románico inicial en los reinos cristianos
peninsulares.

Geográficamente, se ubica en la Sierra
de Leyre (también llamada Sierra de Errando), que es la
primera gran sierra prepirenaica de Navarra, concretamente en
el valle del río Aragón, actualmente dominado por
el embalse de Yesa, en un balcón natura con vistas hacia
la Canal de Berdún y el citado embalse de Yesa.

Leyre pertenece a la comarca de Sangüesa,
de la que dista sólo a 16 kilómetros por carretera
y, por tanto, muy cerca del Camino de Santiago en su versión
aragonesa.
Su historia es un fiel reflejo de la evolución
política, espiritual y artística del viejo Reino
de Navarra, y como veremos ello contribuye a la conservación
de obras arquitectónicas y escultóricas que van
desde le prerrománico hasta el gótico, pasando por
el esplendor del románico pleno.
Historia
Orígenes y los primeros siglos (IX - X)
Como sucede con frecuencia en este tipo de
cenobios tradicionales, sus orígenes precisos resultan
de difícil determinación. Tradicionalmente se ha
ligado el comienzo de la andadura de Leyre a la época visigoda.
Aunque este extremo no se puede constatar, no es completamente
descartable que existiera un pequeño cenobio, heredero
de tradiciones eremíticas, durante los siglos de dominio
visigodo en la Península Ibérica.
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La primera fecha documental del Monasterio
de Leyre corresponde en una fecha tan antigua como el 848, cuando
San Eulogio de Córdoba viaja al norte de la Península
y visita este monasterio, que por aquel entonces estaba regido
por el abad Fortunio.
Cuatro años más tarde, en 852, su relevancia espiritual
se vio reforzada con la llegada de las reliquias de las santas
mártires Nunilo y Alodia, martirizadas en Huesca, y que
desató una profunda devoción en la región.
En el siglo X Leyre se convertirá en
el centro espiritual de Navarra y se vinculará con la corona
y con la nobleza que dispensará su esencial protección,
convirtiéndose en panteón.
El rey destronado Fortún Garcés
ingreso el Leyre como monje. Por aquellas fechas era abad San
Virila (documentado en el año 928), figura célebre
por la leyenda del pájaro y la eternidad.
Sin embargo, a finales de este siglo X (año 999), y como
sucedió con importantes santuarios cristianos de los reinos
cristianos, sufrió la devastación en una de las
expediciones del caudillo califal Almanzor, y posteriormente de
Abd-al-Malik. En aquellas destrucciones e incendios debió
salir mal parada la iglesia prerrománica que existía
hasta el momento.
El esplendor del siglo XI
Una vez repuesto el reino navarro de la crisis
guerreas de finales del siglo XI, Leyre va a recuperar su prestigio
y va a vivir su época de mayor esplendor, beneficiándose
del gobierno del gran Monarca Sancho III el Mayor. Además,
este rey va a establecer que los abades del monasterio fueran
simultáneamente obispos de Pamplona.
Con la instauración del sistema de los
obispos-abades, el Monasterio de Leyre recibirá cuantiosos
recursos episcopales que permitieron acometer una formidable empresa
constructiva: la demolición de la antigua iglesia prerrománica,
la construcción de su célebre cripta y la posterior
erección de un ambicioso templo románico de tres
ábsides consagrado solemnemente en 1057, considerado obra
esencial en los orígenes del Románico Internacional
Pleno en España.

Más adelante, el recinto primitivo occidental
fue sustituido por una inmensa nave de gran anchura, conocida
como la gran ampliación románica, consagrada en
1098 en presencia del rey Pedro I.
El siglo XII y el comienzo del declive
Desde finales del siglo XI hasta el XII, Leyre
se verá envuelto en una crisis como consecuencia de que
los obispos de Pamplona reivindicarán sus derechos jurisdiccionales
sobre Leyre, en contra del sentir de los monjes. Tras un largo
pleito, Roma fallará a favor del obispo, sometiendo definitivamente
al monasterio.

