Guía de la iglesia de Santa Eulalia de
Selorio, Asturias
Introducción
La iglesia de Santa Eulalia se sitúa
en la localidad de Selorio, en la margen derecha de la ría
de Villaviciosa, al este del Principado de Asturias.
Este enclave destaca por su paisaje de fértiles
pastizales y suave orografía, constituyendo históricamente
un importante lugar de paso en las rutas del litoral asturiano.
La presencia de un tramo de calzada romano-medieval, sumada a
yacimientos arqueológicos cercanos como los castros de
Rodiles y el Campón, restos de una estela antropomorfa
y la necrópolis visigoda de San Llorente, atestiguan una
ocupación humana de este territorio de manera ininterrumpida
desde la prehistoria hasta el período altomedieval.

Durante la Edad Media, el actual territorio de Villaviciosa
adquirió gran relevancia económica gracias a la
actividad pesquera, salinera y comercial, un desarrollo acentuado
tras la fundación de la puebla por Alfonso X en 1270.

Las primeras referencias documentales a la iglesia
de Santa Eulalia figuran en una controvertida donación
del rey Alfonso III y la reina Jimena a San Salvador de Oviedo.
Aunque este documento suele considerarse una falsificación
del Scriptorium Pelagianum datada en la primera mitad del siglo
XII, la fundación de la institución eclesiástica
es anterior, tal y como evidencia un fragmento epigráfico
en el templo que alude al monasterio de San Martín en el
siglo X.
La fábrica románica conservada se erigió
entre finales del siglo XII y principios del XIII, enmarcada en
la fase tardía del románico de Villaviciosa.

Como veremos, la ornamentación escultórica
evidencia la participación de varios maestros canteros,
mostrando un mayor refinamiento técnico en la portada occidental
frente a la talla más esquemática de la cabecera.

Tras la Guerra Civil, el edificio sufrió una
profunda reconstrucción que amplió las dimensiones
de la nave y añadió un transepto, desdibujando por
completo las proporciones originales. Como resultado de estas
obras, de la construcción románica original únicamente
sobrevivieron el ábside, algunos canecillos, diversas piezas
sueltas y las dos portadas de acceso, las cuales acabaron empotradas
en los nuevos muros modernos de la nave.

Arquitectura
Exterior
El diseño planimétrico original constaba
de una nave única y una cabecera semicircular precedida
de un tramo recto presbiterial.

En el exterior, el ábside se ajusta a los
modelos habituales del románico internacional: se divide
horizontalmente por una línea de imposta y se articula
mediante dos altas columnas entregas carentes de función
estructural que ascienden hasta la cornisa. Sus capiteles muestran
hojas rizadas y palmetas, así como aves picoteando frutos,
una antiquísima iconografía -ya presente en el arte
paleocristiano- vinculada al sacramento de la Eucaristía,
la santidad y la salvación.

En el centro de la calle central de este ábside
se abre un ventanal de tipo portada con arquivolta de baquetón
y escocia, más guardapolvos también con Escocia
La pareja de columnas tienen capiteles desgastados con hojas terminadas
en volutas.
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La cornisa se sostiene sobre canecillos de perfil
de nacela y de lóbulos, aunque hay un reducido número
de temas figurativos, incluyendo cabezas de felino y frutos.

Los muros de la nave moderna integran las dos portadas
originales.
La meridional, de dimensiones reducidas y forma simplificada,
presenta un arco de medio punto que se prolonga hasta el suelo
sin solución de continuidad, protegido por un guardapolvo
decorado con taqueado.

La portada occidental, resguardada bajo un tejaroz,
presenta proporciones mayores con un arco de medio punto y tres
arquivoltas que apoyan sobre cuatro columnas acodilladas y jambas.

Las arquivoltas incorporan repertorios del románico
atlántico, como dobles zigzags perlados y lengüetas
arriñonadas.

Tres de los cuatro capiteles están labrados
con grandes hojas nervadas y frutos esféricos. El cuarto
capitel situado en el extremo norte exhibe lo que parece ser una
pareja de grifos, representación simbólica asociada
a la custodia del espacio sagrado.

Interior
El acceso a la cabecera se realiza
a través de un arco triunfal ligeramente apuntado, cuyas
roscas dobladas descansan sobre machones con tres columnas adosadas.
El presbiterio diferencia claramente sus espacios: el tramo recto
se cubre con bóveda de cañón reforzada por
un arco fajón, mientras que el hemiciclo, de paramentos
lisos, emplea una bóveda de cuarto de esfera. Los muros
del tramo recto se articulan mediante una arquería ciega
de dos arcos de medio punto por flanco, una solución funcional
y simbólica que realza la distinción entre el espacio
reservado a la divinidad y la nave de los fieles.
La decoración de los capiteles
troncopiramidales del arco triunfal recurre a composiciones simétricas
de rosetas y motivos vegetales. Por el contrario, los capiteles
de la arquería ciega exhiben una factura tosca e ingenua.
En el lado del Evangelio se representan aves picoteando un rostro
humano y una máscara de rasgos expresionistas; en el de
la Epístola se tallaron felinos afrontados que contorsionan
sus grupas, combinados con ornamentación vegetal de hojas
y frutos.