Guía de la iglesia de Santa María
de Uncastillo, Zaragoza
Introducción
Del inmenso patrimonio románico que atesora
la localidad zaragozana de Uncastillo, la iglesia más relevante
es la de Santa María, ubicada al suroeste del caserío,
en la zona baja de la villa. Llegó a tener rango colegial.

En un documento de 1099 se cita un templo con esta
advocación pero lo lógico es pensar que se tratase
de un edificio anterior porque, como veremos, el que se ha conservado
hasta la actualidad debe ser de entrado el siglo XII.

Posteriormente, Ramiro II el Monje financia la construcción
de la iglesia que fue consagrada en 1155 por el obispo de Pamplona.
Sabemos que la fecha de la consagración de un templo medieval
solía coincidir con la finalización de la cabecera
por lo que no es temerario suponer que buena parte de este edificio
románico se llevó a cabo ya en la segunda mitad
del siglo XII.

Santa María es una iglesia de una nave rectangular
de siete tramos que se unen a una cabecera constituida por un
anteábside o presbiterio rectangular y éste a su
vez en un ábside semicircular de igual anchura (en contra
de lo que suele ser habitual, es decir, que la cabecera sea más
estrecha). Todo ello corresponde a un templo del románico
rural pero de elevada categoría, como demuestran sus generosas
dimensiones: 33 metros de longitud por 9,70 de anchura, por tener
toda su fábrica de sillería y por estar completamente
abovedada, tanto su cabecera como la nave.

Como toda iglesia medieval, la original fábrica
románica fue alterada en siglos posteriores, siendo añadida
la tribuna occidental, el porche y la puerta oeste, la sacristía
suroeste, el claustro gótico del costado septentrional
y la espectacular torre campanario gótica con cuerpo de
campanas rematado por garitones y matacanes, además de
una torre flamígera de menos superficie que se asemeja
a la de la vecina iglesia de San Martín (en este caso más
sencilla) y también a la casi idéntica de la iglesia
de San Salvador de Ejea de los Caballeros.

Como veremos a continuación, lo que hace verdaderamente
destacar la iglesia de Santa María de Uncastillo
en el panorama románico aragonés, incluso español,
es su generosa colección de relieves esculpidos, tanto
en capiteles exteriores e interiores, canecillos, arquivoltas,
e incluso algunas piezas descontextualizadas como un tímpano
y un relieve cuadrado, de los que nos ocuparemos a continuación.

Exterior
La cabecera de la iglesia de Santa María de
Uncastillo se ve ancha y baja por efecto de la sobreelevación
del terreno que la rodea. Está dividida verticalmente por
contrafuertes prismáticos y de los cinco ventanales con
arquivolta sobre columnas (tipo portada) que tenía el ábside
sólo quedan a la vista cuatro, pues el del extremo septentrional
se halla tapado por el claustro.

Lo más interesante de esta parte del templo
es su colección de canecillos que inciden en la actividad
juglaresca y de ocio, donde aparecen bailarines, músicos,
parejas haciendo piruetas circenses, además de varias cabezas
de animales. Especial interés ofrece el canecillo que muestra
una escena amatoria entre una mujer y un hombre que parece ser
un monje por la tonsura de su cabeza. Ambos están rodeados
por sendas serpientes, lo que expresa, sin muchas dudas, que están
siendo tentados por el demonio.
El costado meridional es la parte más vistosa
de esta iglesia, gracias a su espectacular portada. Cuenta con
varias arquivoltas figuradas y tres pares de columnas con los
fustes entorchados o esculpidos con cesteado y palmetas rodeadas
por tallos sinuosos.

Los capiteles del lado oeste muestran escenas de
combate entre hombres y animales o personas, además del
fallecimiento de un hombre cuya alma es transportada al Cielo
por una pareja de ángeles. En las cestas del lado opuesto
se nos muestra la expulsión los primeros padres del Paraíso,
la Huida a Egipto de la Sagrada Familia y unos demonios apresando
un alma.

El primero es muy expresivo puesto que Adán
y Eva se encuentran vestidos ya con densas túnicas cubiertas
por mechones de pelo. A los lados quedan el ángel que les
exhorta a abandonar su lugar de origen y el árbol del conocimiento
del bien y del mal con la serpiente enroscada.

