La iglesia lucense de San Martiño de Berselos
en Baralla es un típico templo del románico rural
de finales del siglo XII o comienzos del XIII que probablemente
se construyó sobre otro de mayor antigüedad. Uno de
los encantos de este coqueto templo es su entorno, pues se encuentra
rodeado de una verdísima vegetación. Perteneció
al Monasterio de Santa María de Penamaior.

Aunque solemos asociar el románico gallego
a su construcción con sillares graníticos, hay que
decir que en la provincia de Lugo, sobre todo, en el área
oriental, predominan los suelos pizarrosos. Así que en
la iglesia de Berselos se empleó este material en modo
de mampostería, salvo las esquinas y las partes monumentalizadas
que están construidas con sillares de buena labra.

Exterior
Cabecera
Tiene una nave y cabecera de ábside semicircular
de escasa altura con una aspillera en el centro como medio de
iluminación. Los canecillos de todo el conjunto son anacelados.

El material, como ya hemos indicado anteriormente,
es mampostería pizarrosa que, como era habitual, se hallaba
completamente enfoscada. Si bien, en la actualidad, estas capas
protectoras se han perdido casi por completo en el muro sur, habiéndose
conservado en el lado norte.


Fachada occidental
Lo más notable desde el punto de vista románico
es la equilibrada fachada occidental constituida por una bonita
puerta. Encima se dispuso un ventanal románico para iluminar
la nave.

La puerta tiene una estructura muy verticalizada,
tan propia del románico gallego y que tiene como origen
las puertas de la catedral compostelana. Se compone de un guardapolvos
liso y dos arquivoltas de baquetón muy decoradas con moldura
vegetales que anillan sendos baquetones, siguiendo los preceptos
del románico mateano gallego.

Los apoyos son cuatro columnas que quedan rematado
por capiteles vegetales, todos diferentes, donde aparecen sencillas
hojas curvadas, volutas, bolas, piñas, etc. En el plinto
de una de las columnas aparece una inscripción: "Pelagius
fecit op"

Rápidamente la atención de nuestras
miradas se centra en el tímpano de la citada puerta cuya
iconografía no queda definitivamente clara.

En
el centro hay un Agnus Dei con la Cruz. A la derecha una planta
que podría ser un lirio o el Árbol de la Vida, que
nos recuerda el árbol de la puerta norte de San Nicolás
de Portomarín. La parte menos clara es la de la izquierda
pues un hombre arrodillado lleva un objeto, animal o persona en
sus brazos, mientras la mano de Dios bendice desde el Cielo. Algunos
autores han identificado al personaje como a Abraham en el pasaje
del Sacrificio de Isaac, o a Abel ofreciendo a Dios el cordero.
Sin embargo, es más probable que el objeto sea realmente
una serpiente que cuelga desde la cabeza y que el personaje agarra
justo antes de la cabeza. Una escena similar se esculpió
en el famoso tímpano de la portada catedralicia de Jaca,
con el simbolismo del hombre que ya ha vencido al mal por haber
dominado al diablo (la serpiente es símbolo del demonio).

Interior
En el interior encontramos dos retablos y unos frescos
murales restaurados que descubrió Vania López Arias,
especialista en restauración, allá por el año
2005. En ellos se aprecia una escena del Juicio Final con Cristo
sentado sobre un arcoíris y flanqueado por la Virgen y
San Juan, además de don ángeles trompeteros. Encima
se pintó un gran sol con el cristograma IHS en el centro.
Se trata de un símbolo que al comienzo del Cristianismo
representaban las tres primeras letras del nombre de Jesús
en griego, pero luego se transformó en una sigla latina
con el significado de "Iesus Hominum Salvator".

Además, podemos observar una pila bautismal
con gallones que sí puede proceder de época medieval,
sobre un ara cuadrada.
