Matamorisca es una pequeña localidad de la
Montaña Palentina, situada al norte de la provincia, a
escasos kilómetros de Aguilar del Campoo. Su iglesia, consagrada
a Juan el Bautista, es una de las joyas del arte medieval palentino.
Historia del edificio
No son muchos los datos que tenemos sobre su construcción,
como es habitual en este tipo de edificios. Casi todos los autores
se muestran de acuerdo en que su construcción debió
realizarse en dos fases cercanas en el tiempo, entre mediados
del siglo XII y comienzos del XIII, si bien el aspecto que presenta
en la actualidad está muy influenciado por las reformas
realizadas en el barroco, y que dificultan en gran medida su datación.
El edificio debió comenzar a construirse por el costado
septentrional. En el siglo XVI se reestructuró todo el
interior. Sabemos, gracias a la documentación de archivo,
que antes de 1570 trabajó en esta obra el cantero Juan
de Monasterio. En el siglo XVII se añadió la sacristía
y la torre, esta última en sustitución de una primitiva
espadaña que posiblemente se había derrumbado unos
años antes.

El aspecto actual de la iglesia evidencia esta sucesión
de campañas constructivas. Se trata de un templo de planta
rectangular, estructurado en su interior en dos naves, con una
pequeña torre campanario en el muro de los pies que ocupa
todo el ancho de la nave norte, y la sacristía, que se
adosa a esta misma nave.
El exterior
En
el exterior puede apreciarse un paramento bastante uniforme. Salvo
en el muro de los pies, todos los lienzos se encuentran reforzados
con contrafuertes, construidos en diferentes épocas. En
el muro norte destacan los canecillos figurativos de la parte
superior, en donde pueden distinguirse formas humanas, y otras
con un marcado carácter fálico.
La portada principal se sitúa en el lado sur,
enmarcada por dos gruesos contrafuertes, y cubierta por un tejaroz
con decoración de bolas. Es un sencillo arco apuntado rodeado
por cuatro arquivoltas y una chambrana sin decoración,
que debió realizarse a finales del siglo XV. Sin duda éste
no fue el acceso original de la iglesia. En el muro de poniente
hay un gran arco gótico cegado, pero la falta de un estudio
sistemático de los paramentos impide saber con certeza
si se trata de un acceso medieval o un arco perpiaño que
daba acceso a un nuevo tramo en dirección a los pies.

En el hastial sur se aprecian los restos de otro
acceso con un arco de medio punto, sostenido sobre un cimacio
decorado con taqueado.
El interior
En el interior se aprecian las dos naves, separadas
por grandes pilastras y arcos formeros. Tanto la nave como el
ábside norte se cubren con bóvedas de terceletes,
mientras que en la septentrional hay una crucería simple.
Ambas se rematan en un ábside cuadrangular con testero
recto, que se comunica con las naves por medio de arcos de medio
punto. En el muro del ábside meridional se aprecia una
ventana saetera cegada; mientras que en el contrario hay un vano
adintelado, que comunica con la sacristía. A los pies de
la nave oeste hay un coro alto, construido en el barroco, y en
la otra nave se encuentra el baptisterio medieval, semioculto
por una reja.
La torre se divide en dos alturas, si bien la primera
está cegada. Por medio de una puerta construida seguramente
en la misma época que el campanario, se accede a una escalera
de caracol. Por ella se sube al segundo cuerpo, en donde se aprecian
cuatro troneras de arcos de medio punto, algunas de las cuáles
pudieron formar parte de la primitiva espadaña románica.
Las pinturas murales
Recientemente se ha quitado el enlucido de cal con
que se había recubierto el interior, y en los muros han
aparecido unas extraordinarias pinturas tardogóticas que
debieron cubrir todo el interior. Su estética se ha relacionado
con el conocido como maestro de San Felices, un pintor local procedente
quizás de la localidad homónima. Se trata de un
pintor del siglo XV cuyo taller trabajó en varias iglesias
situadas en el norte de Palencia y el sur de Cantabria, como San
Cebrián de Mudá, Revilla de Santullán, Valdeolea,
o Santa María la Real de Valberzoso.

Las pinturas de Matamorisca son de un extraordinario
virtuosismo y delicadeza, pero denotan un marcado arcaísmo.
Se trata de figuras rígidas y antinaturales, en cuyos rasgos
se aprecia un intento de buscar la expresividad característica
del gótico pero mediante una estética todavía
anclada en lo románico. En las representaciones se usa
la perspectiva jerárquica, y su policromía está
formada por tonos vivos. También son características
las bandas con motivos geométricos, que enmarcan y delimitan
las diferentes escenas.

En el muro septentrional de la nave sur destaca la
figura de una mujer, que debió formar parte de una escena
más amplia. Pero el conjunto de mayor riqueza se encuentra
en el ábside del lado de la epístola. En el lienzo
sur se puede ver, en la parte superior, la Matanza de los Inocentes,
y en la inferior, un Juicio Final. En la cabecera se aprecian
diferentes representaciones. De arriba abajo, y de izquierda a
derecha, se encuentra el Nacimiento, la adoración de los
Magos, la adoración de los pastores, un funeral y dos escenas
de caza. En la bóveda esta representado un Tetramorfos.

El arte mueble
Por último, en relación al arte
mueble, destaca la pila bautismal tardorrománica, situada
actualmente en el ábside de la epístola. Está
formada por una base y un cuerpo superior, ambos de piedra arenisca.
Se decora con dos franjas de arquillos ciegos separados por una
imposta.

En el ábside del evangelio hay un retablo
de factura neoclásica con una figura masculina que podría
corresponder al santo titular de la iglesia. Algunos autores anteriores
a la Guerra Civil afirmaron también haber visto en su interior
una Virgen gótica con el Niño, cuya ubicación
actual se desconoce.