Catedral de Santiago de Compostela
y otras obras románicas de la ciudad
Introducción
La
Catedral de Santiago fue en su tiempo y sigue siendo en la actualidad
una de las cimas del románico internacional y principal destino
de peregrinación de la Cristiandad durante los siglos bajomedievales.
Este singular edificio es sucesor de otros
anteriores que sirvieron para albergar y dignificar los restos del
Apóstol descubiertos en "Compostela" (Campo de
Estrellas) a comienzos del siglo IX (entre 820 y 830 d.C.), Como
las iglesias que en diferentes momentos mandaron construir los monarcas
asturianos Alfonso II (llamada Santiago I), Alfonso III (Santiago
II) y Bermudo II (reconstrucción o restauración de
Santiago II tras las devastaciones de Almanzor a finales del primer
milenio, concretamente en el año 997).
hay que decir que la iglesia de Santiago
II, que sería un templo prerrománico asturiano similar
probablemente a San Salvador de Valdediós (Prerrománico
Asturiano Postramirense), se hallaba ubicada en lo que hoy es el
espacio "corazón" de la catedral románica,
es decir en el espacio de la capilla mayor, crucero y dos primeros
tramos de la nave.
En ocasiones se ha dicho que el conocido
Tímpano de Clavijo, del que más tarde nos ocuparemos
y dos tenentes de altar, que se encuentran expuestos en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid, podrían pertenecer
a Santiago II. Esto está fuera de lugar porque son piezas
netamente románicas. Incluso podríamos decir que el
Tímpano de Clavijo podría estar esculpido avanzado
el siglo XIII.
Por tanto de los templos prerrománicos
anteriores a la gran catedral románica de Santiago sólo
nos han llegado huellas arqueológicas de su existencia.
Nos centraremos por tanto, en las etapas
de construcción de Santiago III, es decir la actual y románica
catedral de Santiago.
Etapas constructivas de la catedral
románica
Primera fase: 1075-1101
La Catedral de Santiago de Compostela
en su tercera versión (Santiago III) que es la románica
actual debió colocar su primera piedra en el año 1075,
durante el Reinado de Alfonso VI y siendo obispo de Iria Flavia
Diego Peláez, que ocupó la mitra hasta ser depuesto
de su cargo en 1088 por traición al citado monarca.
En esta primera etapa hay dos subfases:
1075 - 1088
En este periodo, como ya hemos indicado,
el impulsor de las obras fue el obispo Diego Peláez. Por
su parte, los maestros de obras citados en documentación
son Bernardo el Viejo y Roberto (dominus Bernardus senex mirabilis
et Robertus) cuyo nombre sugieren un origen galo, quizás
ligado a la Abadía de Santa Fe de Conques que por aquellas
fechas también estaba siendo erigida.
En esta primera campaña dirigida
por Peláez sólo derribó la iglesia de Antealtares
y se construirían las tres capillas centrales (las más
orientales) de la girola (la rectangular del Salvador y las semicirculares
de San Juan y San Pedro) y los muros adyacentes.
Precisamente, a la entrada de la Capilla
del Salvador tenemos dos importantes capiteles "fundacionales".
en uno aparece el citado monarca Alfonso VI y en otro el prelado
Diego Peláez. Ambos flanqueados por ángeles y con
una filacteria que dice en cada caso:
REGNANTE PRINCIPE ADEFONSO CONSTRVCTVM
OPUS
Reinando el Príncipe Alfonso
se hizo esta obra
TEMPORE PRESULIS DIDACI INCEPTVM
HOC OPUS FVIT
En tiempo del prelado Diego se
comenzó esta obra

En esta capilla hay
otros dos importantes capiteles. Uno muestra a grifos bebiendo de
un cáliz, que podría interpretarse de forma positiva
por su vinculación a la Eucaristía de un animal que
es guardián de lo sagrado y muestra la doble naturaleza -humana
y divina- de Cristo.
El otro es de un hombre entre una
tórtola y una garza, para algunos simboliza el vuelo soberbio
de Alejandro, mientras que se puede interpretar como la elevación
del alma.
Importante también es la
cesta de un hombre situado entre dos sirenas.
