La ciudad de Tarazona se sitúa en el
extremo occidental de la provincia de Zaragoza, a unos 85 kilómetros
de la capital y en una estratégica posición prácticamente
lindante con las vecinas comunidades autónomas de La Rioja,
Navarra y Castilla y León.
Presidida
por la imponente y mítica mole del Monte Moncayo, con sus
más de 2300 metros de altitud, la morfología urbana
de Tarazona queda marcada por el cauce del río Queiles, el
cual, divide la ciudad en dos partes bien diferenciadas: la conocida
como "el Cinto" escalonada sobre la ladera, y la zona
de la vega o las huertas, fruto de su expansión urbana bajomedieval.
Al igual que varias urbes de entorno como la soriana
Ágreda o la navarra Tudela, Tarazona acogió durante
varios siglos en un clima de relativa armonía y convivencia
a población cristiana, musulmana y judía; lo que unido
a su inherente personalidad fronteriza y al hecho de haber sido
desde fechas antiquísimas sede episcopal, le ha permitido
conservar un interesantísimo patrimonio cultural y monumental
declarado Conjunto Histórico-Artístico desde 1965.
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"El conjunto monumental de Tarazona"
Breve aproximación histórica
Pese a atribuírsele un origen legendario asociado
a la figura bíblica de Tubalcaín (reflejado incluso
hoy en el propio escudo de la localidad), los primeros testimonios
fehacientes de un asentamiento estable población íbera
en la actual Tarazona se remontan a siglo I antes de Cristo.
Durante la dominación romana y bajo el nombre
de Turiaso, se convertiría en una importante población
de paso en la vía que comunicaba Ceasaraugusta (Zaragoza)
con Asturica Augusta (Astorga), hasta el punto de que sus habitantes
llegaron a gozar de la ciudadanía romana de pleno derecho
e, incluso, se llegó a acuñar moneda propia.
Tras la caída del Imperio, Tarazona fue distinguida
como sede episcopal visigoda desde mediados del siglo V, quedando
extinta de raíz tras la ocupación musulmana de la
ciudad hacia el año 714.
Tras la reconquista de Zaragoza a manos del monarca
aragonés Alfonso I el Batallador, Tarazona pasó a
integrarse en la Corona de Aragón, acogiendo importantes
contingentes repobladores al amparo de ventajosos fueros, siendo
inmediatamente restituida la sede episcopal y viviendo un primer
momento de esplendor traducido en una notoria expansión urbana
hacia las vegas circundantes, donde a mediados del siglo XII comenzó
a levantarse su nueva catedral.
La Baja Edad Media turiasonense estuvo marcada por
la peste y por la los efectos de la Guerra de los Dos Pedros, circunstancias
ambas que mermaron notablemente la población de la ciudad,
la cual, sufriría un nuevo golpe demográfico con el
decreto de expulsión de los moriscos, muy abundantes entonces
tanto el la ciudad como en la comarca.
Con la definitiva unión entre Castilla y Aragón,
Tarazona perdió su razón de ser fronteriza, experimentando
desde entonces un paulatino desarrollo que, tras su activa participación
en la Guerra de Sucesión a favor del monarca Felipe V y los
privilegios con que éste recompensó su fidelidad,
acabaron por convertirle, tras Zaragoza, en la segunda ciudad más
importante de la región.
En la actualidad, pese a acusar su relativo aislamiento
respecto a los principales ejes de comerciales y de comunicaciones,
y al indudable poder de atracción de la cercana Tudela, la
población de Tarazona se ha estabilizado en torno a los 11.000
habitantes, siendo, además de sede episcopal, una de las
cabezas de Partido Judicial de la provincia de Zaragoza.
Principales monumentos de Tarazona
La Catedral
Dedicada a Santa María de la Huerta, la de Tarazona
es una de las catedrales más desconocidas de la geografía
española, circunstancia en la que ha tenido mucho que ver
el hecho de haber permanecido cerrada durante los últimos
30 años debido a sus gravísimos problemas estructurales
por fin solventados.
