Introducción
La ermita de Santa María de Zamartze se
encuentra en las afuera de Huarte-Araquil, una pequeña
localidad a unos 30 km. de Pamplona, regada por las aguas del
río homónimo. El edificio se encuentra en una
ladera situada a los pies del monte Artxueta, cerca de la iglesia
de San Miguel.
El conjunto está integrado por una casa
de retiro espiritual construida en época moderna, y una
pequeña ermita románica, que constituye el edificio
más interesante del conjunto, y cuya construcción
debió acometerse en torno al año 1140. El monasterio
de Zamartze no se vio afectado por los procesos desamortizadores
del siglo XIX y nunca ha perdido su función religiosa,
por lo que se encuentra excepcionalmente bien conservado. En
el año 1983 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.

Los
orígenes del monasterio de Zamartze
La ermita se sitúa en un emplazamiento ocupado
desde antiguo, como demuestra el yacimiento romano de Aracaeli,
que se ha encontrado en las excavaciones realizadas con motivo
de su restauración, entre los años 2002 y 2005,
y que consolidaron el edificio medieval. Entre el 2010 y el
2016 se realizaron nuevas excavaciones, que han sacaron a la
luz varios enterramientos medievales, y los restos de la calzada
romana que unía Burdeos con Astorga. También se
han encontrado varios fragmentos de conchas de peregrinos, y
numerosos objetos de los siglos XVIII y XIX.

Durante la Edad Media son numerosas las noticias
que demuestran que en este lugar ya había un importante
centro de espiritualidad. La primera referencia documental es
del año 1031, cuando Sancho Garcés III (1004-1035)
intervino en un diploma testificando que Zamartze siempre había
pertenecido al obispado de Pamplona, y por tanto debía
mantenerse al margen de la autoridad señorial. Con anterioridad
a este documento se menciona en un diploma del año 1007,
pero su originalidad se ha puesto en duda. En cualquier caso,
de la lectura de estos documentos se desprende que la fundación
existía desde tiempo atrás.

Este edificio, del que se no se ha conservado ningún
resto, fue sustituido por la fábrica actual, hacia el
año 1140. El profesor Javier Martínez de Aguirre
ha atribuido la construcción de Zamartze al mismo equipo
de canteros que trabajó en la capilla interior de San
Miguel de Aralar, que en el siglo XII dependía del primero,
y lo ha relacionado con la primitiva catedral románica
de Pamplona (posiblemente un taller más tardío
pero vinculado al de Las Platerías).

A partir de la segunda mitad del siglo XII y a
lo largo de la siguiente centuria, ya son numerosas las referencias
documentales que evidencian que en Zamartze existía un
importante centro religioso, que seguramente se consolidó
gracias al camino de Santiago.

El exterior
El edificio, en el exterior, es austero. La decoración
se concentra en la portada de acceso, en los canecillos de la
cornisa, los capiteles de las ventanas, y las líneas
de imposta.

La portada se sitúa en el muro meridional,
enmarcada entre dos contrafuertes. Consta de un arco de medio
punto sin tímpano, rodeado de cuatro arquivoltas, que
se encuentran separadas mediante unas franjas con hermosas tallas,
en donde pueden verse, partiendo desde el interior, rosetas,
motivos geométricos, decoración vegetal, y tres
hileras de billetes.

Las arquivoltas apoyan en columnas con capiteles,
con cimacios que tienen representados roleos vegetales. En los
capiteles hay representadas dos cabezas de animales y motivos
vegetales.

Los muros estás construidos con sillería,
y se refuerzan con gruesos contrafuertes. En el muro meridional
hay una pequeña ventana saetera en el anteábside,
y en la cornisa superior se han conservado algunos canecillos
decorados con cabezas humanas y figuras animales.

El ábside se divide verticalmente en tres
paños mediante dos contrafuertes de pequeño tamaño,
y horizontalmente en tres niveles, separados por dos impostas
que lo recorren en todo su perímetro. La inferior es
una moldura sencilla, y la superior presenta decoración
de ajedrezado. Entre los contrafuertes se sitúan las
ventanas, con arcos de medio punto que apoyan en columnas, con
capiteles decorados con formas vegetales.

El interior
El edificio tiene una única nave dividida
en tres tramos, con un anteábside que remata en un ábside
semicircular. Se cubre con una estructura de hormigón
pintado de color marrón en el interior y blanco en el
exterior, que se añadió en la última restauración,
en sustitución de una techumbre de madera.

En el muro de los pies puede verse la puerta que
originariamente comunicaba con las dependencias monásticas,
que estaba formado por un arco de medio punto. Por encima hay
una ventana cuya hechura puede ser medieval, aunque se encuentra
muy modificada.

Los muros de la nave son lisos y no presentan decoración
alguna. En ninguno de los dos muros había originariamente
ventanas, aunque en el lienzo sur se abrieron con posterioridad
algunos vanos. Junto a la portada, y en el extremo contrario,
coincidiendo con los contrafuertes exteriores, hay unas ménsulas
sobre las que se apoyaba una viga de la techumbre de madera
que fue sustituida en la última restauración del
edificio. A los pies, coincidiendo también con los contrafuertes,
hay unas pilastras sobre las que se apoya un coro alto construido
en época moderna.
El anteábside se separa de la nave por medio
de dos pilastras con medias columnas adosadas, y se encuentra
ligeramente retranqueado. En el muro meridional se abre una
estrecha ventana saetera, con amplio abocinamiento hacia el
interior, enmarcado por columnas, que se corresponde con un
arco ciego en el lienzo contrario.

El ábside tiene un ritmo dinámico
que se crea alternando arcos apuntados ciegos, con función
decorativa, y arcos de medio punto que en principio iban a destinarse
como ventanas, aunque sólo el situado en el lado meridional
se encuentra abierto. Estos arcos arrancan de una moldura que
recorre todo el perímetro del ábside.

Visita
Además de la belleza del entorno serrano
y las buenas hechuras del templo románico, uno de los
alicientes de la visita al santuario de Zamartze es que lo enseña
la monja Guadalupe, que se desvive en amabilidades por contar
detalladamente a los turistas la historia del lugar, del templo
e, incluso, muestra las colecciones de un museito anexo que
se ha ido creando con hallazgos que van desde época romana
hasta la actualidad.