Estos capiteles, dada su importancia
histórica ligada al inicio de las obras de la catedral, han
sido objeto de estudios y comparaciones con otras obras europeas
y suelen ligarse a capiteles de la Abadía de Santa Fe de
Conques e iglesias de Auvernia como Mozac.

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1088-1094
Como consecuencia de la expulsión
del obispo Diego Peláez, que tuvo que refugiarse en el reino
de Aragón, se produce una cesura de las obras.
1094-1101:
Es en este momento en que aparece en escena
un joven llamado Diego Gelmírez que llegó a ser administrador
de la diócesis entre 1093 y 1094, año en el que fue
nombrado obispo Dalmacio, y recuperó el cargo a la muerte
de este, en 1096, hasta su nombramiento definitivo como obispo en
1101.
Gelmírez va a dar un nuevo impulso
a la catedral de Santiago de Compostela. Es también en este
periodo cuando se encarga como maestro de obras al Maestro Esteban,
de probable origen aragonés. Se encarga de terminar la girola
realizando las capillas poligonales de Santa Fe y San Andrés.
También se encarga de hacer los
dos pares de capillas de ambos brazos del transepto (San Nicolás,
Santa Cruz, San Martín y San Juan Bautista).
en 1101 Esteban abandona Santiago de Compostela
para aparecer como maestro de la catedral románica de Pamplona
(lamentablemente desaparecida y sustituida por la actual gótica).
A nivel escultórico, encontramos
capiteles herederos de las formas de esculpir del Maestro de Jaca-Frómista
y también de Conques.
En la Capilla de Santa Fe de la
girola de la Catedral de Santiago de Compostela aparece precisamente
un capitel esculpido entre 1093 y 1101 que muestra la detención
de la santa. De nuevo, observamos la relación artística
de estas primeras décadas entre Santiago de Compostela y
Conques.
Segunda Fase durante el obispado de
Diego Gelmírez. 1101 - 1140
En 1101 Gelmírez va a sentarse
en la sede episcopal. A partir de este año, las obras de
la catedral van a alcanzar un ritmo inusitado hasta entonces.
En efecto, el obispo Diego Gelmírez,
personaje de indudable personalidad -en ocasiones vehemente y ambiciosa
como señala la historia en la que los ciudadanos compostelanos
casi acaben con él durante dos revueltas- va a ser el principal
impulsor de la catedral de Santiago de Compostela. De mentalidad
vanguardista, quiso dejar atrás todo lo que la tradición
hispana anterior pudiese anclarlo en el pasado: abrazando la reforma
gregoriana, el rito romano, la nueva arquitectura que ahora llamamos
románica frente a prerrománica asturiana, etc.
Entre sus obras más importantes,
hay que citar las tres portadas principales o mayores de la catedral:
las de los brazos sur y norte del transepto (Platerías y
Francígena) y la occidental de la Transfiguración.
Estas grandes obras escultóricas
se realizarían en breve lapso de tiempo, con dimensiones
y programas escultórico que superaban a cualquiera de las
grandes iglesias cristianas del momento. Por ello Gelmírez
tuvo que reunir a un nutrido equipo de escultores que trabajaron
simultáneamente. Estos artistas pudieron ser contratados
durante el viaje que Gelmírez hizo a Roma al principio de
su mandato.
Hay que decir que no existe certeza de
que la portada occidental "de la Transfiguración"
llegase a realizarse plenamente a pesar de que han aparecido indicios
arqueológicos y es descrita en el Codex Calixtinus. Castiñeiras
piensa que fue un proyecto para el que ya se habían realizado
trabajos escultóricos, pero que no se llegó a completar,
porque poco después -segunda década del siglo XII-
dichas esculturas fueron colocadas en Platerías con motivo
de la coronación del niño Alfonso Raimúndez.
Durante esos cuarenta años en que
Diego Gelmírez ostentó la mitra compostelana se llevaron
a cabo la mayor parte de las obras de la catedral: transepto, torres,
casi todos los cuerpos de las naves, tribunas y bóvedas.
Se puede decir que con cuando muere el obispo Gelmírez en
1140, se había terminado prácticamente la catedral
de Santiago de Compostela.
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Tercera Fase: obras del Maestro Mateo.
1168 - 1211
Para comprender el encargo que el monarca
leonés Fernando II le hace al Maestro mateo de embellecer
y remodelar la catedral de Santiago desde 1168, hay que adentrarse
en la particular situación política y territorial
del reino de León por aquellas fechas.
El testamento de Alfonso VII el emperador,
dividiendo su reino nuevamente, había perjudicado al Reino
de León frente al de Castilla pues, entre otras causas territoriales,
había dado a los castellanos el Reino de Toledo. León
y Castilla van a comenzar una serie de conflictos guerreros fronterizos
protagonizados principalmente por Fernando II de León, Alfonso
IX de León y Alfonso VIII de Castilla.
El Reino de León se veía
agraviado y disminuido, pero contaba con una baza especial que quiso
exprimir al máximo: Santiago de Compostela, las reliquias
del apóstol y su catedral. Por eso, en tiempos de Fernando
II se ideó un proyecto para engrandecer y engalanar la catedral
de Santiago al modo que se empezaban a construir las colosales iglesias
góticas francesas, y convertir a Compostela en la "Nueva
Roma", proyecto que se encargó al Maestro mateo, como
veremos en los apartados siguientes.
Transformaciones modernas
A partir de finales del siglo XII, la
catedral seguirá incorporando adiciones y transformaciones.
Sin embargo, una de las más relevantes fue la sustitución
de la fachada de la Azabachería. No obstante, la adulteración
más radical fue cubrir en el siglo XVIII la gran fachada
occidental con la barroca del Obradoiro, entre otros muchos cambios
y transformaciones que dificultan, en la actualidad, intuir externamente
la grandeza de esta majestuosa catedral románica.
Arquitectura
La Catedral de Santiago de Compostela
constituye la obra cumbre de la arquitectura románica de
peregrinación, destacando por un diseño estructural
de excepcional precisión matemática y monumentalidad.
El resultado es un enorme templo de 100
metros de largo con planta de cruz latina, concebida específicamente
para acoger a grandes multitudes sin interferir en la liturgia capitular.
El cuerpo principal está constituido por tres naves. Cuenta
con un larguísimo transepto también de tres naves
y dos absidiolos en el lado este de cada brazo. Dicho transepto
remata en portadas de acceso en sus extremos.
La cabecera se resuelve mediante un profundo
presbiterio rodeado por una girola o deambulatorio. A esta girola
se abren cinco capillas radiales (absidiolos) que permitían
la multiplicación de altares y garantizaban el tránsito
ininterrumpido de los devotos alrededor del edículo apostólico.
El absidiolo principal y central, que es la capilla del Salvador
(el más antiguo) es de planta cuadrada. Los dos adyacentes
(San Juan y San Pedro) y los más próximos al transepto:
poligonales.
La catedral tenía varias torres,
especialmente desarrolladas las dos de diferente altura en las esquinas
del imafronte, constituyendo lo que se denomina "fachada armónica".
En cuanto al alzado, el espacio interior
se articula en dos niveles fundamentales que dotan al edificio de
una notable esbeltez. El nivel inferior está conformado por
esbeltos arcos formeros de medio punto peraltado que descansan sobre
pilares, con la particularidad de que existe alternancia entre pilares
completamente cuadrados con esquinas en ángulo recto y los
que tienen esquinas redondeadas. Estos pilares llevan en cada cara
una semicolumna.
El segundo nivel lo ocupa una amplísima
tribuna que recorre el perímetro de las naves laterales,
el transepto y la girola. Esta galería se asoma a la nave
principal mediante un elegante arco bíforo en cada tramo
y cumple una función tectónica vital: contrarrestar
los fuertes empujes laterales de la bóveda de cañón
con arcos fajones que cubre la nave central.
Por su parte, las naves laterales se cubren
con bóvedas de arista.
Girola
Uno de los hitos espaciales fundamentales
del nuevo templo es su girola, una estructura que superó
su antigua función de simple deambulatorio de cripta para
convertirse en un área polifuncional destinada a facilitar
la liturgia procesional y la multiplicación de capillas.
En su perímetro se dispusieron
diversas absidiolas, destacando en el extremo oriental la capilla
mayor del Salvador, que presentaba un testero recto al exterior
pero una curiosa forma triconque en su interior.