Situada extramuros en la zona de las vegas del río
Queiles, fuera por tanto del núcleo urbano principal conocido
como "el Cinto", fue erigida sobre un solar en el que,
recientes estudios en el contexto de sus obras de rehabilitación,
han revelado la existencia de una construcción preexistente
de época romana.
Consagrada en el año 1232, constituye uno de
los ejemplos más puros de gótico francés no
solo en Aragón, sino en toda la Península Ibérica,
siendo equiparable, al menos en lo estilístico, a grandes
catedrales españolas como Burgos y Toledo.
Tras sufrir graves daños durante la Guerra de
los Dos Pedros, la catedral fue sometida a un profundo proceso de
renovación, empleándose para tal fin el estilo mudéjar,
cerrándose las naves, concluyéndose las capillas laterales,
y erigiéndose un magnífico cimborrio y una espectacular
torre campanario. Igualmente, el primitivo claustro sería
sustituido por uno nuevo -también de factura mudéjar-
y enriquecido con celosías de yeso de auténtica filigrana.
Bien entrado el siglo XVI y con el fin de adecuar la
construcción a los gustos renacentistas, el interior del
templo fue sometido a un concienzudo proceso de ornamentación
de la mano del Maestro Alonso González, apareciendo entonces
efectistas policromías arquitectónicas, florones dorados
o grisallas de temática mitológica de extraordinaria
calidad.
Otra de las obras maestras es su excepcional claustro
mudéjar de ladrillo, decorado con celosías de yeso
de dibujos distintos para todos los tramos.
Iglesia de la Magdalena
La iglesia de La Magdalena se yergue en pleno Cinto
de Tarazona, muy cerca de la Judería y prácticamente
contigua al Palacio Episcopal. Algunos estudiosos sitúan
en el solar de La Magdalena la primera catedral visigoda de la ciudad,
la cual, durante los siglos de la dominación árabe,
sería transformada en la mezquita aljama.
A simple vista, son reconocibles en La Magdalena dos
fases constructivas claramente diferenciadas: una primera tardorrománica
que se manifiesta en la cabecera y en el arranque de la torre, y
una segunda ampliación mudéjar en la que fue reconstruido
el cuerpo de naves y su torre campanario.
La cabecera, levantada en sillería de buena
calidad, presenta una estructura triabsidial, siendo semicircular
el central, y de testero recto los laterales, con la particularidad
de que, al interior, dichas absidiolas sí reproducen la forma
de hemiciclo de tambor.
Su austeridad es extrema, posiblemente como consecuencia
de la influencia cisterciense del cercano monasterio de Santa María
de Veruela
El cuerpo de naves, tres en total, se cubría
en origen con techumbre de madera, sin embargo, tras una nueva intervención
durante la decimoctava centuria, las naves fueron sobreelevadas
y solventadas con bóvedas de lunetos. En los años
60 del siglo XX, una restauración permitió que fuera
redescubierta la primitiva techumbre de parhilera de la nave norte.
El único ábside románico que se
ha conservado en su estado original es el septentrional con las
características bóveda de medio cañón
apuntado en el presbiterio y cuarto de esfera para el ábside.
También se conservan algunas columnas y capiteles decorados
con sencillísimos motivos vegetales y geométricos.
La principal seña de identidad de la iglesia
de La Magdalena es su torre campanario, cuya considerable esbeltez,
la hace visible desde prácticamente cualquier punto de la
ciudad.
Consta de un primitivo basamento pétreo de cronología
románica sobre el cual, fueron elevados los tres cuerpos
del campanario mudéjar. De planta cuadrangular y siguiendo
la tradición aragonesa al estilo de los alminares almohades
de machón central, escalera y caja muraria; presenta al exterior
interesantes formulaciones decorativas geométricas en convivencia
con pequeños detalles a base de platos cerámicos vidriados
y policromados.
Iglesia de San Francisco
Los orígenes de la iglesia de San Francisco
se remontarían al siglo XIII, habiendo acogido en 1329 la
boda real entre Alfonso IV de Aragón y Doña Leonor
de Castilla. Sin embargo, de aquella primitiva construcción
apenas se han conservado vestigios, ya que entre finales del siglo
XV y principios del siglo XVI fue reconstruida en su totalidad.
Forma parte de un antiguo convento franciscano, del
cual, sobrevive aún en la actualidad su claustro mudéjar.
