Ruta
del Císter en la frontera de Castilla y Aragón:
Molina de Aragón, Monasterio de Piedra y Santa María
de Huerta
En
esta zona interior de España del Sistema Ibérico,
escasamente habitada y con la particularidad de ser gozne de unión
entre tres provincias y tres comunidades, el viajero puede darse
un buen trago de lo que fue la arquitectura religiosa predominante
en la primera mitad del siglo XIII dominada por los monasterios
del Císter y su peculiar concepto de la arquitectura.

Partiremos
de la encantadora y monumental Molina de Aragón en Guadalajara
para haciendo una ruta sur - norte alcanzar tierras aragonesas
y llegar al Monasterio de Piedra. Luego nos acercaremos al Monasterio
de Santa María de Huerta, ya en Soria. Todo en un recorrido
no demasiado largo y con encantos monumentales y paisajísticos
de primer orden.
Molina
de Aragón tiene diversos restos de estilo románico
pero es la iglesia de Santa Clara su principal protagonista. Toda
ella muestra la inequívoca huella del mundo cisterciense
Presenta
una inacabada nave, crucero acusado en planta y cabecera dividida
en presbiterio recto y ábside semicircular. con seis haces
de triples columnas sobre altos plintos.

La gran
portada principal se abre en el hastial del brazo sur del crucero
y cuenta con tejaroz soportado por canecillos y metopas de tipo
segoviano. Tiene cinco arquivoltas y guardapolvos con puntas de
diamante.
Los apoyos
lo constituyen cinco pares de columnas esbeltas y elegantes sobre
altos plintos con capiteles alargados de fina decoración
vegetal y ábacos moldurados.
Hacia
el norte pasaremos por Rueda de la Sierra. Su iglesia de
Nuestra Señora de las Nieves tiene una puerta románica
tapada (pedir llaves) de elegantes proporciones con arquivoltas
con entrelazos y puntas de diamante. La siguiente escala es Tartanedo
con una puerta semejante a la anterior. Hinojosa es el
siguiente punto. Su ermita de Santa Catalina es un hermoso monumento
románico rural con cabecera, portada y galería porticada...¡
Una pequeña joya!
Labros
es la última escala en Guadalajara. En su iglesia arruinada
queda una puerta muy bien labrada de arquivoltas semicirculares
y capiteles historiados.
Nos
dirigimos al Monasterio de Piedra. Uno de los lugares más
visitados de Aragón, sobre todo por los jardines y cascadas
generadas por el río Piedra.
Fundado por Alfonso II
en 1164 con monjes de Poblet y realizadas sus obras en 1195 hasta
finalizada en 1218.
Se accede por una muralla
medieval de la que sobresale la espectacular torre del homenaje.
La iglesia de tres naves y crucero está muy arruinada quedando
importantes partes de la cabecera que tiene cinco ábsides
y la puerta de aspecto tardorrománico y arcos apuntados.
El
claustro es decididamente gótico con bóvedas de
crucería y arcos apuntados. La Sala Capitular es probablemente
lo más valioso. De plata cuadrada, las bóvedas son
de crucería sobre pilares fasciculados en el centro (con
pintura original) y apoyos en los muros en forma de ménsulas.
También es espectacular la comunicación de la Sala
con el claustro mediante arcos bíforos apuntados con óculos
y multitud de elegantes columnas con crochets.
Tampoco debemos dejar
de ver la cocina, el refectorio y la cilla.
Inevitablemente, una vez
seguida la ruta guiada por el monasterio cisterciense pasaremos
a admirar el impresionante Parque Natural.
A no muchos
kilómetros hacia el este alcanzamos la provincia de Soria
para ver el Monasterio de Santa María de Huerta
es uno de los más importantes monumentos de toda la provincia
y a pesar de que su carácter románico es muy tardío
evolucionando hacia el pleno gótico, la buena conservación
de varias de sus dependencias permiten al visitante, como en pocos
lugares, hacerse una idea de lo que supuso un complejo monástico
cisterciense en el siglo XIII. Se trata de un monasterio cisterciense
edificado en la segunda mitad del siglo XII, pero a sus dependencias
fueron añadiéndose otras más modernas de
transición o ya plenamente góticas. La iglesia puede
considerarse románica, aunque con las innovaciones protogóticas
que trajo la Orden del Císter.

Tiene
tres naves con transepto y ábside principal semicircular
y otros cuatro absidiolos más pequeños rectangulares.
Impones exteriormente su gran fachada occidental con enorme portada
de seis arquivoltas decoradas con zigzag, arquillos y el guardapolvos
de puntas de diamante. Seis pares de columnas de hojas estilizadas
forman los apoyos. Por encima se encuentra el un gran rosetón
de cuatro roscas con puntas de diamante y doce columnillas radiales
que enlazan con arquillos.
Otra dependencia
románica es el refectorio de los conversos con dos naves
abovedadas con crucería sobre una fila de grandes columnas
exentas con capiteles de piñas.
La Cilla
era la bodega y es una nave rectangular soportada por arcos de
medio punto que llegan hasta el suelo.
No debemos dejar de visitar el resto de
dependencias del monasterio, que no por ser de estilo románico,
son de una gran hermosura.