A derecha e izquierda de esta se ubicaron
las capillas de planta semicircular dedicadas a San Juan y San Pedro.
Su posición preferencial en la cabecera fue el resultado
de la Concordia de Antealtares del año 1077, un acuerdo leonino
mediante el cual el obispo Diego Peláez garantizó
a los monjes del antiguo templo conservar sus devociones principales
e incluso disponer de una puerta propia de acceso directo.
La girola se completaba con otras dos
capillas de planta poligonal consagradas a San Andrés y Santa
Fe, sumadas a las cuatro capillas construidas en los brazos del
crucero.
Desde un punto de vista estrictamente
arquitectónico, la curva de la girola se estructuraba mediante
siete tramos trapezoidales abovedados con arista. Estos tramos alternaban
vanos y óculos, y demostraban un profundo dominio técnico
de la teoría arquitectónica románica al doblar
con maestría los arcos triunfales sobre los codillos de las
columnas de acceso a las capillas.
El presbiterio de la catedral albergaba
la innovación más audaz y revolucionaria del proyecto:
la integración visual del edículo martirial apostólico
en el núcleo topográfico del gran templo. El arzobispo
Diego Gelmírez tomó la drástica resolución
de arrasar hasta el suelo el pequeño "habitáculo"
superior erigido por los discípulos de Santiago, el cual
impedía la correcta visibilidad del altar original. Para
realzar la solemnidad litúrgica, mandó construir un
altar mayor conteniendo el original en su interior, le añadió
un admirable frontal de plata, renovó el pavimento con gradas
escalonadas y erigió un suntuoso baldaquino (ciborio) labrado
en oro y plata. Dado que esta inmensa reforma dejó el altar
expuesto a todos y eliminó los rincones apartados para la
oración íntima, Gelmírez ordenó construir
bajo las dos columnas orientales del baldaquino una amplia "confessio",
permitiendo a los peregrinos y devotos un lugar de recogimiento
para la penitencia y la meditación privada.
Tribuna
Sobre las naves laterales, la tribuna
y discurriendo por la girola se erige la tribuna, un espacio tan
inusualmente amplio y elevado que el autor del Codex Calixtinus
lo compara, asombrado, con la magnificencia de un palacio real de
dos pisos.
Más allá de su uso privativo
por la comunidad catedralicia (el propio Gelmírez ubicó
allí arriba su capilla personal dedicada a San Pablo hacia
el año 1120 para evitar bajar continuamente al coro), la
tribuna cumplía una misión estructural y constructiva
absolutamente vital.
Al estar cubierta por sólidas bóvedas
de cuarto de cañón, funcionaba como un elemento de
amarre estructural diseñado para contrarrestar los tremendos
empujes generados por la bóveda de cañón de
la nave central. Esta nave presentaba una extrema proporción
de esbeltez (1/3) que rivalizaría posteriormente con el primer
arte gótico.
De cara al interior, la tribuna se abría
a la nave mayor mediante hermosos y monumentales arcos bíforos.
Además de su esencial función
tectónica, estas galerías permitían una notable
penetración de luz exterior, convirtiendo a la basílica,
contrariamente al tópico de los espacios románicos
oscuros, en un edificio extraordinariamente claro y luminoso, rasgo
muy celebrado por los contemporáneos.
En el tratamiento exterior de los paramentos,
el arquitecto compostelano evidenció una audacia estructural
soberbia. Mientras que otros templos homólogos de peregrinación
franceses requerían el uso de gruesos y masivos contrafuertes
exteriores, en Santiago se confió plenamente en la estabilización
interna y el muro corrido. Esto hizo posible presentar unos paramentos
exteriores lisos, limpios y de aspecto ligero en los brazos del
transepto.
Sin embargo, con el devenir del tiempo,
las exigencias defensivas de los obispos de Santiago en su calidad
de señor feudal obligaron a añadir fortificaciones,
ocultando esta finura románica tras murallas almenadas y
recias torres de aspecto castillero.
