Guía
del Arte Románico en Baix Empordà. Girona
La
comarca del Baix Empordà (Bajó Ampurdan en castellano)
se sitúa al este de la provincia de Girona, extendiéndose
a lo largo de la franja costera delimitada por la cuenca del río
Ter al norte, y las tierras de La Selva al sur. Por su privilegiada
situación, en plena Costa Brava, el Baix Empordà es un
territorio que, pese a recibir un enorme flujo de turistas atraídos
por sus magníficas playas, ha sabido preservar en muchas de sus
localidades un más que admirable patrimonio medieval, conservándose
una amplia nómina de construcciones religiosas, militares y señoriales
románicas.
El románico del Baix Empordà
La
arquitectura románica del Baix Empordà no puede decirse
que difiera mucho en cuanto a sus características de la que puede
admirarse en comarcas colindantes como el Ripollés, la Garrotxa
o el propio Alt Empordà. Si a caso, y quizás por la ausencia
de fundaciones monásticas señeras y poderosas que pudieran
ejercer un influjo político y cultural sobre ellas, las iglesias
románicas del Baix Empordà -la mayoría de ellas
desde temprana fecha bajo dominio del cabildo episcopal gerundense-
se caracterizarán por su enorme sencillez constructiva y sus
escasas concesiones a la escultura monumental, limitándose la
mayoría de ellas a las consabidas fórmulas decorativas
lombardas, tan recurrentes en todo el territorio catalán.
Si que resulta llamativo en toda la comarca el primitivismo que acusan
varios de sus edificios religiosos, originarios de época prerrománica
donde el arco de herradura no es para nada una "rara avis".
En
cuanto a la pintura y a diferencia de otros territorios catalanes, apenas
se han conservado programas completos, pudiendo concluirse a juzgar
por los escasos vestigios llegados a nuestros días, que en ningún
caso intervinieron en ellos maestros de primer nivel. En todo caso es
destacable el caso de Sant Pau de Fontclara.
Monasterio
de Sant Miquel de Cruïlles
Situado
a sólo cuatro kilómetros de La Bisbal d'Empordá,
el Monasterio benedictino de Sant Miquel de Cruïlles aparece ya
mencionado a mediados del siglo XI, aunque muy probablemente fue levantado
sobre los restos de alguna construcción anterior. En sus siglos
de mayor esplendor, el monasterio llegó a contar entre sus dominios
con importantes posesiones por tierras ampurdanesas, sin embargo, a
finales del siglo XVI, consta que, al quedarse sin una comunidad monacal
estable, pasaría a depender de Sant Pere de Galligans.

Del
primitivo cenobio, abandonado durante siglos, ha llegado a nuestros
días su magnífica iglesia, la cual quedaba estructurada
en tres naves cubiertas con bóveda de cañón que,
tras un crucero muy marcado y rematado en un modesto cimborrio, desembocaban
en tres ábsides semicirculares cubiertos con bóveda de
cañón. A raíz de un derrumbe a finales del siglo
XVI, las naves fueron acortadas para erigirse una nueva fachada a los
pies del templo.
Al
exterior, es su cabecera triabsidial el elemento que más interés
concentra, presentando la prototípica articulación lombarda
a base de de arquillos ciegos en la cornisa y toscas lesenas verticales
que, a su vez, sirven para separar los vanos de medio punto dovelados
que iluminaban el templo. Al costado meridional de la iglesia se adosaba
un claustro del que apenas han llegado a nuestros días unos pocos
arcos junto a los restos de su sala capitular.

