El
Camino del Cid en Castellón
Introducción
a la Guía monumental del Camino del Cid en Castellón
La
de Castellón es la primera de las tres provincias valencianas
que, según el Cantar, atravesó Rodrigo Díaz
de Vivar en su Camino del Destierro hacia Valencia.
Son en total,
sumando la vía principal más anillos y ramales,
nada menos que 300 los kilómetros que la ruta cidiana recorre
por tierras castellonenses, todos ellos a través de maravillosos
paisajes y atravesando localidades de enorme interés histórico
y artístico.
El Camino
del Destierro propiamente dicho ingresa en la provincia de La
Plana a la altura de Puebla de Arenoso, desde donde desciende
a través de las tierras del Alto Mijares y del Alto Palancia
para, pasado Sot de Ferrer, acceder a la vecina Valencia camino
de la importante plaza de Sagunto, ya en el litoral Mediterráneo.

Además
del camino principal, la ruta cidiana por tierras de Castellón
se complementa con dos anillos temáticos como son el del
Maestrazgo y el de Morella (ambos compartidos con la limítrofe
Teruel), y un ramal que, paralelo a la costa, concluye en la capital
provincial.
El primero
de ellos es el conocido como Anillo del Maestrazgo, el cual, a
la altura de Rubielos de Mora, aún en tierras turolenses,
asciende por las gélidas parameras de Gúdar - Javalambre
en dirección norte para, a la altura de Villafranca del
Cid, en pleno Alto Maestrazgo, acceder a la provincia de Castellón.
A partir de Villafranca, el anillo emprende dirección sur
al encuentro de la histórica Onda, desde donde la vía,
a partir de ahora con rumbo noroeste, acaba por unirse de nuevo
al Camino del Destierro a la altura de Montanejos.

Desde el propio
Anillo del Maestrazgo, justo desde la frontera entre las provincias
de Teruel y Castellón, parte un segundo anillo conocido
como de Morella. Al igual que en el anterior, los primeros kilómetros
del mismo tienen como escenario el territorio turolense hasta
que, superada la localidad de Mirambel, penetra en Castellón
para atravesar entre otras, las históricas poblaciones
de Olocau del Rey, Morella, Cinctorres y Portell.
Por último,
se completa la ruta cidiana por la provincia de La Plana con el
denominado Ramal de Castellón, el cual, partiendo de Sagunto
y cruzando Almenara, Chilches, Nules, Burriana y Vila-Real, culmina
en la propia capital provincial.
El
Camino del Destierro
Abandonas
las tierras turolenses, la ruta cidiana ingresa en la provincia
de Castellón siguiendo el Camino del Destierro a través
de la localidad de Puebla de Arenoso, desde donde siguiendo dirección
sureste y atravesando poblaciones como Montán, Montanejos
y Caudiel, llega al encuentro de las históricas plazas
de Jérica y Segorbe, ambas explícitamente referenciadas
en el Poema.

Tras ellas,
y rebasadas también Altura y Navajas, sólo unos
pocos kilómetros separan de los límites provinciales
valencianos en dirección Sagunto, no sin antes atravesar
Geldo, Soneja y, por último, Sot de Ferrer.
Puebla
de Arenoso
Puebla de
Arenoso, enclavada en un paraje de enorme belleza junto a uno
de los brazos del Embalse de Arenós, constituye una magnífica
bienvenida con la que la provincia de Castellón recibe
al visitante.
Conserva Puebla
un coqueto casco urbano de claro sabor medieval cuyo punto culminante
es, sin duda, la curiosa plaza mayor de forma triangular en la
que se ubican tanto la iglesia parroquial como el edificio del
ayuntamiento.

Coronando
uno de los numerosos y escarpados cerros que rodean la población,
se adivinan los restos del castillo de Arenós o de La Viñaza,
fortificación cuyo origen se remontaría a la dominación
árabe y que, tras la reconquista cristiana por parte de
Jaime I, sería remodelado y ampliado funcionando como estratégico
bastión fronterizo.
Caudiel
Superadas
Montán y Montanejos, ésta última punto de
unión entre el Camino del Destierro y el Anillo de Morella
que a continuación abordaremos, el Camino del Cid alcanza
Caudiel, enclave en el cual, gracias a los numerosos restos prehistóricos,
ibéricos y romanos hallados en su término, ha podido
constatarse presencia humana desde fecha remota.
La actual
trama urbana caudielense deja bien a las claras su pasado musulmán,
cuya población árabe, incluso tras caer en manos
cristianas a manos de Jaime el Conquistador, pudo mantenerse en
la localidad bajo la protección del monarca.