De esas primeras décadas del siglo XII,
queda, sin embargo, una de las partes de mayor calidad e importancia
de su obra constructiva: la llamada Porta Speciosa ubicada en
la fachada principal del templo abacial. Este grandioso pórtico,
profundamente influenciado por las corrientes escultóricas
del Camino de Santiago (y en particular por la Puerta de las Platerías
de la Catedral de Santiago de Compostela), es un espléndido
muestrario de la plástica románica.
La reforma cisterciense (Siglos XIII - XV)
En el siglo XIII se impuso la reforma de la
Orden del Císter, desencadenando un enfrentamiento entre
los cistercienses y los monjes benedictinos leales a Cluny, alternándose
ambas facciones en el control del recinto mediante expulsiones
armadas y excomuniones cruzadas. Finalmente, en 1307, el rey Luis
I el Hutín y la Santa Sede confirmaron definitivamente
la posesión para los cistercienses.
En el siglo XIV se construirá una gran
bóveda gótica de crucería de 14 metros de
ancha para cubrir el espacio occidental unificado románico.

Edad Moderna, (Siglos XVI - XX)
Durante los siglos XVI al XVIII, la vida comunitaria
logró revitalizarse tras integrarse Leyre en la congregación
cisterciense de la Corona de Aragón en el año 1634.
Debido al estado ruinoso de las dependencias medievales, entre
finales del siglo XVI y mediados del XVII se edificó el
"Monasterio Nuevo", al sur de la iglesia que albergaba
el nuevo claustro y celdas.

El declive definitivo acaeció en el
siglo XIX con la Guerra de la Independencia y la exclaustración
durante la Desamortización de Mendizábal. El patrimonio
territorial fue vendido y la soberbia estructura monástica
quedó sumida en un dramático abandono durante décadas,
sufriendo graves hundimientos y expolios en sus dependencias.
Afortunadamente, la majestuosa calidad de su
arquitectura románica y gótica atrajo la atención
de la incipiente Comisión de Monumentos de Navarra, logrando
su declaración como Monumento Nacional en 1868. Tras diversas
intervenciones menores en el siglo XIX para salvar los arcosolios
reales y las cubiertas, la Diputación Foral de Navarra
acometió una restauración sistemática e integral
a partir de 1945 bajo la dirección del arquitecto José
Yárnoz. Este esfuerzo patrimonial se vio coronado el 10
de noviembre de 1954, cuando una comunidad benedictina procedente
del monasterio de Santo Domingo de Silos repobló Leyre,
devolviendo a las milenarias piedras la función contemplativa
y coral que las había originado.
Arquitectura y escultura
La Cripta
En la construcción de la llamada cripta
del monasterio de Leyre convergieron diversos intereses para la
comunidad monástica. Por un lado la de construir una auténtica
"iglesia baja" o "iglesia inferior", con sus
funciones habituales: aumentar el número de altares que
propiciaran la posibilidad de la celebración de un mayor
número de misas, albergar reliquias y, obviamente, salvar
el fuerte desnivel del terreno en la falda del monte, permitiendo
así asentar la nueva cabecera al mismo nivel que la iglesia
prerrománica preexistente.
La cripta es uno de los más sugestivos lugares
de del románico español y pertenece a la primera
campaña de comienzos del siglo XI. Se accede a través
de una ruda puerta de tres arquivoltas de aristas vivas que apean
sobre grandes jambas de sillares irregulares.

Las dimensiones de esta iglesia baja o cripta son
muy grandes para lo que estamos acostumbrados en la arquitectura
medieval hispana. Tiene una longitud máxima de casi 16
metros con una altura de 4,50 metros.
Se articula en planta mediante cuatro naves y tres
ábsides. Puesto que la nave central de la iglesia superior
estaba proyectada con el doble de anchura que las laterales, la
nave principal de la cripta hubo de dividirse en dos con el doble
fin de reforzar el peso y de no ganar demasiada altura, igualándose
así la altura de las bóvedas de medio cañón
de las cuatro naves. Por tanto, el resultado es que la cripta
de la iglesia abacial del Monasterio de Leyre cuenta con un total
de cuatro naves muy estrechas y de igual anchura.

El abovedamiento de esas cuatro naves es de medio
cañón con refuerzo de arcos fajones de arco de medio
punto muy peraltados que, a su vez, son soportados por columnas
de cortísimo fuste sin basa y grandes capiteles irregulares
con labra apenas incisa (bajorrelieve), que se alternan desordenadamente
con pilares de pilares de triple rincón.
Si nos fijamos en las columnas, lo rimero que salta
a la vista es la desproporción entre los bajos y finos
fustes que apenas tienen 40 centímetros de diámetro
y los enormes capiteles de formas troncopiramidales con desarrollados
cimacios. Las cestas están labradas en bajorrelieve, con
hechura ruda, limitándose su decoración a volutas
acompañadas por boceles.