Pero lo mejor se encuentra en las tres arquivoltas,
que se encuentran cuajadas de relieves figurados en posición
radial. La externa muestra un caótico repertorio en que
se incide en diversos oficios y actividades, siendo la de mayor
protagonismo la juglaresca, pues tenemos bailarines, músicos,
un contorsionista, parejas que parecen hacer piruetas. También
logramos apreciar a dos hombres con un plato vacío y a
otro que lleva un cántaro medio volcado... Pero en esta
arquivolta también hay espacio para animales como un león,
una cabra, dos aves con los cuellos enlazados picando sus patas,
etc.

La arquivolta intermedia está protagonizada
por hombres y algunos animales que se encuentran parcialmente
tapados por el propio baquetón del arco, de modo que de
su anatomía, sólo se aprecian los pies, la cabeza
y los brazos. Algunos ponen sus manos o codos sobre dicho baquetón
o hacen gestos de lo más variopinto.

El taller que realizó esta arquivolta -como
toda la portada en general- hizo gala de una enorme imaginación
y de un singular esfuerzo en la composición de tan extraña
iconografía que frecuentemente aparece ante nuestros ojos
con connotaciones cómicas. Probablemente, la puerta de
la iglesia navarra de San Pedro de Echano se inspiró aquí.

Por último, la arquivolta inferior cuenta
también con un rosario de personajes humanos y de animales
a ambos lados del correspondiente baquetón.

Aunque pasa mucho más desapercibida, conviene
fijarse en el intradós de la arquivolta inferior porque,
de nuevo, está repleta de relieves escultóricos
y, en general muy bien conservados. Tenemos varios animales del
bestiario tanto real como fantástico: un oso, un mono,
una ave con una serpiente, otra bebiendo de un cáliz (al
menos, eso parece pues su cabeza está rota), una sirena-ave,
una arpía, una sensual sirena-pez de una sola cola, etc.
También se representaron personas en diversas actitudes:
luchadores, contorsionista, hombre con una porra de madera, etc.

Encima de esta extraordinaria puerta hay un relieve
que muy probablemente no se encontraba en este lugar en origen
y que estaría acompañado de más escenas pues
su iconografía está claramente incompleta. Se trata
de un Cristo en Majestad, entronizado en una silla de tijera con
nimbo crucífero, que bendice con su mano derecha y lleva
el Libro de la Vida en la izquierda. A ambos lados de su cabeza
se encuentran las letras griegas alfa y omega (como principio
y fin, así expresado en el Apocalipsis). A la derecha (izquierda
del observador) aparece otro personaje nimbado con el rostro y
los pies perdidos por la erosión. En su mano izquierda
porta un libro. Pudiera ser un evangelista (¿San Juan?)
o quizás uno de los doce apóstoles correspondiente
a un apostolado quizás perdido.

Por último, queda añadir que, encastrado
en el muro del porche moderno de la fachada oeste, tenemos un
tímpano que pudo pertenecer a la puerta románica
occidental, hoy desaparecida. Iconográficamente, se trata
de una Epifanía o Adoración de los Magos. En el
centro está la Virgen con el Niño bajo un arco sobre
columnas. A la derecha del observador se encuentra San José
y a la izquierda los mencionados reyes magos con sus cuerpos casi
frontales pero sus cabezas coronadas en tres cuartos (tres cuartos
delantero).

Interior
El ábside se cubre con bóveda de cuarto
de esfera y el presbiterio más los tramos de la nave lo
hacen con medio cañón muy ligeramente apuntado con
arcos fajones dobles. Los tramos occidentales tienen bóveda
de crucería con terceletes. Los citados arcos fajones nacen
de responsiones formadas por pilastras con semicolumnas.

La articulación del interior del ábside
de esta iglesia de Santa María de Uncastillo es más
que notable porque además de los cinco ventanales de tipo
portada ya citados anteriormente, se decoró el hemiciclo
con arcos peraltados ciego de igual altura que las ventanas citadas.

Muchos de los capiteles del interior de la cabecera,
el arco triunfal y los de las semicolumnas de la nave son historiados
por lo que ofrecen un gran reto al aficionado a la iconografía
románica pues, además, el templo suele tener una
insuficiente iluminación, haciendo más difícil
la tarea.

Algunos de los temas esculpidos son: