La localización del monasterio
San Saturnino de Tavérnolas, en catalán
Sadurní de Tavèrnoles o Sant Serni de Tavèrnoles
es un monasterio románico situado en la localidad de
Anserall (en Valls de Valira), una pequeña población
de menos de cien habitantes ubicada en el Alto Urgel, en la
provincia de Lleida, en la margen derecha del río Valira.
El monasterio se ubica a unos 300 m. hacia el norte cruzando
el río Valira a su paso por la localidad. Actualmente
las dependencias monásticas están en prácticamente
en ruinas, pero fue un importante centro monástico hasta
el siglo XIV.
El
patronímico actual, Sant Serni, deriva de algunas palabras
de origen occitano, tales como Sernin, Cernin, o Fermin. La
primera vez que aparece documentado el nombre completo del monasterio
(Sant Sadurní de Tavèrnoles) de forma continuada
es hacia el año 1259, si bien ya se cita esta denominación,
aunque de manera esporádica, en el acta de consagración
del año 1040 (Tavèrnoles) y en otro documento
fechado el 6 de junio de 970.
Los orígenes del centro monástico
El Monasterio de Sant Serni de Tavèrnoles
es un cenobio de origen visigótico de fundación
episcopal. Los orígenes del monasterio no están
muy claros y su fundación es confusa, pero la tradición
más antigua dice que San Eudaldo, un personaje legendario
y sin base histórica fiable, fundó el monasterio,
trayendo las reliquias de San Saturnino, a quien se consagra
el complejo, no pudiendo precisar la fecha exacta de la fundación.
Por otra parte, según la leyenda, en algún momento
del siglo VI d.C., el duque Leunebaldo de Tolosa mandó
construir sobre su tumba un templo dedicado a Saint-Sernin-du-Tour.
Se cree que el topónimo Tavèrnoles deriva de tabernulae
o tabernula lo que lleva a pensar que sería un lugar
en el que se realizaría algún tipo de hospedaje,
servicio de postas para la sustitución de caballerías
y otros servicios a los viajeros. Es decir, se trataba posiblemente
de un lugar estratégico en el paso del camino real que
comunicaba los valles de Andorra con la llanura de la Seo de
Urgell. También sería un núcleo principal
de hospedaje de los peregrinos que discurrían por el
camino andorrano de Santiago de Compostela.
En el siglo VIII d.C., El cenobio está administrado
por el abad Félix, que consiguió ser obispo de
Urgell, pero que fue obligado a abdicar por defender el adopcionismo,
considerado herejía por la Iglesia. De manera general,
se considera que el monasterio existía en época
visigótica, manteniendo el culto durante el periodo islámico.
El monasterio estuvo vinculado a la diócesis de Urgell.
Durante este primer periodo (siglo VIII-IX) es posible que se
siguiese la tradición visigótica, estando la comunidad
gobernada por algún tipo de pacto monástico fijado
entre los monjes y el abad.
El edificio. Características
De la primera época del monasterio sólo
queda actualmente en pie la gran cabecera de la iglesia. De
ábside orientado hacia el oeste, también se conserva
del templo el transepto, rematado por unos absidiolos. Sabemos
que el templo original constaba de tres naves, si bien éstas
no se han conservado en su totalidad y sólo podemos sólo
quedan en pie algunos vestigios de muros con restos de arcos.
A día de hoy, quedan restos también de parte del
campanario primitivo de planta circular.
Por tanto, en origen estaríamos ante una
iglesia de planta basilical de tres naves orientada al oeste
que contaría con un transepto, tres ábsides (uno
en la cabecera y otros dos más en cada brazo del crucero)
y tres absidiolos en el ábside central. La nave central
habría estado cubierta con bóveda de cañón
y las laterales con bóveda de cuarto de círculo.
Algunos investigadores indican que, de manera general, el edificio
sigue las directrices de la arquitectura lombarda, pero con
un planteamiento tecnológico y constructivo del siglo
XI d.C.
Del claustro, que se ubicaría en la parte
sur del monasterio, no se conserva ningún vestigio, pero
sabemos que era gemelo del de la Catedral de Santa María
de Urgell. En el claustro de esta última, los numerosos
arcos reposan cada uno sobre una única columna cilíndrica
que se apoyan sobre un podio corrido, una de las características
más particulares de los claustros románicos catalanes.
La historia del monasterio. Del esplendor del
siglo X al ocaso en el XV
Sabemos que el monasterio de San Saturnino fue
incorporado a la regla de San Benito en 835. En su momento de
máximo esplendor, hacia el siglo XI d.C., las posesiones
del monasterio se extendían desde el Berguedà
hasta Andorra, pasando por el Pallars Jussà y la Cerdanya,
contando también con propiedades en Castilla y en Aragón.
A mediados del siglo XI d.C., los obispos Eribaldo de Urgell
y Arnulfo de Ribagorza consagraron una nueva iglesia en honor
a la Virgen y a los santos Miguel y Sadurní. En ese momento
su abad era Guillermo, acudiendo a la ceremonia de consagración
numerosas personalidades de la época, tanto nobles como
del ámbito eclesiástico. En 1099 el papa Urbano
II concedió al monasterio una bula de inmunidad, extendiéndose
el esplendor de Sant Sadurní hasta el siglo XIII d.C.