Sistema de torres
Finalmente, el empuje vertical del edificio
culminaba en un complejo sistema de torres, registrando el Codex
Calixtino hasta un total de nueve. Destacaban especialmente las
escaleras ubicadas en las esquinas de los brazos del crucero, las
cuales abandonaron la típica y angosta forma de huso para
adoptar una robusta estructura de caja cuadrada y tiro recto; esto,
además de otorgar comodidad al tránsito hacia la tribuna
y las cubiertas, amarraba rígidamente los desplazamientos
del edificio.
Dominando el conjunto se alzaba el gran
cimborrio o torre mayor, cuya división interna original dependía
de estructuras leñosas. Esta vulnerabilidad material resultó
dramática durante el levantamiento burgués del año
1116, momento en el que los asaltantes lograron incendiar la torre
baja y el fuego se propagó por los tablados de madera hasta
devorar la estructura y fundir completamente sus inmensas campanas
de bronce, obligando a Gelmírez a retener a un maestro fundidor
extranjero para restituir el esplendor sonoro de la gran basílica.
Puertas de ingreso
en el plano urbano y litúrgico,
el templo preveía comunicarse con el exterior mediante tres
portadas monumentales, de los cuales las del transepto fueron las
primeros en terminarse.
La Puerta Francígena
Como queda dicho, en los hastiales del
transepto había fachadas y puertas monumentales. En el hastial
norte se encontraba la Puerta Francígena, por donde entraban
los peregrinos del Camino Francés al interior de la catedral.
Hoy se conoce como Fachada de la Azabachería.
Este espacio estaba protagonizado por
una gran fuente de piedra redonda coronada por una columna de bronce
con cabezas de león, alrededor de la cual cambistas y hospederos
vendían conchas, vino, calzado y toda suerte de hierbas medicinales.
Esta Puerta Francígena realmente
eran dos, simétricas e iguales como las de Platerías
y que hay que relacionar con la Puerta de Mediavilla de Saint-Sernin
de Toulouse. Lamentablemente, esta doble portada románica
fue eliminada en el siglo XVIII.
La Puerta de Platerías
La portada del brazo sur del transepto,
conocida como de las Platerías debe su nombre a los talleres
de orfebrería que históricamente rodearon la plaza.
Impulsada durante el mandato del arzobispo Gelmírez, esta
portada goza de un valor histórico y artístico incalculable
por ser la única de las tres originales (la puerta norte
y la puerta occidental original fueron desmontadas) que ha sobrevivido
hasta nuestros días.
De hecho, su estado actual coincide en
gran medida con la minuciosa descripción plasmada en el Codex
Calixtinus a mediados del siglo XII.
Fue consagrada formalmente el 5 de los
idus de julio de 1103, era la puerta ciudadana y mortuoria por excelencia.
Su complejo programa iconográfico servía de marco
solemne para la justicia del obispado y la penitencia pública
del Jueves Santo.
Artísticamente, su decoración
asimilaba finos recursos ornamentales propios de la orfebrería
áulica leonesa, introduciendo fustes torsos y delicados arcos
lobulados.
Sus dos grandes puertas ofrecen un mareante
conjunto de esculturas en algunos casos colocadas anárquicamente.
Arquitectónicamente, la fachada
se estructura en dos niveles. El inferior destaca por presentar
una disposición de dos vanos de acceso con arcos de medio
punto. Sus tímpanos están ricamente decorados: el
derecho ilustra la Adoración de los Magos y escenas de la
Pasión de Cristo, mientras que el izquierdo representa fragmentos
de las Tentaciones de Jesús.
En el nivel superior se abren dos ventanas
románicas para iluminar el interior, ejecutadas posteriormente
por el taller del Maestro mateo Entre ambos niveles discurre un
friso escultórico tallado con gran maestría.
Aunque conserva su esencia original,
la fachada es un mosaico escultórico, ya que ha integrado
piezas procedentes de otras puertas desaparecidas. Por ello, los
especialistas identifican la intervención de múltiples
autores.
Al original Maestro de las Tentaciones
se han sumado relieves labrados por otros artífices, como
el Maestro de la Puerta Francígena (al que algunos identifican
con el Maestro Esteban, también conocido como Maestro de
las Platerías o Maestro del claustro de Jaca), el Maestro
del Cordero y el Maestro de la Traición, dando como resultado
un conjunto monumental sumamente rico y complejo.
