La
iglesia de Santo Tomás Cantuariense es uno de los
numerosos templos románicos que atesora la ciudad de Salamanca.
Lo que sucede es que esta bellísima ciudad
posee tantos alicientes monumentales (dos catedrales, innumerables
iglesias, monasterios y conventos; fastuosos palacios, los edificios
de la Universidad...) que la mayoría de los turistas, salvo
por la Catedral Vieja, no suelen percatarse del repertorio románico
que posee.
La citada iglesia está ubicada al este de
la capital salmantina, junto al Paseo de Canalejas que es una
de las principales arterias de la ciudad.

Su advocación, Santo Tomás Cantuariense,
es en honor del obispo de Canterbury Santo Tomás Becket
asesinado en 1170 por sicarios del rey ingles Enrique II. Muy
poco después fue canonizado y en toda Europa se dedicaron
iglesias en memoria del nuevo mártir.

Un autor indica la fecha de construcción de
Santo Tomas Cantuariense en 1175, teniendo como maestros a Ricardo
y Randulfo. Sin embargo, la arquitectura del edificio y uno de
los capiteles parecen retrasar su edificación a finales
del siglo XII o comienzos del XIII.

El proyecto de construcción contemplaba, seguramente,
un edificio de tres naves, transepto no acusado en la planta y
una cabecera triabsidal escalonada.

Probablemente por problemas económicos u otras
razones desconocidas, cuando se termino el transepto se decidió
rematar el templo con una solitaria y corta nave. Posteriormente,
en el siglo XVI se adosó a los pies una torre-pórtico
de aspecto muy macizo que no desentona demasiado con la construcción
románica.

Todo el edificio está construido en sillería
de piedra arenisca de color ocre anaranjado, tan habitual en los
monumentos salmantinos.

Exterior
Del exterior, lo más destacable es su monumental
y armónica cabecera de tres ábsides. El central,
más alto y profundo que los colaterales, tiene contrafuertes
y un ventanal en la calle central. También posee dos arcos
ciegos que imitan una ventana en los costados norte y sur. Los
ábsides laterales, más sencillos también
disponen de ventanales en el centro de los hemiciclos.

Los canecillos del templo son geométricos
en la cabecera y más figurados en el resto: cabezas humanas
y zoomorfas, además de hojas, rollos, etc. Se muestra una
gran rudeza en estas esculturas, además de un gran desgaste.

La puerta románica es la del costado norte.
No es monumental, más bien podríamos calificarla
de pequeña y sencilla. El vano es estrecho y se encuentra
rodeado de arquivoltas apuntadas de perfil abocelado. Los apoyos
son dos parejas de columnas. Por encima hay un tejaroz con siete
canecillos. Todo parece muy restaurado por el aspecto nuevo de
la piedra, menos los capiteles de las columnas que son los originales
y están muy desgastados.

Interior
Una vez en el interior apreciamos que el volumen
de la iglesia no es tan grande como se presumía desde el
interior. La cabecera se comunica con la nave del transepto mediante
arcos triunfales muy apuntados.

Los tramos absidales se cubren con bóveda
de cuarto de esfera y los presbiterios con medio cañón.
Los brazos del transepto también tienen bóveda de
medio cañón.

El crucero es interesante porque su cubrición
corresponde a lo que se conoce como bóveda aquitana, es
decir una bóveda cupuliforme con nervios (en este caso
ocho) cuya plementería se dispone en hiladas circulares
concéntricas. Recuerda mucho al abovedamiento de las naves
laterales de la Colegiata de Toro.

Cuatro de los nervios surgen de ménsulas decoradas
con cabezas humanas de grandes pómulos.

Sin embargo, la modesta nave se cubre con techumbre
de madera.
Los capiteles de los arcos triunfales y torales son
vegetales todos menos uno que muestra un combate entre dos guerreros
a caballo. Uno es cristiano por llevar un escudo gotiforme alargado
y el otro es un musulmán con rodela (escudo circular).
Probablemente este capitel imita a uno mucho más fino que
se encuentra en el interior de la Catedral Vieja de idéntica
temática.

Como decíamos, el resto de capiteles es de
motivo vegetal, aunque los hay de distintos diseños y calidades.
También hay que fijarse en los cimacios de dichos capiteles
que muestran motivos como palmetas, zigzag, ajedrezado, tallos
vegetales ondulantes, etc.