Sobre el solar
en el que se hallaría la primitiva mezquita aljama, fue
levantada la iglesia parroquial de San Juan Bautista, cuya configuración
y sus personalísimas cúpulas, deja bien a las claras
la proximidad del Mediterráneo.
Jérica
La histórica
Jérica, en plena comarca del Alto Palancia, es la primera
de las poblaciones castellonenses del Camino del Cid que aparece
explícitamente mencionada en el Cantar, siendo citada nada
menos que en tres episodios: en su conquista, como lugar de reclutamiento
de soldados de cara a la Batalla de Murviedro, y en el pasaje
en que Alvar Fáñez enumera las conquistas del de
Vivar al rey Alfonso VI implorando que ponga fin a su destierro.

Fuertemente
fortificada en época medieval, conserva Jérica,
coronando el monte Peña Tajada, la conocida como Torreta,
el único de los numerosos torreones defensivos y de vigía
que jalonarían la población llegado a nuestros días.
Sin embargo,
el verdadero icono de la localidad es la llamada Torre de las
Campanas, construcción dieciochesca concebida a la manera
de los campanarios mudéjares aragoneses y que, a su vez,
se levanta sobre un pequeño fortín de planta pentagonal
dotado de torres esquineras.

Además
de la barroca iglesia parroquial de Santa Águeda, completa
el patrimonio monumental jericano la muchas veces ignorada ermita
de Santa Águeda la vieja o de San Roque, erigida en el
siglo XIII sobre una antigua mezquita y que, tras quedar inacabada,
fue remodelada y ampliada durante la decimocuarta y decimoquinta
centuria, adscribiéndose a esta segunda fase su monumental
cabecera poligonal abierta en un agudo ventanal apuntado.
Navajas
y Altura
Navajas y
Altura son dos pequeñas poblaciones atravesadas por la
ruta cidiana muy próximas ya a Segorbe. En la primera de
ellas, su monumento más reseñable es la llamada
Torre de Altomira, construcción defensiva de origen árabe
en la que llama la atención su planta circular y su coronamiento
a base de almenas triangulares.

A pocos kilómetros
se encuentra la localidad de Altura, en cuyo término municipal
se encuentran las venerables y consolidadas ruinas de la Cartuja
de Valdecristo, fundada en el siglo XIV y que, tras la Desamortización
de Mendizabal, quedó abandonada y arruinada, pudiendo aún
hoy observarse los restos del primitivo conjunto formado por la
Iglesia Mayor o de Nuestra Señora de los Ángeles,
y la de San Martín.
Segorbe
La ciudad
de Segorbe, capital del Alto Palancia, aparece también
referenciada en el Cantar del Cid como plaza musulmana en la que
acamparían las huestes del rey Tamín de Valencia
camino de la fortaleza zaragozana de Alcocer, recién conquistada
por las tropas cidianas.
Declarada
Bien de Interés Cultural en el año 2002, Segorbe
es una de las localidades castellonenses con mayor densidad patrimonial,
fruto principalmente de un estratégico emplazamiento que
no pasaría desapercibido para íberos, romanos, visigodos,
musulmanes y cristianos; civilizaciones cuyo paso es apreciable
tanto en el propio casco urbano como en su término municipal.

Su primitiva
muralla medieval, levantada entre los siglos XII y XIII, rodearía
por completo el núcleo antiguo, conservándose aún
además de varios lienzos, el arco de la Verónica
y las torres circulares llamadas de la Cárcel y del Verdugo,
situada ésta última junto a los restos del acueducto
primero musulmán y después cristiano que acometía
la traída de aguas desde los montes cercanos para el abastecimiento
de la población.
Fue Segorbe
sede episcopal visigoda hasta la entrada de los musulmanes, por
lo que, tras la reconquista cristiana, su mitra fue de nuevo restituida
erigiéndose, aneja a la muralla, una nueva catedral que,
con el paso de los siglos y debido principalmente a las nuevas
modas constructivas, fue objeto de numerosas reformas y ampliaciones.

De época
tardomedieval, conserva la seo segorbina la fachada oeste, algunas
capillas laterales cubiertas con bóvedas de crucería,
la torre, la sala capitular y el magnífico claustro trapezoidal;
cuya particular planimetría se explica porque para su construcción,
hubo de adaptarse al espacio que le permitía la muralla.
Digna de reseñar es también la magnífica
colección de pintura gótica valenciana depositada
en su interior.
Otros monumentos
que bien merecen una visita en Segorbe son la Fuente de los Cincuenta
Caños; el Palacio Ducal, hoy cumpliendo las funciones de
Ayuntamiento; o las iglesias de Santa María, San Martín,
San Pedro, y San Joaquín y Santa Ana.
Los últimos
kilómetros del Camino del Destierro por la provincia de
Castellón atraviesan las poblaciones de Geldo, Soneja y
Sot de Ferrer, todas ellas de origen musulmán y que caerían
en manos cristianas en tiempo de Jaime I el Conquistador.