En el interior de la catedral, en el brazo
meridional del transepto, muy cerca de la fachada de Platerías
está la puerta con el tímpano de Clavijo, donde aparece
Santiago a caballo con espada y una cruz y rodeada de mujeres jóvenes.
Representa la Batalla de Clavijo y la cancelación del tributo
de las cien doncellas al Emirato de Córdoba.
La Puerta de la Transfiguración
Hoy se sabe que en la fachada occidental
también existió (total o parcialmente) una entrada
monumental formada por dos puertas simétricas, como vemos
hoy en Platerías y como fue la Francígena. Esta portada
ya fue descrita por el autor del Codex Calixtinus pero se dudaba
de su veracidad, hasta que en los últimos trabajos de restauración
han aparecidos restos arqueológicos.
Manuel Castiñeiras ha deducido
que los espectaculares relieves en mármol blanco ubicados
en Platerías: Santiago, Moisés y Abraham pertenecieron
a este Puerta de la Transfiguración que cerraba la catedral
por el oeste y fueron ejecutados por manos similares a las del Maestro
de las Platerías (quizás, un discípulo suyo
o él mismo en una fase más tardía de su obra).
Siguiendo la hipótesis de Castiñerías, estos
magníficos relieves fueron trasladados y recolocados en su
posición actual de Platerías.
El Pórtico de la Gloria
El Maestro Mateo, que fue contratado en
1168, se ocupó determinar los últimos tramos de la
nave y de la construcción de la cripta que soportaría
el famoso y majestuoso Pórtico de la Gloria.
Este conjunto monumental creado como entrada
occidental y principal de la catedral de Santiago de Compostela
es uno de los más grandes monumentos medievales del mundo
y paradigma de la evolución que durante la segunda mitad
del siglo XII sufre el románico hacia el naturalismo gótico.
Del Maestro mateo se conservan pocas referencias
biográficas, pero figura en documentos de 1168 y 1188 como
el constructor encargado de finalizar las naves de la Catedral de
Santiago de Compostela, edificar la cripta que salvaba el desnivel
del terreno y erigir el célebre Pórtico de la Gloria,
además de hacer la gran escultura de Santiago sedente del
altar mayor.
Este conjunto monumental creado como entrada
occidental y principal de la catedral de Santiago de Compostela
es uno de los más grandes monumentos medievales del mundo
y paradigma de la evolución que durante la segunda mitad
del siglo XII sufre el románico hacia el naturalismo gótico.
La obra se vertebra mediante tres arcos
de medio punto cuajados de escultura monumental cuyo programa iconográfico
se inspira en el Apocalipsis de San Juan.

El tímpano está dominado
por una inmensa figura de Cristo mostrando sus heridas (Varón
de Dolores), flanqueado por el Tetramorfos, las doce tribus de Israel,
una multitud de bienaventurados y ángeles que portan los
instrumentos de la Pasión.
La arquivolta superior exhibe a los 24
ancianos del Apocalipsis afinando instrumentos musicales. Estas
figuras rompen el hieratismo tradicional mediante un asombroso realismo
y escorzos que les permiten mirarse e interactuar.

Las estatuas columna y el parteluz actúan
como nexo entre la Jerusalén celeste y la tierra, las columnas
albergan a profetas y apóstoles dialogando entre sí.
El parteluz central arranca con el árbol de Jesé y
sostiene la estatua sedente del apóstol Santiago dando la
bienvenida a los peregrinos. En el reverso de este parteluz se encuentra
el "Santo dos Croques", figura arrodillada tradicionalmente
identificada con el propio Maestro Mateo.
En los arcos laterales se representan
diversas escenas bíblicas, incluyendo a Adán y Eva
en el Paraíso y unas crudas imágenes del infierno
correspondientes al Juicio Final.
Atribuido al taller del Maestro Mateo,
pero en una fase tardía o bien ejecutada por herederos, porque
su calidad es menor, tenemos la estatua pétrea de Santiago
sentado, ubicada junto al altar. Esta célebre estatua que
es tradicionalmente es abrazada por los peregrinos, data de principios
del siglo XIII. Aunque es posterior a las esculturas del Pórtico
de la Gloria, hay un retroceso estilístico en su aspecto
hierático, más románico que gótico.
