Guía del Monasterio de San Pedro de Montes,
León
Introducción y algunos apuntes históricos
Lo
que fue el Monasterio de San Pedro de Montes no puede ubicarse
en un paraje de mayor hermosura. Se encuentra en la localidad
de Montes de Valdueza, en el famosísimo por su belleza
Valle del Silencio de los Montes Aquilanos. Este paraje pertenece
a la Comarca del Bierzo (provincia de León), y se llega
hasta él desde Ponferrada por una carretera tortuosa que
se dirige en dirección norte - sur.
Quien visita San Pedro de Montes lo hace con la intención
de descubrir un lugar "con magia". No se llega hasta
aquí por casualidad.

Y es que este antiquísimo monasterio nos ofrece
tres tipos de alicientes: el histórico, el monumental y
el paisajístico. Por ello, fue declarado Monumento Nacional
en 1931.

Su fundación hay que rastrearlas en los tiempos
del Reino Hispanovisigodo de Toledo, siglo VII d.C., por el célebre
San Fructuoso de Braga cuando éste abandonó la comunidad
de Compludo para practicar el retiro eremítico, creando
un oratorio rupestre. El lugar elegido dentro de estos bellos
y agrestes Montes Aquilanos fue un paraje cercano a un antiguo
castro conocido como Rupianense.

Poco después seguirá su labor Valerio
del Bierzo venido desde Astorga (Asturica Augusta). El lugar se
fue haciendo famoso y muchos otros seguidores se fueron uniendo
a este lugar por lo que nace un cenobio que se llamará
San Pedro de Montes y que estaría constituido por varios
monjes cuya vida monacal estaría regida por la regla hispana
redactada por el fundador del lugar: San Fructuoso de Braga (llamado
así porque después de abandonar el monasterio fue
nombrado obispo de Braga).

Después de la conquista musulmana del Reino
Hispanovisigodo, el monasterio debió quedar deshabitado.
Para la refundación del cenobio habrá que esperar
hasta finales del siglo IX, en tiempos del gran monarca del Reino
de Asturias, Alfonso III el Magno, que conquistó y repobló
la zona y llevó la frontera de su reino hasta el río
Duero. En efecto, San Genadio de Astorga junto a un puñado
de monjes levantó de la ruina el monasterio de San Pedro
de Montes a finales de la novena centuria y restauró su
vida monástica. Pocos años después, en 910,
se consagra un templo que sería de estilo prerrománico
asturiano o mozárabe y del que nos han llegado algunos
menguados restos.

En la segunda mitad del siglo XI, parte de la comunidad
de monjes de San Pedro de Montes acogió la regla benedictina
como se estaba haciendo en toda la Cristiandad hispana, si bien
parte de ellos decidieron resistir y seguir apegados a la regla
de San Fructuoso, llegando a convivir dos grupos de monjes con
su respectivo y propio abad. Siglo y medio después, la
antigua iglesia prerrománica fue sustituida por la actual
de estilo románico muy tardío.

Durante la Baja Edad Media este monasterio vivió
una época de decadencia hasta que en el siglo XVI entró
a formar parte de la Congregación de Valladolid y, con
ello, gozó de un periodo de revitalización que llegaría
a su plenitud en el siglo XVIII, momento en que se acometen nuevas
construcciones como el claustro y la fachada principal de la iglesia.

Sin embargo, el siglo XIX será el de la decadencia
definitiva como consecuencia de la Guerra de Independencia y,
sobre todo, la exclaustración de Mendizábal que
lo abocó a la ruina. En 1842 sufrió un grave incendió
que arruinó las dependencias monásticas.

En las últimas décadas ha gozado de
un importante proyecto de restauración que ha permitido
salvar y poner en valor todo aquello que no se había arruinado
por completo.
.Arquitectura
El restaurado monasterio de San Pedro de Montes es
un conjunto de trazado irregular formado por variadas edificaciones
donde destaca sobremanera la iglesia abacial. También cuenta
con dos claustros (al sur y al este del templo) más una
serie de estancias de función poco precisa y que han llegado
a nosotros en estado muy precario, También cuenta con la
cocina y el sótano de lo que, en otros tiempos, fue bodega.

La iglesia es básicamente tardorrománica
de la primera mitad del siglo XIII, aunque su fachada es clasicista,
del siglo XVIII.

Tiene tres naves, transepto que no sobresale en planta
y cabecera triabsidal. Los arcos formeros son apuntados y caen
sobre grandes pilares cilíndricos con ábaco que
pudieran ser fruto de un reforzamiento del siglo XVIII. Las bóvedas
de las naves son de medio cañón bastante achaparrado
con arcos fajones.

La cabecera está formada por los habituales
presbiterios y ábsides de planta semicircular. El presbiterio
está abovedado con medio cañón mientras que
la bóveda de cuarto de esfera del ábside central
tiene arcos meridianos coincidentes en la clave, como sucede con
cierta frecuencia en el románico tardío.

El arco triunfal que comunica este ábside
principal con el cuerpo de naves de la iglesia es de triple rosca
un tanto irregular. Los capiteles de este arco triunfal son vegetales
con hojas carnosas y elegantes.

Lamentablemente, el exterior de la cabecera no se
puede ver desde el exterior al haberse adosado dependencias modernas.

La iglesia tuvo varias puertas. De época románica
se conserva la de comunicación de la nave meridional con
el claustro. Tiene arquivolta de baquetón, guardapolvos
y dos columnas con cestas también vegetales.

También es interesante la torre campanario
que está dividida en varios cuerpos. A mediana altura existe
un ajimez y encima un cuerpo de campanas en cuyas cuatro caras
hay dos troneras. En general esta torre o, al menos la parte superior
de ella, es románica pero pudieron aprovecharse columnas
prerrománicas de la construcción del siglo X.

Junto a la antigua entrada del claustro se conserva
una importantísima lápida grabada en caracteres
mozárabes (puede ser del siglo X o a lo sumo del XI) relatando
la historia del edificio. Dice así: