Guía del Museo - Tesoro de la Catedral
de Girona
Introducción
El
Museo-Tesoro de la Catedral de Girona alberga una colección
excepcional de arte de distintas épocas y técnicas.
Se expone desde 1951 en las salas capitulares
de la Catedral de Girona, construidas en el siglo XVIII, en las
que encontraremos desde un bellísimo conjunto de cruces
procesionales góticas, todavía en uso; manuscritos,
orfebrería andalusí e incluso textiles, siendo el
románico Tapiz de la Creación su obra más
famosa.

Algunas de las obras más importantes
desde el punto de vista artístico e histórico son:
Vitral de la Descubierta
Se trata de la vidriera figurativa más
antigua de Cataluña, descubierta durante la restauración
del retablo de 2019, detrás del cual llevaba oculta más
de cinco siglos.
Los paneles superiores e inferiores datan de
principios del siglo XIII y representan la Anunciación,
la Visitación, la Natividad, la Adoración de los
pastores, la Epifanía, la Flagelación y la Crucifixión
de Jesús.
En los centrales, datados en el siglo XIV y
de una calidad superior dentro del conjunto europeo, se representa
a San Martín y la Estigmatización de San Francisco
de Asís.
Biblia de Carlos V
Se trata de una Biblia italiana del siglo XIV
con abundantes miniaturas y finísima decoración
de oro bruñido, obra de Bernardino de Módena. Tiene
un total de 536 páginas escritas en letra gótica.
Fue comprada por el rey Carlos V de Francia al convento de Saint
Lucien de Beauvais, pasando a la biblioteca del Palacio del Louvre
y posteriormente, en 1383 a la del duque de Berry, ávido
coleccionista y comisionador de manuscritos. Años más
tarde, fue donada a la colección particular del Papa Luna
(Benedicto XIII) y tras su muerte en 1422, está se vendió
en Valencia al mejor postor.
La Biblia fue entonces adquirida por el obispo
Dalmau de Mur (1415-1419), quién la donará por testamento
a la catedral de Girona en 1456, dando cuenta de la predilección
que sentía por la seo gerundense a pesar de haber alanzado
el cargo de arzobispo de Zaragoza.
Imagen de San Carlomagno
No hay duda de que esta imagen de alabastro
policromado es una pieza clave de la escultura gótica catalana,
pero más allá de su sentido artístico, debemos
considerar su importancia simbólica e histórica.

La identidad del efigiado aún es una
incógnita que se pierde en la leyenda. Ha llegado hasta
nosotros como un fiel retrato del propio Carlomagno, pues su culto,
instaurado en 1345 por el obispo Arnau de Montrodon, fue muy popular
en la Girona del siglo XIV al considerársele el fundador
de la catedral, hasta su abolición en el siglo XIX. Prueba
de esto es su posición predominante en la Capilla de los
Santos Mártires, donde ha permanecido desde que fue realizada.
En este caso, la imagen gerundense, que porta los escudos heráldicos
aragoneses constituiría un unicum dentro de la estatuaria
carolina.

Sin embargo, lo más probable es que
el supuesto Sant Carlemany no sea tal, sino el rey Pedro el Ceremonioso,
monarca que llevó a Gerona a una etapa de esplendor urbano,
artístico y eclesiástico. Se ocupó, entre
otras cosas, de ensanchar la muralla de la ciudad, de dignificar
los enterramientos de sus predecesores Ermessenda y Ramón
Berenguer II en la nueva cabecera de la catedral y de construir
los panteones reales de Poblet.
Esta plenitud atraerá a numerosos artistas
a Gerona, que por su cercanía a las canteras de alabastro
de Beuda se convertirá en la sede de los mejores talleres
escultóricos que realizaban encargos institucionales. En
las obras producidas en estas escuelas veremos que se sintetizan
las influencias del naturalismo gótico francés y
los manierismos catalanes.

La autoría de esta pieza también
está cuestionada debido a la falta de documentación.
Tradicionalmente se ha atribuido a Jaume Cascalls, prolífico
escultor que trabajó en otras sedes catalanas como Ripoll,
Poblet, Lleida o Tarragona.
No obstante, nuevas investigaciones la atribuyen
al francés Aloi de Montbrai, artista predilecto de la Corona
de Aragón que realizó para Gerona el sepulcro de
San Daniel, la silla episcopal del coro de la Seu y el famoso
Cristo yacente de Sant Feliu. La minuciosidad de los cabellos,
los pliegues de las vestimentas, la complexión del cuerpo
o la expresión perdida de ambas tallas parecen ser obra
de la misma mano.
Es muy probable que estos dos artistas trabajaran
asociados en algún momento a lo largo de su carrera, por
lo que resulta difícil otorgar la autoría de esta
pieza a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que conforman
el núcleo de la renovación de la escultura gótica
en Cataluña.
Arqueta de Hixem II
Debemos situarnos en los inicios de la catedral
románica, cuya rápida construcción y consagración
(1038) da cuenta de la potencia económica de los emergentes
condados catalanes. Estos van a convertirse en una encrucijada
de culturas, interesándose por el cercano mundo andalusí
y por la cultura clásica, siendo Córdoba, Roma,
Venecia y Santiago de Compostela sus principales referentes artísticos.

Parece casualidad que, mientras en el Monasterio
de Tábara se dan las últimas pinceladas a los Comentarios
del Apocalipsis del Beato de Liébana (975), en Córdoba
se esté acabando la arqueta de Hixam II (ca. 976), piezas
que acabarían ambas, aunque por caminos muy distintos,
en la Seu de Girona, donde ejercerían una influencia artística
muy relevante.

La arqueta de Hixem II fue encargada al orfebre
judío Juda ben Botsla por el califa Al-Hakam II como regalo
para su primogénito. Está realizada en plata dorada
con exuberante decoración vegetal y epigrafía cúfica,
en la que se puede leer:
La arqueta fue traída a Gerona por la
expedición del conde Ramón Borrell y Ermengol I
a Córdoba para sellar pactos de colaboración con
los califas tras las revueltas acontecidas al morir Hixem II,
aunque nunca sabremos si fue fruto de la amistad o de un saqueo.
Otras arquetas
En una de las vitrinas del Museo - Tesoro de Girona
se guardan y exponen nada menos que un total de nueve arquetas
medievales cuyo origen abarca un arco temporal de varios siglos,
desde el XII al XV, siendo varias de ellas de indudable origen
andalusí.

Beato de Gerona
El llamado Beatus de Gerona recorrería
un largo camino antes de ser depositado en la catedral. Es posible
que llegara hasta Cataluña a través del Camino de
Santiago. Lo que es seguro es que en 1078 ya estaría en
manos del canónigo Joan, quien lo dona a la seo gerundense.

Está compuesto por 284 folios escritos
en letra visigótica. La última página esta
rubricada por lo que conocemos la fecha, 6 de julio de 975; el
promotor, el Abad Dominico; y a los autores, el monje Emeterio
y la monja Ende, considerada la artista femenina documentada más
antigua.

De las 29 copias que se conservan del Beato,
este es sin duda el más rico por su abundante policromía,
el uso del oro y la plata y por las influencias que en él
se observan, no solo hispánicas, sino coptas e incluso
persas.

A finales del siglo XI, se copiaría
en Girona un nuevo códice del Beato que acabará
en Turín: una obra plenamente catalana en la que observamos
las influencias de los scriptoria regionales más importantes,
como Sant Pere de Rodes.
Tapiz de la Creación
Completa el triángulo de las maravillas
catedralicias el famoso bordado de la Creación, del que
no conocemos fecha, origen ni uso original con precisión.
Si sabemos que estaba en la catedral al mismo tiempo que se iluminaba
el Beato de Turín, pues este parece beber iconográficamente
del tapiz.

El bordado nos presenta un complejo mensaje
narrado mediante escenas bíblicas y alegorías.

En la rueda central se desarrolla el Génesis
a partir de la Palabra de Dios. En las ruedas circundantes se
despliega un calendario, y en la parte inferior, el ciclo de Santa
Elena en busca de la Vera Cruz.

Aunque su autor es desconocido, podemos afirmar
que se trataba de un verdadero hombre de cultura pues hace gala
de profundos conocimientos teológicos y filosóficos,
con una fuerte carga tanto artística como ideológica,
romana, bizantina e incluso carolingia.

Cruces procesionales y custodia
La más valiosa cruz procesional expuesta
en el Museo - Tesoro de Girona es la llamada Cruz de los Esmaltes.
Se trata de una obra gótica de mediados del siglo XIV atribuida
al orfebre Pere Bernes. Es una delicada obra de madera, plata
dorada y esmaltes.

Otra bella cruz gótica es "la de los
Confraries". Más sencilla en cuanto a los elementos
decorativos que la anterior, sobresale por haberse aprovechado
un camafeo romano y por las numerosas piedras preciosas y semipreciosas
engastadas como cabujones.

El Museo Tesoro de Girona también guarda una
espectacular custodia ostensorio del Corpus Christi de época
gótica (siglo XV). Está elaborada con plata sobredorada
y decorada con piedras preciosas y semipreciosas, además
de esmaltes.

Otras obras
Entre las muchas obras expuestas en el Museo,
nosotros nos quedamos con las espectaculares y bellísimas
cubiertas de madera de un evangeliario del siglo XI.

Quedan representados con gran armonía y simetría
los pasajes bíblicos del Calvario y la Ascensión
de Cristo a los Cielos.

