Pintura
Barroca
Introducción
a la pintura barroca en España
El
siglo de Oro de la pintura en España es el XVII y corresponde
el movimiento pleno de la pintura barroca. Se da la circunstancia de
que este momento dulce y prolífico de la pintura coincide también
con el de la literatura.
En
la pintura barroca española hay una serie de elementos comunes
que son fruto del momento político y religioso que vive España.
Por un lado se percibe el pesimismo del decaimiento del gran Imperio
Español del siglo anterior. Por otro lado, España está
a la cabeza del movimiento de la Contrarreforma católica y la
sociedad vive en el rigor impuesto en muchas áreas de la vida
cotidiana por la Inquisición, por lo que van a predominar los
temas religiosos, representados de manera dramática, apoyados
por el tenebrismo italiano implantado por Caravaggio, corriente que
al final terminaría por ser abandonada.
Los
temas profanos y mitológicos, aunque existen, se dan mucho menos
que los religiosos (puesto que, además es la Iglesia el principal
cliente) y cuando se pintan se hacen sin sensualidad.
En
la pintura barroca del siglo XVII existen tres escuelas a la que pertenecen
la mayoría de los grandes artistas de la época. A la Escuela
Valenciana perteneces artistas destacados como Ribalta y José
de Ribera el Españoleto.
Por
su parte, en la Escuela Andaluza se encuentran Murillo, Zurbarán
y Valdés Leal, entre otros.

A la
Escuela Madrileña corresponde la figura principal de la pintura
barroca que no es otro que Diego Veláquez, además de otras
figuras tan relevantes como Claudio Coello y Carreño.
Principales
artistas de la Pintura Barroca en España
José
de Ribera es el principal representante de pintura barroca de la
Escuela Valenciana. Aunque inició su obra en Valencia, será
en Italia donde terminará su formación y se verá
afectado por la corriente tenebrista de Caravaggio, estilo que irá
abandonando en los últimos años de su vida.

Algunas
obras fundamentales de José de Ribera son el Martirio de San
Bartolomé, Martirio de San Felipe, San Andrés, Santísima
Trinidad y San Jerónimo penitente.
Zurbarán,
sin ser un virtuoso de en las composiciones donde acusa problemas para
representar la perspectiva, es un pintor minucioso que representa magistralmente
los volúmenes. Apegado a tenebrismo son famosas sus pinturas
de temas religiosos.

Fray
Pedro Machado, Tentación de San Jerónimo, San Hugo en
el refectorio, son algunas de las obras más conocidas y tienen
como protagonistas temas religiosos y conventuales, al ser éstos
-conventos y monasterios- sus principales clientes.
Murillo
pinta temas religiosos y escenas con niños y aunque su primera
etapa es tenebrista, lo hace de manera dulce y cercana a la cotidianidad,
lo que hace de sus obras, pinturas muy agradables de contemplar. Un
claro ejemplo lo tenemos en su más importante pintura, Sagrada
Familia del Pajarito. Aunque es un cuadro tenebrista, no hay dramatismo
en él por la cotidianidad de la escena y la amabilidad con que
trata a los personajes, eliminando todo rastro de grandilocuencia o
exageración.

Caso
contrario es el de Valdés Leal, conocido especialmente
por sus "Alegorías de la muerte".
Alonso
Cano fue arquitecto, escultor y pintor, aunque fue en el campo de
la pintura donde fue más prolífico.

Alonso
Cano trató en sus obras conjugar un clasicista anhelo de la belleza
con el realismo propio de la pintura barroca de su tiempo.
Dejamos
a Diego Velázquez para el final, por ser el pintor más
importante y genial, no sólo del arte barroco español,
sino una de las grandes figuras de la pintura de todos los tiempos.
Aunque inició su obra, como otros pintores de la época,
en estilo tenebrista, lo fue abandonando hasta alcanzar un tipo de pintura
colorista y luminosa.
Intervino
exitosamente en todos los géneros, desde los habituales temas
religiosos hasta bodegones y pasajes, pasando por una prolífica
colección de cuados mitológicos, retratos, escenas históricas,
etc.

Al
ser un genio de la pintura, no es fácil concretar lo que hace
a Velázquez diferente a otros maestros de la pintura del barroco.
Sin embargo, podemos citar su maestría para representar con gran
realismo los objetos y las personas. Por otro lado Velázque dominó
la perspectiva aérea con la que crea un realista sentido de profundidad,
al conjugar la perspectiva con los efectos de la luz. También
es destacable, en algunos cuadros más que en otros, una pincelada
suelta que contrasta con la preferencia de otros artistas por el pincelado
minucioso.
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