Su policromía románica original permanece hoy oculta
bajo una rica esclavina barroca de plata.

La Puerta Santa
La Puerta Santa (Porta Santa o porta do
Perdón) de la Catedral de Santiago de Compostela se abre
en la fachada oriental de la catedral, hacia la Plaza de la Quintana,
y sólo se utiliza en los Años Santos Jacobeos, cuando
el 25 de julio, festividad de Santiago, cae en domingo. Tradicionalmente,
su apertura solemne marca el comienzo del Año Santo.
En su configuración actual, la
Puerta Santa es el resultado de varias fases históricas.
El muro rectilíneo que hoy contemplamos desde la Quintana
se levanta a comienzos del siglo XVII, reutilizando esculturas románicas
procedentes del coro pétreo del Maestro mateo, desmontado
en 1604-1606. En torno al vano se disponen veinticuatro figuras
de apóstoles y profetas esculpidas durante e siglo XII; sobre
ellas se añadió posteriormente un grupo clasicista
con Santiago peregrino flanqueado por Atanasio y Teodoro.

Aunque hoy la conocemos como Puerta Santa,
su origen está ligado a una antigua porta de San Paio y a
una puerta funcional entre las capillas de la Azucena/San Pedro
y del Salvador, en la girola, que facilitaba el contacto entre el
recorrido de peregrinación y la zona del baldaquino y la
cripta del Apóstol.
Las reformas de la cabecera románica
y la construcción de nuevas capillas desplazaron el punto
de salida primitivo, hoy recordado por un motivo estelar de ocho
puntas incrustado en el pavimento, que señala la dirección
simbólica del oriente.
El cimborrio
El cimborrio que hoy se alza sobre el
crucero sustituyó al románico original, cuya estabilidad
se había visto comprometida con el paso del tiempo. La estructura
actual fue levantada durante el siglo XV en estilo gótico,
aunque posteriormente recibió elementos decorativos renacentistas
y barrocos.
Se trata de un cuerpo octogonal perforado
por amplios vanos que incrementan la iluminación del crucero
y descargan su peso mediante trompas, constituyendo uno de los principales
focos de luz del interior del templo
Cripta bajo el Pórtico de la
Gloria
A los pies de la iglesia se encuentra
la cripta del Pórtico de la Gloria, construida por el maestro
mateo a finales del siglo XII para salvar el acusado desnivel existente
entre la plaza occidental y el pavimento de la catedral.

Esta dependencia, conocida también
como cripta o iglesia inferior, reproduce mediante robustas bóvedas
de arista y pilares macizos el esquema estructural que sostiene
el gran nártex superior.
Su función fue esencialmente arquitectónica,
al actuar como una sólida infraestructura capaz de soportar
el extraordinario peso del Pórtico de la Gloria y de la fachada
occidental medieval.

El Coro Pétreo del Maestro
mateo
El taller mateano también construyó
un majestuoso coro pétreo en la nave central, el cual fue
desmontado en 1603. Era una estructura rectangular profusamente
esculpida, donde cada sitial contaba con doseletes decorados con
figuras bíblicas y animales fantásticos.
Iglesia de Santa María la Antigua
de la Corticela
La iglesia de Santa María de la
Corticela, integrada en el sector septentrional de la catedral,
fue originalmente un templo independiente vinculado a una pequeña
comunidad monástica. Es una pequeña iglesia de tres
naves y ábsides rectangulares. Destaca su portada románica,
decorada con un tímpano donde se representa la Epifanía.
La incorporación de la Corticela al conjunto catedralicio
fue consecuencia de las sucesivas ampliaciones del templo compostelano.

El Claustro
Iniciado en 1521 por Juan de Álava
y continuado por Rodrigo Gil de Hontañón, es una síntesis
de estilo gótico-renacentista. De planta cuadrada, sus pandas
se cubren internamente con complejas bóvedas de crucería
estrellada.
Hacia el patio abierto, los vanos de medio
punto o ligeramente apuntados, se presentan limpios y lisos. Para
contrarrestar los empujes y articular el muro, dispone de pináculos
góticos entre los arcos. Finalmente, el perímetro
superior se remata de forma uniforme con una bella crestería
calada, también de progenie gótica.

