Arquitectura
Lombarda
La Arquitectura
lombarda es la correspondiente a la desarrollada en el norte
de Italia y trasvasada a otros lugares de Europa y cuyos autores
se les denomina Magistri Comacini. Con el tiempo desemboca
en lo que Puig y Cadafalch -no sin gran polémica- bautiza
como el Primer Románico (otros consideran a esta arquitectura
como protorrománica para diferenciarla del románico
internacional) que se extendió por grandes zonas de Europa
y que en España afecta a Cataluña y Aragón.
Aunque se han
dado multitud de teorías sobre el origen de estos artífices,
lo que está claro es que se sabe de ellos documentalmente
a partir del siglo VII. Se trata de gentes ubicadas en los alrededores
de Como, en la Lombardía (Comarca septentrional de
Italia) que conocedores de técnicas constructivas de las
antiguas Roma y Rávena se dedican, como gremio especializado,
a prestar sus servicios en la costosa tarea de levantar iglesias.
Se sabe de grandes desplazamientos de estos talleres o cuadrillas
a largas distancias (Borgoña, sur de Francia, Cataluña,
etc.)
La importancia
de los maestros lombardos resulta de su pericia para abovedar los
templos. Es sabido el interés simbólico y práctico
durante la Edad Media de que los templos sean abovedados. Como Casa
de Dios, la iglesia ha de ser el más perfecto de los edificios
y ello sólo se consigue con el abovedamiento pétreo.
Además, un edificio con techumbre de madera, repleto de fuegos
de antorchas y velas, era un peligro potencial por los incendios.
La arquitectura
lombarda es por tanto abovedada. Las bóvedas de la arquitectura
lombarda original son de arista, aunque posteriormente se adopta
la de medio cañón.
También
articulan los muros en resaltes para animar su superficie. Ello
logra una estructuración de espacios y genera sensación
de verticalidad y mayor agrado estético. En este sentido
hay que recordar las fórmulas decorativas empleadas habitualmente
como los arquillos y las lesenas lombardas o pilastras poco resaltadas
que llegan hasta el suelo.
En el plano
escultórico, al principio la escultura es inexistente, aunque
sí se pintan los muros con programas iconográficos.
Entre las obras
más importantes de la arquitectura lombarda en Italia podemos
citar San Ambrosio de Milán y San Miguel de Pavía.