Guía del Monasterio de Sant Pere de Rodes,
Girona
Introducción
El
monasterio de Sant Pere de Rodes se levanta en la falda de la
montaña Verdera de la Serranía de Roda, dominando
toda la bahía de Llansá al norte del Cabo de Creus,
en la comarca del Alt Empordá (Gerona).
Sus orígenes probablemente se remontan
al siglo VI, pues se tiene constancia arqueológica de la
existencia de un edificio tardoantiguo en el mismo emplazamiento,
aunque su función no está del todo clara.

La primera mención documental del propio
monasterio aparece a fines del siglo IX, en referencia a un modesto
consagrada a San Pedro que se disputaban las abadías de
Sant Esteve de Banyoles y Sant Policarp de Rasès.

En el siglo X, Sant Pere de Rodes capta la
atención del noble Tasi y del conde Gausfred d'Empuries,
de quienes recibe grandes donaciones económicas y de terrenos.
En esta época también conseguirá privilegios
reales y papales, como el que lo convierte en abadía en
el 944. Durante finales del siglo X y el siguiente (XI), se construye
la iglesia, el claustro inferior y las principales dependencias
monásticas y se convierte en un importante centro de peregrinación.

El monasterio se consolida como uno de los
principales centros de poder espiritual, económico y político
en los siglos XII y XIII. En este momento se realizan significativas
obras de ampliación y se encargan piezas de gran valor
artístico acordes a su posición, como la portada
del maestro de Cabestany del atrio, de la que sabemos que estaría
realizada en finísimo mármol blanco y decorada con
escenas de la vida de Cristo. Por desgracia fue expoliada en el
siglo XIX y solo han llegado pequeños fragmentos hasta
nosotros, que se encuentran muy repartidos entre diversos museos
del mundo. También en esas fechas se construirá
el claustro superior de estilo románico.

En el siglo XIV encontramos los primeros indicios
de decadencia, debida a los conflictos bélicos y epidemias
que asolaron L'Empordá, así como a la crisis del
sistema feudal y de la propia orden benedictina. Estos problemas
aumentaron en los siglos XV y XVI, cuando las guerras y los saqueos
constantes, así como la progresiva laxitud de la vida religiosa
afectaron directamente al monasterio.

Los siglos XVII y XVIII traen consigo una breve
etapa de esplendor asociada al cultivo de viñedos en Cataluña.
En los alrededores de Sant Pere de Rodes se construyen terrazas
e infraestructuras vinícolas que impulsan económicamente
al monasterio.
Sin embargo, los sucesivos ataques de las tropas
francesas, bandoleros y piratas que acceden a Sant Pere de Rodes
desde la cercana costa mediterránea, hacen que en 1798,
los monjes abandonen el monasterio y se instalen en Vilasacra
y años más tarde Figueres. Este suceso fue crítico
para la conservación arquitectónica y artística
del cenobio, pues al desaparecer los monjes, sufrió todo
tipo de expolios durante el siglo XIX y, aún, a comienzos
del XX.

La comunidad benedictina se extingue definitivamente
tras la desamortización de 1835. A finales del siglo XIX
el monasterio sucumbe ante los expolios y finalmente se derrumba
parte de sus estructuras.
En 1930 el monasterio de Sant Pere de Rodes
es declarado Monumento Histórico Artístico Nacional
y se inicia un ambicioso proyecto de restauración así
como sucesivas campañas de excavación arqueológica
que se prolongarán hasta el año 1999. Durante una
de estas se descubre, escondido en un muro de la cripta, un curioso
maletín enviado por el Papa Gregorio Magno en el año
610 desde la basílica de San Pedro de Roma que contenía
las reliquias de San Pedro Apóstol, con el fin de protegerlas
frente a las invasiones que asolaban la ciudad italiana en aquella
época.
En la actualidad, Sant Pere de Rodes es uno
de los monumentos más visitados de España.

