Guía de la iglesia de Priorio, Asturias
Introducción
La
iglesia románica de San Juan de Priorio es un pequeño
pero excepcional templo asturiano de fines del siglo XII más
probablemente de comienzos del XIII- célebre por su portada
con tímpano esculpido y por la riqueza iconográfica
de sus canecillos absidiales. A pesar de las importantes reformas
modernas, mantiene un núcleo románico bien conservado
en el ábside y la portada.
El templo se sitúa en la parroquia de
Priorio (concejo de Oviedo), sobre la margen del río Nalón,
en la ladera inmediata al balneario de Las Caldas. La zona está
arqueológicamente muy marcada por la vecina cueva de Las
Caldas, importante yacimiento paleolítico.

Generalmente se ha datado la iglesia de San
Juan de Priorio a finales del siglo XII o comienzos del XIII,
que es el momento de mayor desarrollo del románico rural
en la España cristiana. También es esta fecha tardía
cuando se consolida el románico tardío asturiano,
ya muy abierto a influencias castellano leonesas y a fórmulas
de transición al gótico.
La iglesia se documenta al menos desde 1305,
cuando Fernando IV la dona a la catedral de Oviedo, reflejando
su integración temprana en el señorío eclesiástico
ovetense.

Lamentablemente, esta iglesia no se ha librado
de las transformaciones seculares. Al edificio románico
original se le añadió una espadaña del siglo
XVIII, pero probablemente la modificación más radical
se perpetró a comienzos del siglo XX cuando se añadió
un larguísimo transepto junto a la cabecera. Posteriormente,
en 1926 se añadió el pórtico que cobija la
portada románica occidental y por último, en 1930
se construyó una capilla funeraria.
Estas reformas -muy especialmente el descomunal
transepto- alteran la lectura volumétrica primitiva, aunque
han dejado relativamente en buen estado, parte de los muros laterales
de la nave, el ábside y su portada, de la que luego nos
ocuparemos.

En 1965 la iglesia de Priorio fue declarada
monumento histórico artístico de carácter
nacional, y hoy figura como Bien de Interés Cultural del
Principado de Asturias, lo que ha favorecido su conservación
y estudio.

Arquitectura
La iglesia románica original, de modestas
dimensiones y orientada canónicamente, responde a una tipología
sencilla y muy habitual en el románico rural hispano: planta
basilical de una sola nave que se unía a una cabecera más
estrecha con presbisterio rectangular y un ábside -nuevamente
más estrecho- de planta semicircular.
Con la adición del siglo XX de los dos
brazos del transepto, la iglesia adoptó una exagerada y
artificiosa planta de cruz latina.
Interior
La nave está cubierta con armadura de
madera de parhilera con tirantes, mientras que la cabecera conserva
la organización románica tradicional con tramo recto
presbiterial cubierto con bóveda de cañón
y bóveda de cuarto de esfera en el ábside.

El arco triunfal es de medio punto doblado.
Los apoyos son dos parejas de columnas de distinto grosor cuyos
capiteles vegetales están esculpidos de manera sencilla
pero atractiva. De ellos, los apoyos meridionales están
claramente abiertos como consecuencia del peso del arco, aunque
no se aprecian grietas ni desplazamientos de las dovelas y sillares.
El hemiciclo interior sólo se anima
con una imposta. En el centro aparece una imagen de un Cristo
crucificado barroco del siglo XVII.

Exterior
El aspecto exterior, como el de otras iglesias
románicas asturianas, tiene la particularidad de presentarse
ante el espectador enfoscado y de color blanco intenso. Aunque
se pueda pensar que sería mejor recuperar los muros dejando
a la vista la piedra, hay que decir que el aspecto original era
mucho más parecido al actual.

El ábside se articula por dos columnas
entregas que lo dividen en tres calles verticales sin ventanales.
En el eje central se añadió posteriormente un contrafuerte
que alcanza la única imposta que anilla la cabecera.
Dada la sencillez decorativa de este ábside,
en seguida el visitante centrará su atención en
los capiteles de las columnas y, especialmente, en la corona de
canecillos.

Uno de los capiteles absidales muestra a dos
animales en lance cinegético. Uno es claramente un perro
y el otro podría ser un jabalí o un oso.

En cuanto a los canecillos, los hay con diversas
formas geométricas, pero sobresalen los animales de cuerpo
entero, alguna cabeza de león, serpientes, etc. Entre los
motivos antropomorfos, tenemos a una mujer y a un hombre con un
libro abierto sobre sus rodillas.

La fachada occidental está hoy dominada
por la espadaña barroca -levantada en 1777- sobre el hastial
del imafronte y por el pórtico de 1926, que enmascaran
la simplicidad que debió tener el frente occidental románico
primitivo.
La puerta románica
Sin duda, el mayor atractivo románico
de la iglesia de Priorio es su portada románica occidental,
única con tímpano historiado en el arte medieval
asturiano. No es de grandes dimensiones pero está resuelta
con armonía y elegancia.

Consta de cuatro arquivoltas y guardapolvos
de medio punto, todas ellas iguales, combinando medios baquetones
con escocias. La chambrana tiene la particularidad de rematar
en ángulo recto y una voluta antes de llegar a la línea
de impostas.

Los apoyos son las jambas y ocho columnas con
capiteles fitomorfos donde podemos observar unos genuinos crochets
góticos, lo que nos confirma un momento muy tardío
para la construcción de esta iglesia de San Juan de Priorio.

En las dos columnas interiores se labraron
cuatro figuras humanas, dos en cada lado, muy alargadas y de lectura
iconográfica difícil por el deterioro de la piedra.
Los diferentes autores que se han ocupado de esta portada han
lanzado distintas hipótesis: desde que se trate de los
cuatro evangelistas a que sean diversos santos o monarcas.

En la cara externa de la jamba exterior derecha,
junto a un relieve vegetal, encontramos un ave picando frutos.

Las jambas interiores terminan en sus extremos
superiores en dos mochetas que sujetan el tímpano. En dichas
mochetas hay esculpidos sendos relieves de atlantes que algún
autor ha identificado con Hércules (a la izquierda) y Atlas
(a la derecha), si bien la presencia de atlantes en la escultura
románica suele vincularse con el castigo a herejes o divulgadores
de falsas doctrinas.

Por encima aparece el tímpano de perfecta
forma semicircular y que muestra el pasaje de la Parusía
o Segunda Venida relatada en el Apocalipsis, donde el gran protagonista
es Jesús que aparece en su aspecto glorioso y cosmocrátor,
es decir como Cristo en Majestad, entronizando, bendiciendo con
la mano derecha y portando el libro de la vida en su izquierda.

En este tímpano de Priorio, Jesús
no se encuentra inscrito en una mandorla o aura de santidad, probablemente
por la pequeña superficie con que contó el escultor.

Alrededor de Cristo se dispone el Tetramorfos
o cuatro vivientes que por tradición posterior se asoció
a los cuatro evangelistas. Como e norma, el hombre (San Mateo)
y el águila (San Juan) se encuentran en la parte superior,
mientras que el toro (San Lucas) y el león (San Marcos)
lo hacen en la inferior. Las cuatro criaturas aparecen aladas,
enfatizando su naturaleza celeste, y se orientan hacia el Maiestas
Domini, configurando un espacio teofánico clásico
en la iconografía románica occidental.

Completan la escena dos ángeles en la
parte superior del tímpano, en vuelo, que sostienen una
filacteria actualmente rota o mutilada. Esa cartela pudo contener
en origen un texto alusivo al Cristo juez, una doxología
o una breve inscripción, hoy ilegible, que reforzaría
el mensaje teológico del conjunto.