Guía de la iglesia de San Juan de Cabanillas,
Navarra
Introducción y apuntes históricos
La localidad de Cabanillas, con sus
aproximadamente 1400 habitantes se sitúa a unos 10 kilómetros
al sureste de Tudela, en la comarca de la Ribera y acomodada en
un suave aterrazamiento que asoma directamente a la fértil
vega del río Ebro.

A escasos kilómetros de los límites
geográficos con el vecino Aragón, su iglesia
románica de San Juan de Jerusalén, declarada
Monumento Histórico en 1983 constituye la manifestación
más meridional del románico navarro.
Poblada desde tiempos remotos gracias a esa
fuente vida que es la huerta navarra regada por el Ebro, tanto
Tudela como sus asentamientos circundantes fueron arrebatados
al dominio musulmán en 1119, siendo beneficiados para su
rápida repoblación por el Fuero de Cornago extendido
en 1124 por el Rey Alfonso el Batallador.

En 1142 las localidades de Cabanillas y su
vecina Fustiñana (junto a sus "tierras, pastos y aguas")
fueron donadas por el Rey García Ramírez el Restaurador
de la Orden de San Juan de Jerusalén, aunque habría
que esperar a finales de la centuria, concretamente a 1189 cuando
se implantó la encomienda sanjuanista de la que es heredera
la hoy llamada Iglesia de San Juan de Jerusalén.

La construcción actual románica,
que muy probablemente se prolongaría bien entrada la decimotercera
centuria, fue objeto de diversas ampliaciones y modificaciones
posteriores, una de ellas, quizás la más agresiva,
a principios del siglo XX en que fue ampliada la nave con la adición
de un tramo en el muro occidental y el "trasplante"
de su portada.
La iglesia, que durante décadas y ya
sin culto funcionó como almacén, contó en
su entorno como ocurre en otras encomiendas navarras (Aberin o
Cizur Menor) con una serie de edificios auxiliares. Incluso ha
sido acreditada la existencia de un claustro.
A partir de 1983 con motivo de su declaración
como Monumento Histórico Artístico llegó
el "redescubrimiento" de esta pequeña joya románica,
acometiéndose por fin entre 1996 y 2001 una profunda y
necesaria restauración a cargo de la Institución
Príncipe de Viana.

Dicha intervención consistió
básicamente en suprimir las sobreelevaciones, liberar a
la iglesia de añadidos y estructuras arquitectónicas
anexas, eliminar ese tramo occidental añadido en 1904 y
devolver su portada a su posición original en el muro meridional.
El resultado, como puede comprobar cualquier visitante que llegue
a Cabanillas, no ha podido ser más acertado.
La Iglesia de San Juan de Jerusalén de
Cabanillas
Exterior
Finalizadas las citadas intervenciones, la
iglesia de Cabanillas ha recuperado su aspecto original de una
sola nave de dos tramos, arco triunfal apuntado, tramo recto presbiterial
y ábside semicircular.
Cabecera
El elemento más llamativo y de aparente
mayor antigüedad es el ábside, elevado sobre un prominente
basamento y dividido en tres paños separados por pilastras
que, a altura de una moldura horizontal aproximadamente a la mitad
de su altura, se convierten en semicolumnas culminadas en capiteles
a la altura de las cornisas.

En el centro de cada uno de los tres paños
abren ventanales en arcos de medio punto; las laterales simples
aspilleras y la del eje axial sobre columnas y capiteles vegetales.
Completa la decoración cabecera una original y extensa
colección de canecillos de variada decoración que
va desde simples fórmulas geométricas, entrelazos,
cruces o rollos; hasta figuración animal y antropomorfa.
Esta línea de canes se prolonga también
a lo largo del presbiterio, marcado al exterior por dos potentes
contrafuertes.

En el primer tramo de la nave tanto al sur
como al norte se horadan sendos ventanales, llamando la atención
la arquivolta que perfila la meridional, con una figura humana
y otra animal ejerciendo de ménsulas.

Asimismo, en el propio hastial sur se observan
piezas labradas empotradas y descontextualizadas que podrían
pertenecer o bien a otros ventanales cegados o a estancias desaparecidas.
Puerta
De gran interés y rodeada de cierta
polémica, la otra pieza relevante del exterior de la iglesia
de San Juan de Jerusalén es su portada, abierta en el segundo
tramo de la nave. Se trata de una puerta que ha dado bastante
que hablar, ya que mientras para algunos es puramente románica,
otros estudiosos se decantan por catalogarla como gótica
pese a su programación iconográfica heredera de
una tradición indiscutiblemente románica.

Consta de tres arquivoltas que descansan sobre
columnas acodillas repuestas y culminadas en capiteles ciertamente
erosionados que apenas dejan intuir su programa figurado. Sobre
las cestas, prominentes cimacios enriquecidos con ornato vegetal.
Las tres arquivoltas quedan abrazadas por un
elegante guardapolvos engendrado por figuras que ejercen de ménsulas-atlantes
y de cuya rosca van brotando crochets.

La arquivolta externa se decora en su dovelaje
a base de personajes en disposición radial, algunas de
ellas tonsuradas y portando libros. La rosca intermedia por el
contrario despliega una serie de animales reales y fantásticos
pasantes, algunos de ellos con caras humanas y diablescas.

Por último, la arquivolta interna presenta
una sucesión de rosetas vegetales muy barroquizadas, culminando
en la clave un crismón con el alfa y el omega intercambiados
de posición.
La espadaña que remata el imafronte
parece un elemento tardío, existiendo la hipótesis
de que originalmente esta se elevaba en el punto de convergencia
entre nave y presbiterio.
Interior
El interior del templo luce impecable tras
la restauración, habiendo recuperado un culto ocasional
que la mantiene en muy buen estado. Los dos tramos de la nave
cubren con bóvedas de crucería de terceletes, fruto
de una reforma de finales del siglo XV o principios del XVI y
que vendría a sustituir la cubierta original de medio cañón.

También me medio cañón
aunque en este caso apuntada es la bóveda del tramo recto,
al cual se accede a través de un arco triunfal de perfil
también apuntado y que descansa sobre semicolumnas rematadas
en capiteles vegetales: pencas lisas la cesta meridional y tres
registros de hojas su contraria norte.

En el hemiciclo absidial y coincidentes con
el exterior, tres ventanas enmarcadas en una doble imposta, presentando
sus capiteles decoración vegetal. En el presbiterio se
adivinan retazos de otras posibles ventanas, quizás cegadas
en una segunda etapa o que nunca llegaron a abrirse.

Por último, en cuanto a bienes muebles
conservados, destaca una pila bautismal de perfil gallonado que
bien podría ser contemporánea a la construcción
de la iglesia, que para algunos podría datarse en los últimos
años del siglo XII mientras que para otros hay que retrasar
su construcción a bien entrado el XIII.
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)