La base de la estructura está ahora bajo el
solado. El irregular reparto de los apoyos y su baja altura en
contraste con el desarrollo de los arcos, genera una sensación
de rudeza y primitivismo, pocas veces igualado.
La iglesia superior
De la primera campaña románica de Leyre
data su cabecera, de altísimos ábsides que engloban,
en su parte baja, la citada cripta.

Aunque no hay concesiones escultóricas en
ella (carece de ventanas decoradas o de columnas) es magnífica
su fábrica, realizada con grandísimos sillares de
color cálido perfectamente aparejados, que nos evocaban
todavía las construcciones del periodo anterior prerrománico.
La vista desde el este de esta monumental cabecera
nos permite también contemplar la torre campanario de la
iglesia abacial. Se construyó sobre el segundo tramo de
la nave meridional de la iglesia románica. Tiene planta
cuadrada; no siendo demasiado grande en superficie, lo que permite
una sensación acentuada de esbeltez. La mayor parte de
sus muros son sobrios y sin vanos ni decoración horizontal
ni vertical. Sólo el cuerpo de campanas con sus arcos de
medio punto sobre rudas columnillas animan su estampa. Un hecho
que llama la atención es que sobre dicho cuerpo de campanas
la torre se eleva varios metros más por encima, acaso por
haberla construido también con intenciones defensivas o
por un recrecimiento posterior.

El interior de este espacio parece más sutil
y mucho más afín a lo que llamamos el Románico
Pleno. Cuenta con tres ábsides, siendo de doble anchura
el central que los dos laterales. Las bóvedas absidales
son de cuarto de esfera.

Esta cabecera triabsidal de San Salvador de Leyre
se une a dos tramos de las naves románicas, separadas por
pilares cruciformes con semicolumnas adosadas de rudos capiteles
de plástica semejante a los que vimos en la cripta.

Este espacio de cabecera más dos tramos es
el que debió consagrase en una fecha tan temprana como
el año 1057.

El proyecto era alargar aún más las
naves hacia los pies, solar en que todavía se encontraba
el viejo templo prerrománico de planta cuadrada y tres
ábsides. Por ello se levantaron los muros perimetrales
sur, norte y oeste. Este gran espacio se cubriría con techumbre
de madera, hasta su abovedamiento gótico a finales de la
Edad Media, mediante cuatro tramos cubiertos por bóvedas
de crucería, tres de los cuales tienen arcos terceletes,
en tiempos de posesión cisterciense.

Porta Speciosa
La portada occidental, denominada Porta Speciosa
ya es del siglo XII, aunque debió sufrir una importante
intervención posteriormente y se sumaron esculturas de
otros lugares de la iglesia, al estilo de la Puerta de las Platerías
de Santiago.

Esto hace que la riqueza escultórica de la
porta Speciosa del Monasterio de Leyre sea verdaderamente espectacular,
aunque de interpretación iconográfica y simbólica
conjeturable.
La portada tiene cinco arquivoltas de medio punto que rodean un
tímpano esculpido soportado por una columna parteluz.

Este tímpano llevaba siete estatuas, de las
que se reconocen a Cristo con nimbo crucífero, bendiciendo
y llevando el Libro, María, San Pedro con las llaves y
San Juan imberbe y quizás otros dos apóstoles. Aparecen
pisando animales que se suponen de carácter maléfico.

Todas las arquivoltas están decoradas figurativamente
así como las enjutas y el friso superior.
Lar arquivoltas se cubren con todo tipo de relieves
donde aparecen mezclados animales del bestiario medieval como
grifos, arpías, aves, cabezas de fieras). No faltan representaciones
humanas como músicos, contorsionistas, mujeres y hombres
mesándose los cabellos, un espinario o un avaro que porta
una inmensa bolsa colgada al cuello.

En la enjuta izquierda aparecen como figuras bastante
reconocibles: San Miguel y el dragón, Jesús acompañado
de los apóstoles San Pedro y San Pablo, las santas Nunilo
y Alodia y posiblemente el martirio de una de ellas.

