El objetivo de las celebraciones
son múltiples, estando relacionado con la naturaleza de las
mismas: encontramos algunas fiestas que se celebran con el fin de
agradecer las cosechas o la unión en matrimonio, otras van
orientadas al desarrollo de destrezas y de la fortaleza física,
mientras que un tercer grupo persigue un fin moralizador o incluso
el control social por parte de los poderosos y los eclesiásticos
-pueden incluso llegar a ser un canal de educación religiosa
o cívica- o como garante de la transmisión de sistemas
culturales.
Fiestas
religiosas
Hagamos un repaso por las
principales fechas que en la Edad Media se celebraban fiestas directa
o indirectamente relacionadas con lo religioso.
Navidad
Comenzando por la Navidad,
diremos sobre éstas que son fiestas que se celebran desde
los albores del cristianismo, coincidiendo con la aceptación
de la religión. Así lo muestran las fuentes gracias
a las que sabemos que días marcados en rojo como el 6 de
enero, el nacimiento de Jesucristo, se celebra desde el siglo VI.
Carnaval
Dando un salto hasta febrero,
nos topamos con el Carnaval, festividad que aún hoy sigue
provocando discusiones sobre su procedencia. En lo que sí
parecen estar de acuerdo es en el carácter que durante la
Edad Media adquirieron, modificadas y mezcladas junto a las celebraciones
de todas las fiestas que anteriormente se producían en invierno
como aquella dedicada a asegurar la fecundidad de la mujer (15 de
febrero) o la que veneraba a las mujeres casadas (1 de marzo).
Si atendemos a su nombre,
Carnaval significa también el inicio de la Cuaresma- que
comienza el Miércoles de Ceniza-, tiempo en el que se imponen
las privaciones por lo que los días de Carnaval sirven para
comer aquellos alimentos que luego estarán prohibidos y para
practicar las actividades mal vistas antes de, atendiendo al calendario
eclesiástico, el calvario de Jesucristo.
Son además, gracias
al anonimato y la permisividad extrema que precedía a la
prohibición, momentos de crítica a todo aquello que
no gustaba en el momento.
Semana Santa
La Cuaresma concluía
con la antigua fiesta de la primavera -actualmente llamada Semana
Santa- donde se conmemoraba la muerte y resurrección de Cristo
por medio de pasos, figuras que se mostraban en las procesiones,
manifestaciones que surgieron en las comunidades mediterráneas
alrededor del siglo XV.
Fiestas familiares
Bautizos, bodas y funerales
eran los motivos familiares de celebración más habituales.
Eran actos que marcaban los tiempos de las persona y servían,
al mismo tiempo, para reforzar los lazos familiares.

La celebración eran
más grande cuan más alto subiésemos en la pirámide
de población y cuanto más dinero poseyeran los padres
de los novios. Desde el siglo XIII- nos cuenta Ladero Quesada- comenzó
a haber regulaciones legales para limitar los gastos en banquetes,
vestuario y otros aspectos de la fiesta, así se aseguraban
que nadie ostentase a una celebración mayor de la que podía
permitirse.
Respecto a las costumbres
fúnebres, en lógico pensar que las desarrolladas hoy
en día son sólo pequeñas variaciones de las
realizadas en la Edad Media: el rito comenzaba con un velatorio
donde estaban presenten las personas más cercanas al difunto,
siendo el entierro, por cuestiones de salud pública y malos
augurios, al día siguiente del fallecimiento. Los entierros
que más llamaron la atención e incluso congregaban
a millares de personas, eran aquellos de personas pertenecientes
a la nobleza o la realeza, cuales contaban con una ofrenda y el
acompañamiento del cuerpo hasta el lugar del entierro.
Fiestas
no religiosas
El segundo gran tipo de
fiestas eran aquellas políticas, momentos de ocio para el
pueblo, sin adornos religiosos.
Celebraciones políticas
En este gran grupo podemos
encontrar las celebraciones con motivo de la coronación de
un nuevo monarca o la entrada de un rey o un noble victorioso en
una ciudad, la que se engalanaba e invitaba a sus vecinos a estar
presentes en el momento de la llegada, que era además una
forma de mostrar la fidelidad del pueblo hacia su poder. Las celebraciones
concluían con un glorioso banquete regado por vino en el
sur de Europa, cerveza en el norte, bebida más consumida.
Torneos y Justas
Organizado también
por la corona encontramos los torneos, verdaderas demostraciones
del papel del monarca como señor feudal de sus caballeros
y como modelo de las cualidades caballerescas máximas, las
cuales mostraban ante el público para buscar el reconocimiento
y la gloria, como si de un famoso se tratase hoy en día.
La forma en la que se desarrolla el torneo fue evolucionando con
el tiempo: comenzaron en Francia con luchas entre grupos para terminar
siendo disputas entre dos caballeros. Entorno a estos acontecimientos
se formaba una fiesta donde se repartía comida, humor y todo
tipo de actividades.

La importancia que tenían
las justas o torneos derivaba del prestigio que en la sociedad feudal
tenían los caballeros. Así lo demuestra por ejemplo
otras actividades también dirigidas a ellos: la caza, la
pesca o las corridas de toros, práctica común en el
Medievo con la diferencia de que la lidia se producía desde
un caballo, en plazas especialmente acondicionadas para ello, en
las que sólo podían participar la clase alta que servía,
entre otras cosas, para su entrenamiento.

Ocio
popular
Los
juglares
Si de cultura hablamos,
no podemos olvidar el papel de los juglares, poetas-cantantes que
entretenían a las gentes de los pueblos y las ciudades, a
los ricos y a los pobres, a las mujeres y los hombres.
Los primeros documentos
que hablan de ellos han sido datados del siglo VII. Los temas preferidos
por el público eran aquellos que hablaban de hazañas
heroicas, amores imposibles y sutiles críticas que provocaban
la risa de los espectadores.
(Autora
del artículo/colaboradora de ARTEGUIAS:
Ana Molina Reguilón)
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