También mudéjar es la torre campanario, de planta
cuadrangular en su cuerpo bajo y ochavado en los dos pisos superiores.
Los elementos de mayor interés se concentran
en la zona cabecera, donde fueron desplegados los típicamente
mudéjares repertorios decorativos a base de fórmulas
geométricas y dientes de sierra, recordando en cierta medida
a los existentes en el propio edificio catedralicio.
Palacio Episcopal
Entre la ya tratada iglesia de La Magdalena y la Judería,
el Palacio Episcopal de Tarazona fue levantado sobre los restos
de la primitiva zuda musulmana, iniciándose su construcción
durante los últimos años del siglo XIV.
Al exterior e incluso desde la lejanía, llama
la atención por su enorme volumen, el cual, con cierto aire
de fortaleza, domina todo el área del Cinto, pudiendo observarse
desde sus belvederes amplísimas panorámicas tanto
del ensanche de la ciudad, como del majestuoso monte Moncayo.
En su fachada occidental, contiguo a su ángulo
sur, fue realizado un interesante cuerpo decorativo a modo de retablo
de dos cuerpos y tres calles en los que, dentro de hornacinas, presiden
el conjunto los santos Gaudioso y Prudencio, flanqueados ambos por
alegorías de las virtudes y bustos de diferentes personajes
masculinos y femeninos muy deteriorados.
Al interior, las diferentes estancias se estructuran
en torno a un angosto patio central, desde el cual, a través
de un bellísimo cuerpo de escaleras rematado por una cúpula
obra del arquitecto italiano Pierto Morone, se accede a la conocida
como Sala de los Obispos, en cuyas paredes y partiendo de San Pedro,
aparecen retratados todo los mitrados de la historia de la sede
episcopal turiasonense.
Judería
Como varias localidades del entorno, Tarazona contó,
hasta su expulsión, con una importante comunidad judía
cuya personalidad aún queda patente en un conjunto de calles
entre el Ayuntamiento y el Palacio Episcopal.
Se caracteriza la Judería por su red de estrechísimas
y tortuosas callejuelas desde las que se accede a las distintas
viviendas, algunas de ellas, conservando algunas de sus celosías
y patios laterales.
De personalidad propia son las llamadas "casas
colgantes de la judería", un grupo de viviendas literalmente
colgadas para, acomodadas a la ladera, aprovechar el mayor espacio
habitacional posible.
Otros edificios de interés
Otro de los monumentos señeros de Tarazona es
el actual edificio del ayuntamiento, construido con función
de Lonja entre 1557 y 1563 en la Plaza Mayor o del Mercado, para
lo cual, parte de su estructura hubo de apoyarse sobre la, ya por
aquel entonces, obsoleta muralla defensiva de la ciudad.
En origen, respondía al modelo de edificio público
civil de la Corona Aragonesa, con cuerpo bajo soportalado y rematado
en su último nivel superior por la tradicional galería
de arcos.
Profundamente reformada en distintas etapas con el
fin de ser adecuada a su nueva finalidad, el elemento más
destacado es el friso escultórico que, entre el segundo piso
y la balconada, reproduce la Marcha de Carlos V tras su coronación
como emperador del Sacro Imperio Germánico en la ciudad italiana
de Bolonia.
Muy cerca de la catedral, justo detrás del barroco
santuario de la Virgen del Río, patrona de Tarazona, ha sobrevivido
la plaza de toros vieja; un coso de planta octogonal que, hasta
1870, acogió los festejos de la localidad y que, en la actualidad,
ha sido rehabilitado como un bloque de viviendas en torno a una
pintoresca plaza.
Otras iglesias de interés conservadas en Tarazona
son las de San Miguel, de estilo mudéjar; la barroca de San
Atilano, levantada sobre el solar en el que se dice nació
este santo oriundo de la propia Tarazona; la iglesia del Carmen,
antiguo convento carmelita; o la de La Merced, obra también
barroca y de ladrillo. También hay que citar la torre mudéjar
del antiguo Convento de la Concepción, construida sobre un
cubo de la muralla, con decoración de rombos y frisos de
esquinillas.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)