De las tres,
en cuanto a patrimonio monumental se refiere, destaca Sot de Ferrer,
donde pervive un bellísimo palacio gótico del siglo
XIII con añadidos y ampliaciones en el XIV y el XV que
conserva, en una de sus fachadas, grupos de vanos ajimezados prototípicos
de la arquitectura civil medieval del Mediterráneo.
Anillo
del Maestrazgo
El llamado
del Maestrazgo es el primero de los dos anillos temáticos
de la ruta cidiana que recorren la provincia de Castellón.
Se inicia éste en la aún turolense población
de Rubielos de Mora, desde donde en dirección norte y a
través de paisajes de enorme belleza, penetra en Castellón
a la altura de La Pobla del Bellestar: un encantador hábitat
en el que puede admirarse una preciosa torre medieval, así
como un puente de la misma época que salva las aguas del
río Truchas, cuyo cauce sirve de frontera natural entre
ambas provincias.
Villafranca
del Cid
Villafranca
del Cid es la primera localidad de entidad con la que se encuentra
el Anillo del Maestrazgo en tierras de Castellón. Al igual
que en la mayoría de poblaciones que jalonan el Camino
por estas comarcas levantinas interiores, el interés de
Villafranca se divide entre su insuperable riqueza paisajística,
y la belleza de su entramado urbano, de claro sabor medieval.
Por su riqueza
artística, destaca por encima del resto de monumentos el
actual edificio del ayuntamiento, un soberbio palacio gótico
dotado de elegantes ventanales apuntados que, su vez, enmarcan
sendos vanos bíforos separados por parteluces.
La iglesia
parroquial, de notable dimensiones y dedicada al Salvador, es
un edificio de la segunda mitad del siglo XVI, mientras que son
varias las ermitas desperdigadas por su amplio término
municipal.

A escasos
kilómetros de Villafranca se sitúan las poblaciones
de Castellfort, con su ermita de Sant Pere (una de las más
antiguas de la Comunidad Valenciana); y Ares del Maestrat, amurallada
y coronada por la enorme mole pétrea sobre la que se asientan
los restos de su antaño inaccesible castillo.
Benasal
También
de orígenes antiquísimos, conserva Benasal parte
de su primitivo trazado urbano amurallado que delimitaba el núcleo
antiguo conocido como "La Mola" de sus ensanches y arrabales
posteriores. Se accede a él a través de un arco
de sabor arabizante cuyos orígenes se remontarían
a mediados del siglo XIII.
Además
de varias torres fortificadas como la Redona, la del Planet o
de la Presó, cuenta Benasal con un curiosísimo horno
comunal gótico magníficamente conservado. Fuera
del casco urbano, el Castillo del Corbó y la ermita de
San Cristófol dan buena muestra de la importancia y la
prosperidad de la localidad en tiempos medievales.

Culla
Pese ano aparecer
expresamente citada en el Cantar, es más que probable que
la actual Culla existiese ya a finales del siglo XI, por lo que
de ser así, no cabe duda de que el caballero castellano
atravesaría sus tierras Camino de Olocau y Morella.
De ese tumultuoso
pasado histórico cullano, marcado por numerosos conflictos
fronterizos entre las taifas de Lérida y Tortosa primero,
y entre almorávides y cristianos después, se conservan
los restos de su castillo parcialmente destruido durante las guerras
carlistas; así como su primitivo trazado urbano fortificado,
el cual se ha hecho acreedor a ser declarado Conjunto Histórico
Artístico
L'Alcora
A partir de
la localidad de Torre de Embesora, el Anillo del Maestrazgo torna
en dirección sur atravesando bonitas localices como Atzeneta
del Maestrat, Costur o Les Useres hasta llegar a L'Alcora, importante
población de la comarca de l'Alcalatén que, como
bien revela su topónimo, remonta su origen a la dominación
islámica.

