Los
titios celtíberos constituyeron la primera civilización que habitó
estas tierras donde, posteriormente, los musulmanes descubrieron
sus posibilidades defensivas.
De
hecho, los árabes la convirtieron en una plaza amurallada y protegida
por un fuerte castillo que resistió los asaltos cristianos
hasta el siglo XI, cuando las tropas de Alfonso VI se hicieron con
el lugar.
El
valor de Atienza quedó recogido en el "Cantar del Mío Cid", donde
se la describe como "peña muy fuerte". Peña que se convirtió en
cabecera de una extensa comarca Común de Villa y Tierra que llegó
a contar con más de diez mil habitantes tras el fuero otorgado por
Alfonso VII.
De
todo ello, resta un pequeño pueblo dominado por los restos de su
fortaleza. Encaramado sobre un arisco y rocoso cerro, el castillo
de Atienza mantiene, a pesar de la ruina, una orgullosa prestancia.
Sin duda, su aspecto es imponente: un potente torreón de grisácea
roca se levanta en el extremo más inaccesible de un cerro ya de
por sí dificultoso.
Llegar
hasta él supone una breve excursión que descubre un estrecho sendero
por el cual, en tiempos medievales, debieron subir señores, caballeros
y siervos. Luego, es obligado internarse entre sus derruidos muros,
investigar en sus rincones y ascender hasta la cima del torreón
para observar un magnífico paisaje y, sobre todo, el conjunto urbano
de Atienza.
(Para conocer
más sobre los castillos de Guadalajara:)
La población
de Atienza se agrupa alrededor de la Plaza del Trigo, también
conocida como de San Juan del Mercado. La plaza es el lugar
perfecto para descubrir el pueblo, sobre todo porque es el punto
de partida de varias de las callejas medievales atencinas.
En sí
misma, la plaza es un precioso foro de relativamente pequeño
tamaño adornado, en su centro, por una fuente de buen tamaño
en la que se tallaron, curiosamente, unos grandes peces. Alrededor,
se suceden característicos edificios medievales marcados
por los soportales inferiores y los muros de piedra y entramado
de madera.
Las
iglesias románicas
De
las catorce iglesias parroquiales que poseyó Atienza
sólo perduran restos románicos en cinco y sorprendentemente
son de gran heterogeneidad, probablemente porque se construyeron
en diferentes fechas de los siglos XII y XIII, recibiendo dispares
influencias. Nos
referimos a las antiguas iglesias de la Santísima Trinidad,
San Gil, Santa María del Rey, San Bartolomé
y Santa María del Val.
En nuestra
descripción hemos elegido los templos de San Gil, Santísima
Trinidad y Santa María del Val.
Pinche
en nuestro Vídeo del Románico
en Atienza y su comarca
Atienza.
San Gil
San Gil
de Atienza es una de las emblemáticas iglesias de la villa.
Tras
la reconstrucción
de la nave en el siglo XVI, lo único
que queda románico es la cabecera, con ábside
de semitambor y tramo presbiterial, todo de buena sillería.
Del
ábside destaca la clásica articulación románica
de dos columnas que dividen el hemiciclo en tres paños, y
en cada uno un vano que se muestra alto y estrecho, con arquivolta
de medio punto y guardapolvos de puntas de diamante, sobre columnas
esbeltas de elegantes capiteles vegetales. Los
cimacios se impostan en el muro recorriendo todo el semicilindro.
Actualmente
esta iglesia se ha recuperado y alberga el Museo de Arte Religioso
de Atienza. Bajo tal denominación, expone magníficas obras
de arte de diferentes épocas procedentes de las catorce parroquias
que tuvo la villa.
No
debemos perdernos la sobria pero elegante pila bautismal románica,
otro regalo que nos brinda esta hermosa iglesia de San Gil de Atienza.
Atienza.
Santísima Trinidad
La iglesia
de la Santísima Trinidad está en uno de los lugares
más altos y dominantes de Atienza.
De estilo
románico resta únicamente el tambor del ábside,
que también padeció algunas desgraciadas reformas.
Tal
es el caso de
su recrecimiento, con la perdida consiguiente de los capiteles
de
las columnas y la corona
de
canecillos de la cornisa.
A pesar
de ello, la buena fábrica de sillería dorada del ábside impone
su presencia al visitante.
Tenía
dos columnas que arrancaban de ménsulas y dos impostas vegetales
que anillan el tambor a la altura de los alféizares de las
ventanas y los cimacios de sus capiteles.
La rotundidad
de su arquitectura contrasta con la delicadeza de los tres ventanales
que se abren en su lienzo.
Presentan
dos arquivoltas baquetonadas de medio punto con guardapolvos y parejas
de columnitas con capiteles vegetales muy finos y elegantes, con
hojas rematadas en volutas o pomas.
En su interior
se guarda la imagen del Cristo de los Cuatro Clavos, una talla del
siglo XIV.
Atienza.
Santa María del Val
Lo más
interesante de la ermita de Santa María del Val de Atienza,
sin duda, y hecho originalísimo en el románico castellano
es la arquivolta sujeta por diez saltimbanquis con bonetes.
Dichos
personajes han sido identificados, por su tocado, como monjes o
musulmanes, que hacen una pirueta se agarran dejando ver su torso,
cabeza, manos y piernas, de tal manera que se agarran con sus manos,
y sus pies alcanzan la cabeza. Sigue siendo una incógnita
el origen de tan excepcionales tallas.
Atienza.
Iglesia y Museo de San Bartolomé
También
alejada del casco urbano se encuentra la iglesia de San Bartolomé.
Aunque fue reconstruida en el siglo XVI y cobija un original retablo
barroco, conserva notables restos románicos, en especial, su bella
galería porticada de arcos de medio punto y su portada con
decoración geométrica de gran sabor soriano.
En la actualidad,
su interior acoge el Museo de Arte Religioso y Paleontológico, en
el cual se reúne una buena colección de lienzos con motivos religiosos,
además de una inesperada muestra de fósiles y objetos prehistóricos.