Guía de la iglesia de Caballar, Segovia
Introducción
Caballar
es un pueblo segoviano que no dista mucho de la Sierra de Guadarrama
por lo que su altura sobre el nivel del mar es nada menos que
de 1.030 metros.
Administrativamente se integra en la Comarca
de Tierras de Segovia, en la zona centro que es un territorio
protagonizados por los ríos Pirón y Cega.
En la actualidad, Caballar cuenta sólo
con unos setenta vecinos censados.

En Caballar nacieron y murieron martirizados
los hermanos de San Frutos, San Valentín y Santa Engracia
en el siglo VIII d.C. Todavía se guardan sus calaveras
en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
En época de sequía, las reliquias se sumergen en
agua santa para atraer las lluvias, en uno de los ritos religiosos
más curiosos de Castilla: Las Mojadas de Caballar.

Los restos de estos santos no pueden descansar
mejor que en esta estupenda iglesia románica, hito importante
en el repertorio de la arquitectura medieval de la provincia de
Segovia, sobre todo después de su restauración.
Este templo parroquial preside la población
recostada en una empinada ladera con un acusado desnivel entre
la cabecera -que parece hundida en el monte y sólo se puede
observar desde lo alto de la colina- y el imafronte que, por contra,
ofrece una estampa monumental por su gran altura.

Arquitectura
La iglesia de la Virgen de la Asunción
de Caballar, como es norma en el románico rural español
tenía originalmente una nave rectangular unida a una cabecera
con presbiterio rectangular y ábside semicircular. Pero
además, como buen ejemplo del románico segoviano,
tiene una buena torre campanario del estilo y contó con
la característica galería porticada que fue luego
cegada y transformada -como tantas otras- aunque se conservan
importantes indicios.

Exterior
El ábside semicilíndrico esta construido
con buena sillería caliza de tono amarillento y se articula
verticalmente mediante dos columnas entregas sin capiteles, por
lo que el fuste llega directamente al alero. Tiene tres aspilleras
de iluminación rodeadas de columnillas y arquivoltas (ventanales
de tipo portada) pero desgraciadamente han sido pedidos (o quizás
expoliados) algunos de los fustes de las columnas.

Al interior de la iglesia se accedía
por dos puertas. La principal está situada en el muro septentrional,
en lo alto de una escalinata, mientras que una secundaria comunicaba
lo que fue la galería porticada con el templo.

La puerta septentrional es bastante
sencilla y de canon muy vertical. El arimez se alteró en
época moderna añadiendo un frontón triangular
encima con una hornacina y bolas decorativas, lo que supuso la
eliminación de los canecillos del tejaroz. Está
compuesta por tres arquivoltas en secuencia: plana, de baquetón
y plana. La fina chambrana lleva un taqueado de tres filas de
tacos. Las arquivoltas planas llevan decoración a bajorrelieves
de vegetales geometrizados formando ovas.

Los apoyos son las jambas y una
pareja de columnas. El capitel de una de ellas, curiosamente,
es cúbico y en sus dos caras vistas fueron esculpidas una
especie de rueda solar y una flor hexapétala. El otro,
aunque desgastado, muestra con claridad una pareja de leones.

La puerta meridional, solo visible desde el interior
porque comunica el templo con el espacio derivado del cegamiento
del pórtico, es de estructura similar a la del norte pero
tiene mejor escultura, tanto en los vegetales de una de las arquivoltas
como en los capiteles que muestran leones y grifos.

La torre campanario se levanta adosada al muro meridional
del presbiterio de la cabecera, ofreciendo evidentes similitudes
con el campanario de la vecina iglesia de San Cristóbal
de La Cuesta. Tiene la particularidad de que las tres primeras
partes del cuerpo son lisos, sin aberturas y construidas con calicanto.
El cuarto espacio, el superior, es el cuerpo de campanas que ahora
muestra una cuidada sillería caliza. En cada cara de este
cuerpo de campanas hay una tronera que tiene forma de portada,
con su elegante conformación de tres arquivoltas (dos lisas
y una de baquetón) más chambrana, apoyadas sobre
jambas y dos columnas de capiteles vegetales. Sus cimacios abocelados
se impostan en una cenefa que rodea todo el cuerpo superior. Sosteniendo
el alero de la cornisa se mantienen los originales canecillos
de perfil de nacela.

La galería porticada de la iglesia
de Caballar se construyó adosada al costado meridional.
Luego fue cegada, transformada y elevada, reutilizando los canecillos
originales. Exteriormente, lo mejor que queda es una pareja de
arcos sobre columnas en su frente occidental. No obstante, desde
el interior de la iglesia y mirando con cuidado el muro meridional
tras la puerta se aprecian numerosos restos del pórtico
románico original.

Para terminar la descripción exterior,
diremos que la iglesia de Caballar cuenta con una ventanal románico
de tipo portada en lo alto del hastial occidental.

Interior
El interior es otro de los espacios interesantes
de la iglesia de Caballar. Su magnífica restauración
permite descubrir plenamente su estética románica
como en pocos templos de la provincia de Segovia, en los que acostumbramos
a encontrarnos con parches y alteraciones barrocas y neoclásicas.
La nave rectangular se cubre con bóveda
de medio cañón algo aplastada, bajo la cual hay
arcos fajones doblados que descansan sobre pilastras con semicolumna
adosada.

El arco triunfal, de medio punto, se abre a
un presbiterio de planta rectangular que en la actualidad está
abierto por ambos lados para dar acceso a sendas capillas que
se construyeron en fechas mucho más tardías que
la románica. Ello hace que la planta actual no sea basilical
de una nave sino que tenga forma de cruz latina.

El interior del ábside, ¡libre
del retablo barroco de costumbre! dispone de tres ventanales con
arquivolta sobre columnas.
La escultura de los capiteles de la cabecera
y de la nave es variada y se adivina diferente cualificación
en su artífices. Motivos vegetales de gran finura alternan
con otros más rudos, además de figuras de animales
típicos del bestiario románico como leones encorvados,
arpías, grifos, etc. Uno muestra a un hombre montado a
caballo llevando en una de sus manos un halcón en lo que
es una representación cinegética de la cetrería.

Por su parte, se ha conservado la pila bautismal
románica que es de tipo caliciforme con una copa muy voluminosa
que lleva grandes gallones y se remata en su parte superior por
una cenefa de anillos entrelazados. También el pie conserva
una decoración somera de tipo fitomorfa.

Es esta iglesia de Caballar una construcción
con encanto. Si desde lo alto de la ladera se tiene una magnífica
panorámica del templo románico y del valle del Arroyo
de la Mulas con el castillo de Turégano al fondo, no menos
atractiva se hace una visita a su interior para saborear sus sobrias
y equilibradas líneas románicas.