El monumento
más señero de L'Alcora es, sin duda, el histórico
castillo de L'Alcalatén, estratégica fortaleza de
origen musulmán que, tras la conquista cristiana, se constituyó
en un importante bastión aragonés de avanzadilla
hacia el Mediterráneo.
Cerca de L'Alcora,
la población de Lucena del Cid es otro de los numerosos
conjuntos urbanos medievales que proliferan en las comarcas del
interior de Castellón, siendo de destacar los restos de
su muralla y la preciosa plaza mayor.
Onda
La ciudad
de Onda, punto más meridional del Anillo del Maestrazgo,
aparece citada en el Cantar como una de las plazas que conquistaría
el caballero de Vivar durante su destierro valenciano, extremo
que, de ser cierto, no está sin embargo documentado históricamente,
aunque es más que posible que en su momento pagara tributos
al Cid.
No sería
hasta mediados del siglo XIII cuando Onda, gracias a la empresa
del rey Jaime I el Conquistador, caería en manos cristianas,
conviviendo en ella a partir de entonces cristianos (intramuros),
musulmanes (en los arrabales) y judíos (en la judería).

Declarado
Conjunto Histórico Artístico a finales de los años
70 del siglo XX, de todo su patrimonio es el castillo - alcazaba
el monumento más visitado y fotografiado. Conocido como
"el de las trescientas torres", bien podría parecer
un apelativo excesivamente exagerado, aunque la realidad es que
el conjunto de la fortaleza estuvo formado en origen por nada
menos que cuatro cinturones defensivos amurallados.
También
interesante, por tratarse de uno de los templos más antiguos
de la arquitectura valenciana de reconquista, es la Iglesia de
Santa Margarita, también conocida como de la Sang y relacionada
con los caballeros templarios. En ella, llama la atención
su portada meridional, de hechuras totalmente románicas
pese a remontarse su construcción a bien entrada la decimotercera
centuria.

Desde Onda
y atravesando interesantes poblaciones como Toga, Cirat, Arañuel
o las fortificadas Espadilla y Torrechiva, el Anillo del Maestrazgo
va a desembocar en el camino principal o del Destierro a la altura
de la localidad de Montanejos,
Anillo
de Morella
Desde el propio
Anillo del Maestrazgo, concretamente en la localidad aún
turolense de La Iglesuela del Cid, parte el Anillo de Morella,
segundo anillo de la ruta cidiana por tierras castellonenses que,
tras unos kilómetros en territorio aragonés, va
al encuentro de las históricas plazas de Olocau del Rey
y Morella
Olocau
del Rey
La hoy pequeña
Olocau del Rey, situada a más de mil metros de altitud
en planea comarca de Els Ports de Morella, se disputa con la población
zaragozana de Gallocanta el ser la mítica Alucant citada
en el Cantar del Mío Cid.

Sea como fuere,
no cabe duda que, por su estratégica situación,
los orígenes de Olocau se remontarían a fechas muy
antiguas, como atestiguan los distintos hallazgos arqueológicos
aparecidos en torno al castillo de Olcaf, germen altomedieval
de la actual población.
Además
del citado castillo, bastión musulmán hoy reducido
a ruinas, pueden ser admirados en su modestísimo núcleo
urbano monumentos de interés tales como el ayuntamiento,
el horno comunal, varias ermitas de notable antigüedad, y,
sobre todo, la parroquia de Santa María del Pópulo,
erigida en el siglo XIII, ampliada en centurias sucesivas y que
conserva, además de una talla de la Virgen protogótica,
una hermosa portada de la más pura tradición románica.
Continuando
la ruta, antes de llegar a la populosa Morella, el anillo cidiano
atraviesa las localidades de Todolella y Forcall: la primera coronada
por la imponente estampa de su palacio fortificado gótico,
y la segunda, que puede presumir de poseer una de las plazas mayores
porticadas de mayor perímetro de toda la Comunidad Valenciana.

Morella
Pese a no
aparecer expresamente nombrada en el poema épico, Morella
es una plaza clave dentro de los contextos cidianos. Se encontraba
la villa a finales del siglo XI bajo el poder de la taifa de Lérida,
siempre en disputa con su homónimo y además hermano
rey zaragozano Al Mutamin, aliado a la postre de Rodrigo de Vivar.

Debido a lo
inexpugnable de su fortaleza y de sus varios cinturones defensivos
fortificados, El Cid, pese a sus ataques desde la cercana Olocau,
jamás llegaría a tomar la plaza morellana, todo
ello pese a que en sus proximidades, sus huestes derrotarían
en la Batalla del Pinar de Tévar al rey taifa ilerdense
y a su aliado, el conde catalán Berenguer Ramón
II, quien fue hecho prisionero.
En siglos
sucesivos, Morella sería una plaza ansiada tanto por cristianos
como musulmanes, pasando sucesivamente de unas manos a otras hasta
que Jaime I lo incorporaría definitivamente a Corona de
Aragón en el año 1232.