Al
interior, pese a su enorme deterioro, se advierten restos de las pinturas
murales que cubrirían en su totalidad los muros de la iglesia.
Por último, cabe reseñar que en el Museo de Girona se
exhibe un magnífico Cristo en Majestad del siglo XII procedente
del propio monasterio.
Monasterio
de Sant Feliu de Guìxols
La
primera fuente conservada en la que se constata la existencia del monasterio
de San Feliu de Guíxols data nada menos que el año 968,
sucediéndose a partir de ese momento una serie de menciones documentales
que confirman al cenobio guixolenc como una fundación de cierta
relevancia, hasta el punto de que, con el fin de protegerlo, fue mandado
fortificar a finales del siglo XII.
La
iglesia monacal fue sometida a una profunda reforma en el siglo XIV,
sustituyéndose así la primitiva fábrica románica
por una elegante construcción gótica de una sola nave
cubierta con bóveda de crucería que, tras un desarrollado
crucero, abre a una triple cabecera de planta poligonal.
De esa exhaustiva reforma tan sólo se salvaron los últimos
tramos de la nave hacia los pies, conservándose la parte alta
de la fachada occidental, dos torres fortificadas de origen romano conocidas
como "del Fum" y "del Corn"; y la sensacional Porta
Ferrada, descubierta en 1931 tras unas obras de restauración.
Pese a que en la actualidad la Porta Ferrada aparenta ser una especie
de pórtico o nártex que precedería a modo de antesala
al espacio litúrgico, parece claro que se trata de una construcción
de origen prerrománico y, por lo tanto, de cronología
anterior al monasterio románico después levantado.
Sant
Pau de Fontclara
La
iglesia de Sant Pau de Fontclara no es sino la heredera de un primitivo
monasterio benedictino cuyos orígenes documentados se remontan
a finales del siglo IX pero que, desde fecha muy temprana y al ser exclaustrado,
pasaría a desempeñar las funciones de parroquia del pequeño
núcleo poblacional de Fontclara.
Presenta una planta de nave única cubierta con bóveda
de cañón apuntado que desemboca en un ábside semicircular
que, al exterior, queda dividido en paños mediante lesenas o
fajas lombardas verticales.
El
elemento más sobresaliente del templo de Fontclara es, sin duda,
el recientemente restaurado programa pictórico conservado in
situ tanto en el arco triunfal como en el hemiciclo y bóveda
absidial. En el casquete esférico preside la composición
la efigie de Cristo en Majestad dentro de la mandorla y flanqueado por
los símbolos de los Evangelistas. En un nivel intermedio identificamos
a los doce Apóstoles; mientras que en el registro bajo y acomodándose
a los espacios hábiles entre los vanos, fueron plasmadas distintas
escenas alusivas a la vida de San Pablo, santo titular del templo.
Las pinturas de Sant Pau de Fontclara, de eminente carácter popular,
han venido siendo datadas hacia las primeras décadas del siglo
XIII, constituyendo uno de los más completos programas pictóricos
murales conservados en el Baix Empordà.
Sant
Julià de Boada
La
pequeña iglesia de Sant Julià de Boada, situada dentro
del término municipal de Palau-Sator y no lejos del viejo cenobio
de Fontclara, es una de las construcciones cristianas medievales más
antiguas y mejor conservadas de Cataluña. Referenciada documentalmente
a principios de la décima centuria, sus orígenes podrían
remontarse incluso a la época visigoda, siendo posteriormente
reformada durante el siglo X siguiendo modelos constructivos mozárabes.
Desde
el punto de vista románico, esta iglesia nos interesa porque
se conservan a lo largo de los muros absidiales algunos restos fragmentarios
de pinturas murales realizadas en el siglo XII.
Sant
Pere d'Ullastret
Erigida
en el centro de la preciosa población medieval de Ullastret,
la iglesia de Sant Pere aparece mencionada por primera vez nada menos
que en el año 899, fecha en la que se puede constatar la existencia
en la localidad de una primera fundación religiosa carolingia
bajo la advocación de Sant Pere y Sant Joan.
De
ese primer edificio nada ha llegado a nuestros días, por lo que
es de suponer que, a mediados del siglo XI, fuese sustituida por el
templo actual, el cual, a lo largo de los siglos, sufriría nuevas
reformas y ampliaciones que, a día de hoy, distorsionan en parte
su concepción medieval original.
El edificio se estructura en tres naves que, en origen, quedaban separadas
por arcos de medio punto que apeaban sobre pilares cruciformes, sin
embargo, en una reforma acometida en el siglo XVI, además de
ampliarse las naves laterales con capillas adosadas, fueron remplazados
los soportes originales, sobreviviendo tan sólo dos de los arcos
torales que articulaban la nave central, en cuyas impostas además
son aún perceptibles restos de figuración esculpida de
temática animalística.
La
cabecera, consistente en tres ábsides semicirculares, se conserva
prácticamente intacta, llamando la atención la desproporción
del hemiciclo central respecto a las pequeñas absidiolas laterales.
En todas ellas, es perfectamente perceptible su decoración lombarda
a base de de arquillos ciegos y lesenas.
En el muro de los pies se yergue una particular espadaña abierta
mediante dos parejas de huecos de campanas; mientras que sobre el transepto
fue levantada una pequeña estructura de planta cuadrangular llamada
"esconjuradero": una construcción muy típica
de la zona pirenaica que, a medio camino entre la tradición religiosa
y pagana, se concebía como lugar desde el que el pueblo se conjuraba
contra las tan temidas tormentas. Pese a tratarse de un aditamento moderno,
el esconjuradero confiere al templo una dosis extra de encanto y tipismo.
Sant
Joan de Bellcaire
Situada
en la localidad de Bellcaire d'Empordà, puede decirse que la
iglesia de Sant Joan, pese a no gozar de la fama que han alcanzado templos
análogos, es uno de los edificios cristianos medievales más
interesantes de la provincia de Girona.
Citada documentalmente por primera vez a principios del siglo XI como
parte de las posesiones con que contaba el Cabildo de la Catedral de
Girona, es incluso bastante probable que fuese levantada sobre los restos
de un edificio anterior, como bien puede concluirse tras el descubrimiento
de unos cimientos muy próximos a la cabecera. Tras décadas
de abandono y de albergar la capilla cementerial de la localidad, fue
restaurada en 1960.

