Guía
de la iglesia de Gaceo, Álava
Introducción
La
pequeña localidad de Gaceo (Gazeo en euskera), con
su apenas medio centenar de habitantes censados, se sitúa
a poco más de 20 kilómetros de la ciudad de Vitoria,
en plena comarca de la Llanada Alavesa y muy cerca de su villa
más importante: Salvatierra-Agurain, a cuya Cuadrilla pertenece.
La población es atravesada por un ramal secundario
del Camino de Santiago denominado Camino Vasco del Interior o
Vía de Bayona, el cual, aprovechando en parte la antigua
calzada romana Astorga (Austurica Augusta) - Burdeos (Burdigala),
desde la frontera desciende desde Irún para, tras atravesar
Vitoria y Miranda de Ebro, entroncar con el Camino Francés
en Burgos surcando tierras burebanas.

Gaceo no sería más que una de las numerosas
minúsculas aldeas que salpican la fértil Llanada
Alavesa con su pequeña iglesia románica al
servicio de una reducidísima feligresía hasta que
en 1967 el descubrimiento de sus pinturas murales del gótico
líneal le puso en el mapa de historiadores, expertos y
aficionados al arte.

Quince años después del descubrimiento
de las pinturas murales de Gaceo apareció en la vecina
localidad de Alaiza otro ciclo pictórico aparentemente
contemporáneo pero de una misteriosa estética totalmente
distinta a los cánones habituales, lo cual motivó
que en torno a ambas se haya suscitado un interés de lo
más especial (que a veces trasciende lo meramente artístico)
convirtiéndose en uno de los principales activos turísticos
de la comarca.

La iglesia de San Martín de Tours
Exterior
En su actual estado, la iglesia de San Martín
de Tours de Gaceo es la consecuencia de numerosas intervenciones
cuyo resultado poco tiene que ver, al menos en su aspecto exterior,
con su apariencia original. Incluso apreciando fotos de los años
50 de la centuria pasada es palpable una sobreelevación
del ábside e incluso la existencia de una sencilla espadaña
hoy desaparecida.
Responde el templo al modelo rural de nave única
que, tras un tramo recto, culmina en un ábside semicircular
de buena sillería y que contrasta con el aparejo mucho
más vulgar del resto del inmueble.

En el muro sur fue añadido un pórtico
bajo el cual se cobija una sencilla portada de triple arquivolta
apuntada que descansa sobre pilares la más interna y sobre
columnas acodilladas con capiteles esquemáticos (algunos
rehechos) las dos exteriores.

En el muro occidental, totalmente reconstruido en
su última restauración, se abre un ventanal reinterpretado
imitando al que quizás es el elemento más aparente
del conjunto exterior, que no es sino otra elegante ventana horadada
en el muro sur del tramo recto y que conserva restos en sus tres
roscas y en el guardapolvos fragmentos de su decoración
vegetal original.

Interior
Al interior, la nave queda dividida en cuatro tramos
cubiertos por bóveda de cañón apuntada reforzada
por fajones del mismo perfil que descansan sobre repisas a modo
de ménsulas decoradas con bolas.

El arco triunfal, también apuntado, se sustenta
sobre medias columnas culminadas en capiteles de cuyos cimacios
penden bolas, decorándose el de la derecha con decoración
incisa en la parte inferior de la cesta.
En el muro norte del presbiterio, quizás reaprovechada
de alguna otra construcción y probablemente destinada en
origen a disponerse en exterior, llama la atención una
elegante hornacina goticista coronada por un dosel trilobulado
concebido quizás para albergar una figura de bulto redondo.
Descansa sobre unas columnillas sostenidas por un atlante y dos
cabecitas.

Pero como veníamos adelantando, si hay algo
en Gaceo que convierte la visita a su iglesia de San Martín
de Tours en algo imprescindible, son sus maravillosas pinturas
murales del gótico lineal, uno de los mejores y mejor conservados
conjuntos pictóricos medievales no solo del País
Vasco, sino de toda España.

Las Pinturas Murales
Las pinturas murales de la iglesia de Gaceo fueron
descubiertas por su párroco en 1967, ocultas tras el retablo
barroco y varias capas de cal. De inmediato alertaron del hallazgo
al Obispado de Vitoria, quien recurrió al conservador del
Museo del Prado para corroborar el valor del mismo. Poco tiempo
después, uno de los mayores expertos en la materia como
Josep Gudiol, recomendó la retirada del retablo y una inmediata
restauración.

El programa pictórico ocupa el cascarón
absidial, las paredes del hemiciclo, así como los muros
y la bóveda del tramo recto presbiterial. Igualmente, tanto
en el arco triunfal como en los muros de la nave se observan restos
muy residuales de pintura, lo que demuestra que, como era denominador
común en cualquier iglesia medieval, estaba pintada al
completo.

Fueron realizadas al fresco con detalles en temple
durante la primera mitad del siglo XIV siguiendo los cánones
estilísticos franco-góticos o gótico lineal,
aunque tanto en lo iconográfico como en su inspiración
estética, son palpables los resabios inerciales románicos.

En el cascarón absidial preside el programa
el Trono de Gracia ("Thronum Gratiae"), un formato de
representación de la Santísima Trinidad que triunfó
en la Baja Edad Media en la que aparece Dios Padre entronizando
sosteniendo entre sus piernas a su hijo Cristo crucificado, todo
ello acompañado del Espíritu Santo en forma de paloma.

La Trinidad se presenta individualizada en una mandorla
tetralobulada de inspiración aún románica,
apareciendo a cada lado de ella y en tres registros compartimentados
diferentes personajes celestiales como santos, vírgenes
y ángeles en ademán de adoración.

En el registro inmediatamente inferior al cascarón
se despliega un precioso Calvario con el Crucificado en el centro,
Longinos clavándole la lanza en el costado y Stefatón
presentándole la esponja. Cerrando la composición,
a un lado una delicadísima representación de la
Virgen y San Juan Evangelista al otro.

A la derecha del vano e individualizados en arquerías
reconocemos la escena de la Psicostasis o pesaje de las almas
por parte de San Miguel, en la que de nuevo inspirándose
en la iconografía románica, aparece un pícaro
"demioniejo" tratando de desequilibrar la balanza.

Mientras que frente a él, otro ángel
recoge las almas salvadas que son llevadas al Seno de Abraham,
personificado por una gran figura que acoge y mece entre sus brazos
las almas que alcanzaron la gloria.

Detrás de San Miguel aparece la efigie de
Santa Marina con un demonio encadenado.

El muro presbiterial norte perdió la práctica
totalidad de su programa pictórico, sin embargo, su correspondiente
meridional conserva junto a la ventana un expresivo caldero hirviente
al que son lanzadas las almas condenadas y, bajo él, la
boca de Leviatán hacia la que desfilan guiados por un ángel
más pecadores.

Por último, ocupando la totalidad de la bóveda
de cañón apuntada del tramo recto presbiterial y
presentadas también en compartimentos individualizados
por estructuras arquitectónicas, una sucesión de
escenas alusivas a la vida de Cristo empezando por el Ciclo de
la Infancia (Anunciación, Visitación, Natividad,
etcétera).

Continúa posteriormente con varios milagros
de la Vida Pública de Jesús para concluir con un
completísimo Ciclo de la Pasión con la Última
Cena, Lavatorio, Calvario, Descendimiento, Santo Entierro, Santas
Mujeres ante el sepulcro vacío y Noli me Tangere.

En definitiva, un programa pictórico completísimo
destinado a aleccionar al fiel y cuyo aceptable estado de conservación
la sitúan unánimemente entre los conjuntos de pintura
mural medieval más importantes de España.

Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)