Se sitúa
la villa sobre una empinada loma coronada por el casi inaccesible
escarpe rocoso en el que se asienta su famoso castillo, equipado
además con un complejo entramado de cinturones defensivos
que le hacían prácticamente inabordable.
El casco urbano
en sí mismo, de inconfundible traza medieval, conserva
como monumento más significativo la iglesia arciprestal
de Santa María la Mayor, joya sobresaliente del gótico
valenciano gracias a su magnífica portada conocida como
de los Apóstoles y la Virgen. También de origen
bajomedieval son la iglesia de San Nicolás y el Convento
de San Francisco

Rebasada Morella,
el anillo continúa en dirección sur hasta empalmar
en el propio punto de partida del mismo con el Anillo del Maestrazgo,
siendo antes lugares de obligada visita las poblaciones de Cinctorres
y la también amurallada Portell de Morella.
Ramal
de Castellón
Regresando
a la vía principal, alcanza el Camino del Cid el Mar Mediterráneo
a la altura de Sagunto, situada ya en Valencia pero prácticamente
en los límites con Castellón. Desde Sagunto y paralelo
a la línea costera en dirección sur, la ruta cidiana
alcanza en pocos kilómetros la capital valenciana, punto
destino definitivo de Rodrigo en su Camino del Destierro.

Sin embargo,
desde la propia Sagunto, parte en dirección norte y también
paralelo a la línea litoral el llamado Ramal de Castellón,
el cual reproduce las incursiones del de Vivar con el objetivo
de fortalecer las defensas de la franja costera levantina.
Almenara
Almenara es
otra de las plazas que, según el Cantar, caerían
en manos del Cid pocos meses antes de la rendición de Valencia.
Pese a existir datos que confirman la presencia de distintas civilizaciones
prerromanas en su término, serían los musulmanes,
como bien atestigua su topónimo, quienes fundarían
la primera Almenara estable, dotándola de numerosos equipamientos
en forma de torres defensivas (algunas aún visibles), y
una importante fortaleza de gran valor estratégico cuyos
restos son aún manifiestos coronando el cerro que domina
la población.
A pocos kilómetros
de Almenara se encuentra Chilches, la cual, al tratarse probablemente
entonces de una alquería dependiente de aquella, caería
también en manos de las huestes cidianas tras los tres
meses de asedio a la fortaleza almenarense.
Nules
y Mascarell
Pese a no
aparecer en el Cantar, es muy probable que Nules, cuya existencia
está contrastada en aquellas fechas, sufriría idénticos
avatares a sus localidades vecinas, centradas, con toda probabilidad,
en su castillo, llamado de Villavella.
En
la actualidad, Nules es una pujante población turística
merced a las numerosas playas que la rodean. A escasos kilómetros
de Nules se encuentra su pedanía de Mascarell, pequeño
núcleo fortificado declarado Bien de Interés Cultural
en el que se conserva, en muy buen estado, una muralla medieval
que rodea casi por completo el caserío.
Burriana
Burriana es
otra de las localidades del litoral castellonense que aparece
expresamente mencionada en el Cantar dentro de la nómina
de plazas que conquistaría Rodrigo por tierras de La Plana.
Era por aquel entonces Burriana, incluso por encima de la hoy
capital provincial, la localidad más pujante del entorno,
razón por la cual son numerosas las ocasiones en que sería
objeto de paso o visita por parte del Cid histórico.

Tras la muerte
del Cid y más de un siglo de dominio musulmán, caería
definitivamente en manos cristianas durante la primera mitad del
siglo XIII, siendo fundamental su caída de cara a la reconquista
definitiva de toda la franja levantina.
Fruto de ese
esplendor bajomedieval, conserva Burriana restos de su antigua
muralla, un casco urbano salpicado de edificaciones nobles y,
sobre todo, la monumental iglesia del Salvador, una de las primeras
y más ricas edificaciones religiosas levantadas tras la
Reconquista en suelo valenciano.
Castellón
de la Plana
La actual
Castellón, hoy capital provincial, no sería en tiempos
del Cid más que un pequeño hábitat surgido
al amparo del actualmente llamado Tossal de la Magdalena y protegido
por varias atalayas circundantes como la de Fadrell. Tras la conquista
por parte de Jaime I, Castellón fue repoblando por gentes
de la vecina Burriana, pasando a llamarse Castellón de
Burriana.

Con el paso
de los siglos, Castellón fue alcanzando mucha pujanza y
modernizándose, razón por la cual son escasos los
restos medievales en ella conservados, siendo dignos de destacar
algunos palacetes y, sobre todo, su concatedral de La Asunción,
edificio gótico varias veces remodelado del que sobresalen
sus portadas y su pintoresco y peculiar campanario octogonal exento.
(Autor del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