El
edificio actual se estructura en tres cortas naves separadas por arcos
de ligera herradura sobre pilares, presentando bóveda de cañón
corrida la nave central, y de cuarto de cañón las laterales,
mucho más estrechas. Las tres naves, tras un pronunciado tramo
recto, desembocan en un amplio ábside semicircular en cuyo exterior
encontramos de nuevo la recurrente decoración lombarda a base
de lesenas y arquillos ciegos que, en esta ocasión, presentan
mayor profundidad.
Junto
a la cabecera, como se ha señalado, aparecieron en el contexto
de una restauración los cimientos de lo que podrían ser
otras dos absidiolas laterales de planta ultrasemicircular, por lo que
podría plantearse la hipótesis de que, en un primer momento,
las tres naves prerrománicas rematasen en otros tantos ábsides
que, en una segunda campaña, fueron sustituidos por la actual
cabecera lombarda.
Por
último, cabe reseñar la existencia en el interior de restos
de decoración pictórica relacionada con la mano del conocido
como Maestro de Osormort, pudiendo admirarse los paneles originales
en el Museo de Girona.
Sant
Esteve de Canapost
La
iglesia de Sant Esteve, situada en el centro de la pequeña localidad
de Canapost, es una construcción que, al exterior, llama la atención
por su aparente complejidad de volúmenes ya que su actual fisionomía
no es sino el resultado de la adición de una segunda nave románica
a un primitivo cuerpo eclesial de cronología prerrománica.