Panteón Real
En el ala meridional del claustro se localiza
el Panteón Real, instalado en una antigua dependencia medieval
del conjunto catedralicio. En este espacio fueron trasladados los
restos de diversos monarcas y miembros de la nobleza del antiguo
Reino de León, que originalmente habían recibido sepultura
en la catedral románica.
Los sepulcros conservados, de cronología
diversa, testimonian la estrecha vinculación de la monarquía
leonesa con el santuario compostelano y constituyen uno de los conjuntos
funerarios de mayor relevancia histórica conservados en Galicia.
Algunas de las personalidades sepultadas son los importantes y ya
citados reyes leoneses: Fernando II y Alfonso IX y el también
célebre Raimundo de Borgoña, que fue Conde de Galicia
y yerno del monarca Alfonso VI de León y de Castilla.

Otras obras románicas en Santiago
de Compostela
Museo de la catedral
El Museo de la Catedral ocupa diversas
dependencias históricas del complejo catedralicio. Sus colecciones
reúnen piezas de escultura románica y gótica,
pintura, orfebrería, tapices, códices, vestiduras
litúrgicas y documentación relacionada con la historia
del santuario jacobeo.
Palacio de Gelmírez
El Palacio de Gelmírez, levantado
durante el siglo XII por iniciativa del arzobispo Diego Gelmírez,
constituye uno de los ejemplos más destacados de arquitectura
civil románica conservados en España.
Su elemento más sobresaliente es
el gran salón sinodal, cubierto mediante bóveda de
crucería sobre ménsulas esculpidas, cuya decoración
figurada refleja el elevado nivel artístico alcanzado por
los talleres compostelanos. El edificio fue residencia episcopal
y escenario de importantes acontecimientos políticos y eclesiásticos.
Visitar
la página dedicada al Palacio de Gelmírez, en Santiago

Colegiata de Santa María de
Sar
La catedral de Santiago de Compostela
no es el único monumento románico de la ciudad. En
las afueras, se encuentra la Colegiata de Santa María de
Sar.
Es un edificio de gran porte, con tres
naves rematadas en cabecera tripartita de gran belleza gracias a
su equilibrado ábside poligonal con ventanas y columnas.
La fachada occidental es muy austera y el muro norte está
tapado por los enormes arbotantes que tuvieron que construirse en
época posterior para evitar su desplome.
En el interior lo más inmediatamente
perceptible es la acusada desviación de los arcos formeros
y pilares hacia el exterior, posiblemente por la acción de
filtraciones de agua del Río Sar. No debemos dejar de ver
el interior del ábside central con sus proporcionadas arquerías
murales superpuestas.
El claustro conserva un ala de estilo
románico también alterado por contrafuertes. Sus arcos
son de gran barroquismo por sus arquivoltas repletas de motivos
florales y geométricos.
Visitar
la página dedicada a Colegiata de Santa María de Sar,
en Santiago
Puerta románica de la
iglesia de Santa María Salomé
La portada románica de la iglesia
de Santa María Salomé es uno de los conjuntos escultóricos
más singulares del románico compostelano. Llama la
atención la conservación y riqueza artística
e iconográfica de los canecillos del tejaroz. También
se ha de mencionar la imagen pétrea de la Virgen con el Niño
y el grupo formado por San Gabriel y María para formar una
Anunciación.
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la página dedicada a Santa María Salomé, en
Santiago
Portada medieval de la iglesia de
San Fiz de Solovio
Iglesia con historia y tradición
a sus espaldas. Interesa la puerta del siglo XII o XIII y el tímpano,
añadido posteriormente en el siglo XIV (1316) que muestra
nuevamente una Epifanía. Los personajes están pintados,
pero no corresponde a la policromía medieval original.
Otros monumentos románicos
cerca de Santiago de Compostela
Quien visite Santiago y su catedral, además
de disfrutar de esta bella ciudad, puede acercarse a otros lugares
cercanos como a la iglesia románica de Santa María
de Herbón, Padrón, a la que se llega en media hora
en automóvil.
Más información de
Iglesia
de Santa María de Herbón