En la enjuta derecha los relieves están más
desgastados y su iconografía es bastante más confusa,
aunque se adivina las escenas neotestamentarias de la Anunciación
y la Visitación.
También son identificadas la avaricia
personificada como un esqueleto con una bolsa, la boca monstruosa
de un Leviatán escupiendo rayos y un ángel tocando
los cuernos del juicio.
En las zonas laterales inferiores continúa todo este delirante
conjunto de relieves donde hay varios leones, un santo que porta
un báculo, acompañado de un recuadro con un diseño
de entrelazo.

Por último, en los capiteles encontramos
aves que se picotean las patas, como en otras iglesias de Navarra
y Aragón, vinculadas al Taller de las Platerías.
También observamos tallos que terminan en cabezas de aves,
leones sus dorsos arqueados y largas patas, además de elementos
vegetales.

Aunque se ha estimado la intervención
de tres talleres distintos como protagonistas de esta magna puerta
del Monasterio de Leyre, (incluyendo el taller del Maestro Esteban)
en toda ella se aprecia manos expertas que esparcen por todo el
conjunto infinidad de esculturas de exquisita finura.

El visitante puede perderse entre tanta riqueza
por lo que es recomendable una ojeada detenida y aislando los
elementos escultóricos uno a uno, que por la recombinación
posterior citada no tienen necesariamente que tener que ligazón
con las tallas próximas.

Las otras dos puertas de la iglesia
Además de la Porta Speciosa, la iglesia
del Monasterio de San Salvador de Leyre cuenta con otros dos ingresos
en los flancos sur y norte.
La del norte es similar a la puerta de la cripta,
de gran rudeza, aunque ya incorpora una pareja de columnas con
capiteles de sumaria labra como vegetal.
La puerta sur que actualmente queda cobijada
bajo una capilla gótica es más moderna y elegante.
Fue concebida originalmente como una puerta exterior para dar
acceso al templo desde el camino del sur. Sin embargo, hoy en
día no es visible desde el exterior porque comunica directamente
con una capilla.

Consta de tres arquivoltas de medio punto con
baquetones y escocias y una fina chambrana.
Estas arquivoltas cobijan un tímpano con un crismón
de los llamados trinitarios con seis brazos. Cuenta con las letras
griegas alfa y omega colgando de la X. El travesaño de
la letra P es pequeño y la S se cruza con la prolongación
del palo de la propia P. Interesante son las mochetas que soportan
dicho tímpano, Una muestra una cabeza de león y
la otra una cabeza de bóvido.

Los apoyos son las jambas y tres parejas de
columnas de fustes monolíticos cilíndricos. Sus
capiteles muestran palmetas, sarmientos de vides con racimos y
lo que podrían ser green men (mascarones de cuyas bocas
brotan tallos vegetales).
La Arqueta de Leyre
Vinculada al Monasterio de Leyre, aunque actualmente
descontextualizada, hay que citar una de las joyas de la eboraria
andalusí que se conservó aquí durante siglos.
Nos referimos a la llamada Arqueta de Leyre.
Se trata de un pequeño joyero hecho de marfil
en Córdoba a comienzos del siglo XI (época todavía
califal) como regalo para Abd al-Malik al-Muzaffar. Este personaje
era el líder militar y político de Al-Ándalus
por ser hijo del caudillo Almanzor.

La arqueta destaca por su profusa talla de entrelazos
vegetales (ataurique) y fauna (leones, gacelas, caballos, elefantes).
Sin embargo, lo que la hace sumamente excepcional dentro del arte
islámico es la presencia de figuras humanas. Se muestran
medallones con escenas de guerra, caza y representaciones cortesanas,
como personajes comiendo o músicos tocando instrumentos,
llegando algunos expertos a sugerir que una figura representa
al propio califa Hisham II.

Con el tiempo, este joyero andalusí llegó
a territorio cristiano, probablemente como botín de guerra
o como parte del pago de parias, muy probablemente en ese mismo
siglo XI. También es probable que se donara al abad de
Leyre a mitad del siglo XI coincidiendo con la consagración
de la nueva iglesia. Aquí, dada su enorme belleza y riqueza,
los monjes la reutilizaron como relicario para guardar los restos
de las santas mártires Nunilo y Alodia.
Tras algunos avatares sufridos tras la exclaustración
de 1836, la arqueta de Leyre fue depositada en el Museo de Navarra
(Pamplona) en 1966 y hoy es una de las más importantes
joyas de su exposición.