Guía de la iglesia de Santo Tomé,
Zamora y el Museo Diocesano
Introducción
En
la ciudad del románico, como se llama a Zamora -con permiso
de Segovia que tiene casi el mismo número de iglesias-
es difícil determinar las que mayor importancia tienen
porque todas aportan elementos diferenciadores, incluso singulares.
Sin embargo, hay una, que a pesar de estar
alejada del "núcleo románico de la ciudad"
siempre suscita el mayor interés porque ha pasado tradicionalmente
por ser una de las más antiguas y llegó a ejercer
de catedral. Nos estamos refiriendo a la iglesia de Santo Tomé.
Este templo se encuentra en el sector sureste del casco antiguo,
a no mucha distancia de las orillas del río Duero.

Sabemos que en origen era un templo monástico
de fundación real del primer cuarto del siglo XII (aunque
hay trabajos arqueológicos recientes que la retrasan a
la segunda mitad de esa centuria) y arquitectónicamente
vinculado con el también templo monástico zamorano
de Santa Marta de Tera. En el año 1135, fue donado por
el monarca de Léon y Castilla Alfonso VII al cabildo episcopal
de la ciudad y adquiriría la importante función
de sede de la diócesis zamorana mientras se construía
la catedral románica que ha llegado hasta la actualidad.

Una de las agresiones más importantes
sufridas por Santo Tomé de Zamora a lo largo de su historia
fue la eliminación de las estructuras interiores que definían
su triple nave para ampliar el espacio para los feligreses mediante
una sola mucho más ancha. De ellos nos ocuparemos posteriormente.
Salvo la cabecera románica, gran parte
de los muros periféricos parecen ser fruto de reconstrucciones
totales o parciales del los siglos XV al XVII.

Aunque en el año 1894 perdió
su función parroquial, lo que favorecerá su deterioro,
fue declarada Bien de Interés Cultural (Monumento Nacional)
el 3 de junio de 1931.

La iglesia había llegado en bastante
mal estado al siglo XX, pero tras la declaración de monumento
nacional se sucederán las campañas de restauración,
entre 1931-1932, 1975-1976 y 1996.

Finalmente, se acometió una importante
intervención entre los años 2009 y 2010 para su
conversión en Museo Diocesano de Zamora.

En la actualidad, el interior del antiguo templo
religioso alberga numerosas piezas de arte religioso, incluyendo
capiteles románicos e imaginería medieval.

Dada su nueva función, la iglesia de
Santo Tomé no tiene culto en la actualidad.

Arquitectura
En origen, la iglesia monástica de Santo
Tomé de Zamora era un templo románico de comienzos
del siglo XII, perteneciente al románico internacional
pleno con influencias prerrománicas. Estaba construido
completamente con sillería arenisca, aunque en la actualidad
y fruto de las reformas y reconstrucciones posteriores existen
paños de mampostería.

Estando orientada canónicamente, tenía
planta basilical de tres naves de tres tramos que se engarzaban
con otros tantos ábsides rectangulares con contrafuertes
exteriores. De estos ábsides, el central es mucho más
alto y profundo que los colaterales. Conserva una puerta original
románica en la fachada norte y otra gótica en la
sur.

Uno de los aspectos más importantes
de Santo Tomé -que también se repite en otras iglesias
de la capital zamorana- es que en ella se funden dos corrientes
artísticas medievales bien distintas. Por un lado, la persistencia
de las cabeceras de ábsides con cierre plano (ábsides
cuadrados o rectangulares) procede por tradición de las
tres arquitecturas prerrománicas hispanas: arquitectura
hispano-visigoda, prerrománica asturiana y mozárabe
o de repoblación.
En casi todas las iglesias de estos templos
de los siglos VII al X los muros orientales de cierre de los ábsides
-al menos en el exterior- son planos.

La otra corriente es -evidentemente- el románico
internacional que se transmite por toda la Europa Occidental desde
el tercer cuarto del siglo XI en adelante por el Camino Francés
a Santiago de Compostela, incorporando abundante y rica escultura
decorativa, simbólica e historiada. En nuestro entorno
hispano esta oleada llega principalmente por una ruta de ida y
vuelta entre Toulouse - Jaca - Frómista - León -
Santiago. En el caso de Santo Tomé, observamos la presencia
de molduras y cenefas con el llamado taqueado jaqués.

Como indicamos anteriormente, en una reforma
postmedieval y que se dio también en varios templos vecinos
de la capital zamorana, se decidió la supresión
de todos los arcos y soportes románicos interiores que
establecían las tres naves primitivas. Es de imaginar que
dicha separación de las naves se realizase mediante arcos
formeros de medio punto (por la fecha de construcción no
pudieron ser apuntados) y reposarían sobre pilares de sección
cuadrada o cruciforme posiblemente con semicolumnas en las caras.
No se sabe si las naves estarían abovedadas.
La única virtud que ofrece esta lamentable
destrucción es que el observador actual que se sitúa
en el centro del edificio adquiere una inhabitual perspectiva
global de la citada cabecera triabsidal.