Durante este periodo, el monasterio sufrirá
diversas fases de expansión. A inicios de la décima
centuria, tenemos documentada la unión de varios monasterios
e iglesias a sus dominios, destacando los de San Vicente de
Isona, San Martín de Albet, San Martín de Bescaran,
San Esteban de Umfret, San Sadurní Aganense, San Jaime
de Engordany o San Andrés de Castellbò. Su incorporación
permitió contar con diezmos y primicias, parroquias y
villas subyacentes. La pujanza del monasterio queda en evidencia
con la construcción de una segunda iglesia en la abadía
en el siglo XI d.C. Además, la acción evangelizadora
y repobladora de los monjes pertenecientes a Sant Sadurní
de Tavèrnoles y la influencia que tuvieron en los territorios
del condado de Urgell queda de manifiesto en los patrones de
muchas de las iglesias próximas como Sant Serní,
Suterranya o Gavarra. A finales del siglo XI d.C., el papa Urbano
II concede a la abadía una bula de inmunidad.
A partir de inicios de la centuria siguiente, durante
el siglo XIV d.C., El monasterio iniciará un proceso
de decadencia, tanto económica como monacal. Este ocaso
se debió a múltiples factores. En primer lugar,
se produjo un cambio de capitalidad del condado de Urgell a
Balaguer.
Por otro lado, perdió un gran número
de benefactores con la pérdida de los condes de Urgell
al morir Ermengol en 1208 o de los vizcondes de Castellbó.
Además, el aislamiento geográfico del monasterio,
que fue muy beneficioso para su desarrollo en los primeros momentos,
se volvió en su contra durante este periodo de declive.
A estos factores se unen, además, epidemias, guerras
y bandolerismo, así como la Peste Negra, que tuvo efectos
devastadores a mediados del siglo XIV d.C. Por si fuera poco,
a finales del siglo XIV d.C. tenemos constancia de que un terremoto
sacudió los valles aledaños al monasterio, produciendo
posiblemente daños en el campanario del cenobio.
Aunque su último abad fue Onofre Ferrer,
fallecido en el año 1584, el monasterio siguió
activo sin la figura del abad con una reducida congregación
de dos monjes. Se anunciaba el ocaso de la abadía. El
final del monasterio se produce en 1592, cuando fue suprimido
por el Papa Clemente VIII. A partir de dicha fecha el complejo
pasó a formar parte de la parroquia de Anserall. Esto
conllevó el abandono y la ruina del monasterio durante
más de dos siglos. Muchas piezas, como capiteles, fueron
vendidas a compradores norteamericanos y otras se conservan
en varios museos catalanes. Así, en el Museo Nacional
de Arte de Cataluña se guardan capiteles, un baldaquino
y un altar datado a mediados del siglo XII en el que aparecen
representados nueve obispos; en la catedral de la Seo de Urgell
se conservan algunos documentos del monasterio como el cartulario
de la abadía.
Piezas relevantes expuestas en el MNAC: el
altar y el baldaquino
El altar
Sin duda una de las piezas más significativas
del monasterio es el altar (Ref. 015786-CJT del catálogo
del Museo), conservado actualmente en el Museo Nacional de Arte
de Cataluña. Se compone de tres partes: frontal y dos
laterales. La primera de ellas fue adquirida por el museo en
el año 1907, mientras que los laterales se adquirieron
en 1956 de la colección Muntadas. Datado en la segunda
mitad del siglo XII, estaría ubicado en origen en la
antigua iglesia abacial benedictina de Sant Serni de Tavèrnoles.
Se trata de un temple sobre tabla. En el frontal
del altar están representados nueve obispos, siendo probablemente
el central Sant Serni, un mártir de la ciudad de Toulouse.
Los obispos de los laterales están identificados mediante
inscripciones, por lo que sabemos que se trata de Martín
y Bricio. El altar de Tavèrnoles es sin duda una de las
obras pictóricas más importantes del arte románico
catalán, no solo por su ejecución técnica
sino también por la particularidad del contenido iconográfico
que presenta y su composición. En una sola escena se
muestra a los obispos santificados, todos con nimbos y báculo
y un libro en las manos.
El altar se expone actualmente en la sección
del románico en el Museo Nacional de Arte de Cataluña
dentro de la reconstrucción realizada del ábside
de la Seo de Urgel, ya que se considera que esta obra perteneció
posiblemente al mismo taller o quizás incluso al mismo
autor. Ocupa, por tanto, un emplazamiento privilegiado en la
exposición del museo. Este tipo de piezas eclesiásticas
tienen documentado su uso ya en las iglesias paleocristianas
al menos desde el siglo IV y su evolución desembocará
en los retablos de la Baja Edad Media. Entre los siglos X y
XIII, estos objetos se realizaron principalmente en plata y
cobre esmaltado, contando con información proveniente
principalmente de los documentos de donaciones en los que se
describen y de algunas piezas que han llegado hasta nosotros.
También tendrán su espacio los realizados en madera
pintada o en relieve y que encontramos principalmente en el
Románico catalán, del que es uno de los mejores
ejemplos el altar de San Serní de Tavèrnoles.
El baldaquino
Otra de las obras más relevantes es el baldaquino,
también conservado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña
(ref. 024060-000 del catálogo del Museo). La pieza se
conserva casi completa, salvo las vigas que fueron recortadas.
Esto permite conocer cómo era la estructura original
de un baldaquino de tipo plafón. Su adquisición
se realizó en el año 1906 y está datada
a mediados del siglo XIII. La pieza está decorada en
temple sobre madera, así como relieves estuco. Además,
presenta restos de hoja metálica corlada sobre tabla
entelada.
La tabla pintada está decorada con una representación
de Cristo en Majestad entronizado e inserto en una mandorla
circular, que bendice con la mano derecha y lleva el Libro de
la Vida en su izquierda con el texto del Evangelio de San Juan: