A escasa distancia de la importante población
de Padrón (a cuyo Concello pertenece) y a orillas del río
Ulla, la iglesia de Santa María de Herbón
se levanta a las afueras de la aldea de Herbón, rodeada
de huertas en la que se cultivan los afamadísimos pimientos
de Padrón.

Se trata de una de las construcciones románicas
gallegas mejor conservadas en la medida de haber llegado a nuestros
días libre de intervenciones y aditamentos más allá
de ligeros retoques en el siglo XVIII (espadaña y sacristía)
y una atinada restauración en 1984.

Tanto
por sus concomitancias estilísticas como por su proximidad
con la importante sede episcopal de Iria Flavia, así como
por una imprecisa inscripción conservada en un capitel
del interior, tiende a contextualizarse su fundación en
tiempos del importante Obispo Gelmírez de Compostela, aunque
más allá de que dicho extremo pueda confirmarse,
lo que queda clara es su filiación a los talleres compostelanos,
si bien la construcción parece bastante posterior a los
tiempos del prelado compostelano.

Levantada en buena sillería, la iglesia se
estructura en una sola nave de considerable altura cubierta de
madera reforzada por dos arcos diafragmas sobre columnas coincidentes
con los contrafuertes exteriores; un profundo tramo recto cubierto
con bóveda de cañón al que se accede tras
un arco triunfal de medio punto doblado y un hemiciclo absidial
resuelto mediante bóveda de horno.

Al interior, tanto los capiteles de los soportes
que sustentan los diafragmas, los del arco triunfal y los de los
ventanales reproducen esquemas vegetales de inspiración
compostelana: hojas avolutadas muy carnosas rematadas en bolas
así como tallos cilíndricos que se entrelazan componiendo
auténticas marañas que dan como resultado interesantes
efectos plásticos de claroscuro.
Es precisamente en un cimacio del capitel norte del
arco triunfal donde se aprecia una desdibujada inscripción
que algunos especialistas han identificado como "Obispo Gelmírez".

Al exterior, lo más llamativo son sus dos
portadas de acceso y el armónico ábside, articulado
en tres paños separados entre sí mediante columnas
adosadas y con ventanales abiertos en el centro de cada uno de
ellos.

Los capiteles de los vanos absidiales repiten modelos
vegetales vistos en el interior, a excepción de la ventana
central, donde aparecen las únicas representaciones figuradas
del conjunto en forma de aves enfrentadas y grifos.

La portada sur, abierta en el tramo central de la
nave entre contrafuertes, despliega dos arquivoltas de medio punto
de roscas baquetonadas que descansan sobre cuatro columnas (una
desaparecida) rematadas en capiteles vegetales.

Más interesante es la puerta de los pies,
flanqueada por sendos arcos ciegos bastante recurrentes en el
románico gallego como se aprecian también en Ribas
de Miño, Diomondi, etcétera. Se compone de una chambrana
ajedrezada que abraza tres arquivoltas decoradas con baquetones
la interna, bolas la central, y una efectista solución
a base de arquillos de herradura rehundidos con huecos circulares
en las enjutas la más externa.

El tímpano es liso (seguramente con decoración
pictórica en origen), presidiendo en la actualidad una
imagen gótica de la Virgen María. Remata el imafronte
de la fachada occidental un ventanal de medio punto en el que,
como en la portada, se reproduce el guardapolvo ajedrezado, los
capiteles vegetales y las roscas animadas con bolas.

En definitiva, en Santa María de Herbón
nos encontramos con una de las construcciones rurales más
interesantes del románico gallego tanto por su magnífico
estado de conservación, como por su más que probable
filiación a talleres compostelanos de la segunda mitad
del siglo XII. Además, es una construcción que llama
la atención por su esbeltez y tendencia a la verticalidad,
rompiendo así con ese falso tópico de la horizontalidad
y el achaparramiento del románico.