Así
pues, la actual nave sur se correspondería con una primitiva
construcción prerrománica de una única nave cubierta
con bóveda de cañón rebajada que desemboca, tras
un breve tramo recto techado en herradura, en una cabecera de testero
plano recorrida al exterior por una tosca moldura a base de rombos.
A esa
primitiva estructura y comunicada a través de tres arcadas formeras,
fue adosada en los siglos del románico una segunda nave rematada
en un ábside semicircular enriquecido al exterior con una cornisa
de arquillos ciegos.
La
portada principal se abre al costado sur de la fábrica, siendo
ostensible un primitivo despiece en herradura que, probablemente en
la misma campaña en que se adosó la nave norte, fue reformado
y convertido en un sencillo vano de medio punto dovelado. También
al sur fue adosada en el siglo XII una magnífica torre campanario
lombarda que, pese a quedar inacabada, puede perfectamente apreciarse
la ambición del proyecto. En una última restauración
apareció en un solar contiguo una notable necrópolis medieval.
Sant
Martì de Romanyà
Al
sur del Baix Empordà y a escasos kilómetros de Santa Cristina
d'Aro se encuentra la pequeña población de Romanyà
de la Selva, cuya iglesia parroquial, dedicada a Sant Martì,
es un interesantísimo edificio en el que conviven en perfecta
armonía elementos residuales de tradición prerrománica
con las primeras y novedosas formulaciones del, a la postre, triunfante
románico lombardo catalán.
Presenta una planta de cruz griega engendrada a partir de una estrecha
nave, un crucero muy marcado tanto en planta como en alzado merced a
una especie de falsa cúpula; y un ábside cuadrangular
canónicamente orientado.
La
totalidad de los abovedamientos interiores del templo fueron resueltos
mediante la fórmula del medio cañón reforzado con
arcos de herradura en la nave
Sobre
el brazo septentrional del crucero fue elevada, en una segunda campaña
constructiva, una torre campanario abierta mediante vanos geminados
de medio punto.
Sant
Esteve de Maranyà
Sant
Esteve de Maranyà fue concebido en origen como uno de tantos
templos románicos de nave única rematada en su correspondiente
ábside semicircular, en el cual, es aún patente su primitiva
decoración lombarda a base de arquillos ciegos y bandas verticales.

La
singular apariencia actual del edificio es fruto de una reforma tardía
que consistió en elevar de manera notable la altura de sus muros
para dotarlo de un aspecto fortificado, circunstancia que obligó
a erigir dos potentes contrafuertes en los muros norte y sur del edificio
con el fin de sustentar su desproporcionada altura.
Se
conservan en el espacio absidial restos de su primitiva decoración
pictórica, dividiéndose el programa en el Ciclo de la
Infancia de Cristo, para el cual se destinó el registro superior;
y distintos episodios alusivos a la Pasión y Muerte del Señor,
ubicados en el cuerpo inferior.
Otros
edificios de interés
Además
de los edificios en los que nos hemos detenido, conserva la comarca
del Baix Empordà una amplísima nómina de pequeñas
construcciones religiosas rurales de origen románico: de ellas,
son dignas de ser destacadas las de Santa María de La Tallada,
la de Sant Pere de Palau-Sator y la de Sant Feliu de Parlavà;
todas ellas con el común denominador de presentar un aspecto
fortificado y defensivo.
La parroquia de Sant Genìs de Casavells sobresale también
por su magnífico campanario, equiparable con los referidos en
Romanyà de la Selva y Canapost.

En
la iglesia de Sant Llorenç de Les Arenes se aprecian vestigios
de su primitiva construcción prerrománica, mientras que
se conservan distintos restos más o menos fragmentarios de cronología
altomedieval en edificios como Sant Martì de Cassà de
Pelràs, Sant Joan de Matajudaica, Santa Cristina de Corçà,
Sant Genìs de Monells, Sant Joan de Salelles, Sant Cugat d'Albons,
Sant Esteve d'Esclanyà, Sant Martí de Fontanilles, Santa
Coloma de Fitor, Sant Climent de Tor o Sant Esteve de Peratallada.

Numerosos
son también a lo largo y ancho del Baix Empordà los ejemplos
de castillos o torres fortificadas erigidas durante los siglos medievales,
para cuya construcción, en algunos casos, fueron aprovechadas
las propias iglesias parroquiales. El castillo más señero
de cuantos han llegado a nuestros días en tierras bajoampurdanesas
es sin duda el de Torroella de Montrgí, siendo también
destacables las fortificaciones y los conjuntos medievales de Pals,
Begur, Monells, Calonge, y, por supuesto, el magnífico castillo-palacio
de La Bisbal d'Empordá: uno de los escasos restos de románico
civil conservados en la comarca.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
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