Exterior
Tras estas múltiples reformas y destrucciones,
especialmente de los muros periféricos, del exterior nos
debemos fijar principalmente en el exterior de la cabecera con
sus canecillos, la puerta norte románica, la pequeña
puerta sur gótica y la espadaña neoclásica.

Cabecera
Parece evidente la relación, como ya
hemos indicado, entre la cabecera de la iglesia de Santo Tomé
de Zamora y la de Santa Marta de Tera, al menos en lo relativo
a la articulación de columnas y ventanales más la
decoración de ajedrezados. También hay algunos capiteles
y canecillos que muestran un vínculo iconográfico
que si no es más claro es por su pobre nivel de conservación.
Se ha llegado a proponer, incluso, que algunos de los artífices
de Santa Marta de Tera intervinieron en esta iglesia.

El ábside central se divide en tres
calles mediante dos finas columnas que se prolongan hacia arriba
en pilastras. En medio del paño central hay un ventanal
de tipo portada con dos arquivoltas planas (la interior trasdosada
por una cenefa taqueda) y chambrana con unas plantas semejantes
a flores de lis. Los capiteles son vegetales de caperuza y los
cimacios llevan motivos vegetales que luego se interrumpen para
que la imposta se convierta en taqueada, lo que resulta una rareza.

Horizontalmente, además de esta imposta
ajedrezada a la altura de los cimacios de las columnas, corre
otra al nivel de los alfeízares.
En el ábside norte hay otro ventanal
con dos arquivoltas, una de ellas baquetonada y decorada superficialmente
con un ancho ajedrezado. Uno de los capiteles lleva una pareja
de aves con un fruto en la boca.

Parte de la zona superior del ábside
sur -donde se encuentra su ventanal- fue rehecho en la campaña
de los años treinta del siglo pasado como se aprecia en
sus arcos de ladrillo y enjutas de mampostería.

Los canecillos también están
muy maltratados por el tiempo, adivinándose una mayoría
de diseño geométrico pero igualmente se reconoce
un pequeño puñado de ellos de temática figurada
e iconografía interesantes.

Uno en particular representa a un hombre acosado
por una serpiente; otro hombre con el clásico barril sobre
los hombros; una mujer con una bola o un niño y un animal
andrófago.

Puertas
Esta pequeña puerta es original de estilo
románico, si bien parece ser por sus elementos -bastante
deteriorados lamentablemente- mucho más tardía que
la citada cabecera de comienzos del siglo XII.
Se abre entre dos contrafuertes y es de menguado
tamaño. Tiene tres arquivoltas de medio punto. En la interior
se combinan pequeños rollos que crean una lóbulos
en el intradós. En la intermedia hay una decoración
con pequeños cuerpos que semejan puntas de diamante rematadas
por esferas o cogollos florales. La externa se encuentra decorada
con entrelazos vegetales. La chambrana severamente desgastada,
parece tener ajedrezado. En cuanto a los apoyos, por desgracia
se han perdido todas las columnas.

En una restauración reciente ha aparecido
otra pequeña puerta en el muro meridional con dos arquivoltas
apuntadas planas sobre jambas y dos columnas muy erosionadas.

En la fachada occidental quedan restos de sillares
del templo primitivo. En el centro se abre una tercera puerta
adintelada y sobre el hastial una espadaña del siglo XIX
(1832) neoclásica con dos pisos de troneras, el inferior
con dos y el superior con una.

Interior
Los arcos triunfales presentan forma ligeramente
de arco de herradura, así como las bóvedas de medio
cañón de perfiles ligeramente ultrasemicirculares.
Salvo el del norte, sus columnas repiten temática de hojas
y pencas.
Por eso, desde el punto de vista escultórico
lo más destacable son los capiteles del ábside septentrional.

En uno de ellos aparece una "escena doble"
de la Adoración de los Magos. Lo curioso es que se repiten
los reyes magos en la misma escena a ambos lados del capitel -de
forma especular- teniendo como eje de simetría a la Virgen
con el Niño en sus brazos sobre su rodilla derecha. Es
más, sobre los hombros de la Virgen el escultor talló
dos estrellas de Belén perfectamente idénticas.
Enfrente, el segundo capitel de este arco triunfal
muestra de nuevo a María y a Jesús junto a los pastores,
también simétricamente dispuestos.

Museo Diocesano de Zamora
La iglesia de Santo Tomé se convirtió
en Museo Diocesano de Zamora el 13 de julio de 2012.

La colección permanente se compone de
más de ciento obras de arte de de escultura, pintura, orfebrería,
metalistería, mobiliario y objetos pétreos. Las
obras abarcan desde los siglos I al XIX.

En el apartado medieval, se exponen capiteles
románicos procedentes de la iglesia zamorana de Santa María
la Nueva. También hay un buen Cristo Románico y
numerosas Vírgenes románicas y góticas.