Arquitectura
Se trata de un conjunto monástico de
grandes dimensiones cuyo templo y estancias fue construido inteligentemente
sobre terrazas para salvar el desnivel de la montaña.
Este complejo está formado por la iglesia con su cripta,
los claustros inferior y superior y las diversas dependencias
monásticas a su alrededor.
Fue levantado al cobijo del castillo roquero
de Sant Salvador (s. XI-XIII), propiedad de los Condes de Ampurias,
que le ofreció protección y dotación económica.
Al norte del mismo se ubica el poblado medieval
de Santa Creu de Rodes, del que destaca la ermita de Santa Helena,
un pequeño templo de origen prerrománico (aunque
severamente reconstruido en épocas posteriores) de tres
naves y cabecera trapezoidal, con una torre troncopiramidal adosada
al ábside de la que sale un campanario en espadaña.

Iglesia y dependencias monacales
El Monasterio de Sant Pere de Rodes está
situada en un lugar muy apartado, gracias a lo cual su iglesia
se ha conservado es un estado bastante próximo al original.

La datación de dicha iglesia todavía
es un tema de debate entre los estudiosos debido a la escasez
de documentación y a las múltiples intervenciones
que ha sufrido el conjunto a lo largo de distintas épocas.
Tomando como referencia el año de 1022, la única
fecha de consagración registrada, podemos suponer que su
construcción se iniciaría a finales del siglo X.
La cabecera estaría terminada en la citada fecha, pero
el cuerpo de naves tardaría varias décadas más
en terminarse, situando la finalización de las obras las
últimas décadas del siglo XI.
Una vez que se entra por el edificio de acceso
que cumple las funciones de taquilla y donde se ubicaría
la portería se accede a un espacio abierto donde existen
unas escaleras que conducen a la bodega, en el subsuelo.
Para alcanzar el interior del templo monástico
hay que entrar en el nártex o atrio, que es una anteiglesia
habitual en las grandes construcciones altomedievales y cuya función
era variada.

Podía servir -como en nuestro caso-
de lugar de enterramiento, realización de procesiones,
etc. En el caso del nártex de Sant Pere de Rodes, se trata
de un espacio rectangular irregular abovedado con medio cañón
algo apuntado.
Desde este nártex se penetraba a la
iglesia por una portada quizás de mitad del siglo XII (aunque
perece que existieron otras puertas anteriores) de carácter
monumental atribuible al taller del Maestro Cabestany, por algunos
restos que se han conservado y se exponen en el Museo Marés
de Barcelona. Precisamente aquí se han colocado fieles
reproducciones de dos de esos relieves del Maestro de Cabestany
tallados en mármol blanco como era su costumbre.

En uno aparece Cristo en el mar, junto con
numerosos peces frente a una barca con dos apóstoles. Puede
tratarse del pasaje descrito por el Evangelio de San Mateo en
el que Cristo se aparece a los discípulos caminando sobre
el mar tras el milagro de la multiplicación de los panes
y los peces y San Pedro intenta caminar hacia él. O bien
pudiera ser el encuentro de Jesús resucitado con San Pedro
y San Juan Evangelista. En el relieve Cristo porta un libro con
la inscripción: "PAX VOBIS". También hay
otra inscripción en el extremo superior que indica:
También hay otro relieve con un Cordero
Místico que porta la cruz con una de sus patas delanteras
y también una inscripción identificativa.

La iglesia está construida sobre terrazas
para salvar la pendiente de la montaña y tiene planta de
cruz latina distribuida en tres naves de cinco tramos, transepto
y cabecera compleja de la que luego nos ocuparemos.
La nave central es espléndida y de grandes
dimensiones, alcanzando los 16 metros de altura. Su bóveda
de cañón con arcos fajones se sostiene sobre un
imponente sistema de pilares y columnas que crean un espectacular
juego columnario cuyos capiteles son básicamente de dos
tipos: los que tienen decoración de entrelazos y los que
imitan los capiteles corintios grecorromanos.

Las naves laterales son muy estrechas y sus
bóvedas de cuarto de cañón actúan
como contrafuertes de la bóveda de la nave central. Dichas
naves desembocan directamente en la girola del ábside principal.

La cabecera está formada por tres ábsides
de planta semicircular, los laterales dedicados a los apóstoles
Pablo y Andrés y el central a San Pedro. Precisamente este
último tiene una disposición compleja, con girola
de dos plantas, cripta y cámara de reliquias, por donde
deambulaban los fieles que acudían en peregrinación.

La cripta, construida para salvar el desnivel
del terreno, estaba decorada con pinturas murales de personajes
nimbados y alberga un arcosolio fúnebre que acoge los enterramientos
de Tasi, el promotor del monasterio, y de su hijo Hildesind, primer
abad del mismo.
En el brazo norte del transepto se construyó
en el siglo XI una torre inicialmente pensada como campanario
junto con otra torre gemela construida en el lado opuesto, hoy
desaparecida.
Cuando se erige el campanario como tal, estas
torres pierden su función y se reconvierten en capillas
de uso privado para los monjes, entre las que destaca la de Sant
Miquel.
Adosada encontraremos la sacristía,
un enorme edificio del siglo XVIII de planta rectangular y coronado
con merletes. Sabemos que está construido sobre un edificio
medieval que funcionaba como archivo y biblioteca, pues conserva
la fachada original.
Claustros inferior y superior
El Monasterio de Sant Pere de Rodes tuvo secuencialmente
dos claustros, conocidos como inferior y superior. El claustro
primitivo o inferior es obra de los siglos X y XI con planta trapezoidal
con cuatro pandas abiertas al patio central mediante grandes arcos
que se convierten en pilares sin solución de continuidad.

Fue parcialmente destruido para construir una
cisterna, y será definitivamente soterrado en el siglo
XII para elevar el claustro superior de un románico más
avanzado y elegante. No obstante el citado claustro inferior fue
posiblemente el primero en construirse en España. Pos fortuna
fue descubierto durante excavaciones arqueológicas en el
año 1989.

El claustro superior del siglo XII pudo erigirse
como consecuencia del crecimiento y prosperidad del monasterio.
Constaba de galería de arcos de medio punto sobre columnas
pareadas muy separadas entre sí, como sucede en otros claustro
románicos de Cataluña.

Lamentablemente, en la actualidad está
muy reconstruido, siguiendo las intervenciones realizadas entre
1973-1997. Aún así, se pueden contemplar in situ
algunos capiteles, uno de los cuales es bastante famoso porque
representa a un grupo de monjes de la abadía.

Otro capitel del claustro muestra a la Virgen
María y al Niño en presencia de San José.

En el lado levante del claustro superior se
encuentra la sala capitular, desde donde el abad administraba
los asuntos importantes para la comunidad. Se accedería
a ella a través de una puerta central abierta en el muro,
y compartiría el espacio con otras dependencias monacales
como el dormitorio, que se encontraría en el piso superior.
En el lado sur del claustro, a través
de una puerta adintelada y presidida por un óculo, se abre
el refectorio o comedor comunitario. Se trata de una sala cubierta
por una bóveda apuntada y tenuemente iluminada por ventanas
de vertiente interior.

Actualmente, esta estancia también se
emplea como lapidario donde se exponen capiteles románicos
que se han ido recuperando del monasterio. Algunos son especialmente
notables por su calidad.

En este mismo lugar se ubicaba la cocina y
la despensa, donde a su vez se excavaron dos estructuras subterráneas:
una nevera y un depósito de agua que se llenaba a través
de una acequia conectada directamente con los huertos y el lavatorio.
En estos huertos, levantados en formas de terrazas artificiales
y contenidos entre contrafuertes, los monjes cultivaban vegetales
comestibles y plantas medicinales.
En las inmediaciones de este conjunto se construyó
en el siglo XVII-XVIII una bodega, en pleno auge del cultivo vitícola.
Se trata de un edificio abovedado de tres plantas, las dos superiores
destinadas a almacenaje y vivienda de payeses.
Importantísimo en el contexto de cualquier
monasterio benedictino es su hospital. Construido a finales del
siglo X para hospedar y acoger a los peregrinos que acudían
a los jubileos de la Santa Cruz (celebrados hasta 1697), se trata
de un sencillo edificio rectangular de dos pisos cuyos muros fueron
realizados en opus spicatum.
Otras dependencias
El monasterio de Sant Pere de Rodes posee un
complejo entramado constructivo, resultado de las distintas etapas
constructivas. Mientras que las dependencias monacales fueron
construidas, en su mayoría, durante los siglos XI y XII,
en el siglo XIII y posteriores se levantan los elementos defensivos
y áulicos, coincidiendo con la progresiva laicización
de la sociedad.

Precisamente de esta época es la torre
de defensa, muy necesaria, pues como comentamos anteriormente,
Sant Pere fue asediado constantemente por corsarios y bandidos
dada su posición frente al Cabo de Creus. La torre en sí,
que mide 27 metros de altura, carece de puerta en la planta baja,
accediéndose a ella a través de las aperturas en
el primer piso. En el interior, la comunicación entre las
tres plantas se hacía a través de trampillas. En
la parte superior del inmueble se conservan los matacanes, que
sujetaban una balconada de madera desde donde los asediados podían
protegerse y controlar la zona con total seguridad cuando el monasterio
era saqueado.
Siguiendo las mismas pautas técnicas
se construyó el campanario, también de planta rectangular
y de tres pisos. Los dos primeros tienen sencillas ventanas de
medio punto, mientras que en el tercero observamos la característica
decoración lombarda de los monasterios catalanes plenomedievales.

Desde el campanario podemos acceder al deambulatorio
superior de la iglesia, que sigue el mismo trazado que el inferior
pero circunda la parte alta del ábside principal. Este
espacio es uno de los pocos que conservan la policromía
original, y da paso a pequeñas cámaras que funcionarían
como capillas altas o sacristías.
En el siglo XV se construye el palacio del
Abad, residencia del rector del monasterio. Del antiguo palacio
sólo queda en pie la fachada, decorada con una sencilla
ventana geminada y merletes defensivos en la parte superior. Durante
las excavaciones de 1989 apareció un importantísimo
tesoro numismático de 658 monedas de oro y plata de los
siglos XIV y XV que hoy se conserva en el Museo Nacional de Arte
de Cataluña.
El último añadido al monasterio
se realizó en el siglo XVII, con la construcción
en el sobreclaustro de las casas privadas de los monjes. A pesar
de que los benedictinos no son monjes de clausura, sí están
obligados a la vida en comunidad. Estas pequeñas viviendas,
de las que quedan los vestigios de sus balcones y chimeneas, evidencian
el proceso de secularización que vivió Sant Pere
desde finales de la Edad Media.
Conclusión
El monasterio de Sant Pere de Rodes constituye
uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura medieval
catalana. Se han generado distintas hipótesis para esta
peculiar estructura. Algunos autores creen que sufrió la
influencia de algún edificio romano cercano, pero hoy día
desaparecido. Para otros, Sant Pere de Rodes es un eslabón
intermedio entre la arquitectura románica propiamente dicha
y la carolingia-otoniana (del que quedan pocos edificios representantes)
que hundía sus raíces en el mudo romano.

Posteriormente, Sant Pere de Rodes se convertirá
en un referente de las corrientes autóctonas del siglo
XI, tendencias que también seguirán otros edificios
emblemáticos del Empordà y del Rossellò como
Sant Miquel de Fluvià o Sant Andreu de Sureda (actualmente
en Francia), diferenciándose plenamente de la tan extendida
arquitectura lombarda que caracteriza a Cataluña.
