La moneda en el Reino Hispanovisigodo
Tras
la caída del Imperio Romano de Occidente, la economía
de los reinos bárbaros se caracterizó por la escasa
circulación de moneda, la cual dejó de ser el instrumento
más común para los intercambios. A menudo se vio
sustituida por el trueque y ni siquiera actuó como medida
del valor de los bienes económicos pues éste se
expresaba a través de elementos de uso y consumo frecuente,
como el modio (medida equivalente a unos ocho kilos) o la oveja.
La poca moneda que circuló imitaba los modelos
imperiales. En oro se acuñaron solidi (sólidos o
sueldos) y sus divisores, los tremises, pero se trataba de piezas
más toscas que las romanas. La moneda de plata se acuñó
en las mismas condiciones de escasez y degradación pero,
a diferencia del oro, se destinó principalmente al tráfico
mercantil interior de Occidente.

En la España visigoda la base del sistema
monetario fue el tremis, equivalente a la tercera parte del sueldo
de oro, la moneda fuerte bizantina. Desde mediados del siglo VII,
la ley de los tremises fue cada vez más baja y a comienzos
del VIII apenas entraba oro en la aleación. Junto a las
monedas de oro, siguieron circulando las siliquae de plata de
origen romano.
En los primeros tiempos de la monarquía hispano-goda,
las acuñaciones se hacen con la efigie del rey, imitando
a los sueldos y tremises bizantinos. Pero a fines del siglo VI,
Leovigildo rompió con esta tradición y procedió
a poner su nombre en las monedas, lo que supuso la aparición
de una moneda visigoda propia. Se adoptaron nuevos tipos, apareciendo
el nombre del rey por primera vez, así como un retrato
de perfil de éste, siempre de carácter esquemático
y muy simple. Además se grabó la Victoria y el nombre
de la ceca, en este caso, Toledo.

Recesvinto incluyó la Santa Cruz y situó
la imagen del príncipe heredero en el reverso, en un intento
de mitigar los problemas de sucesión derivados del sistema
electivo de la monarquía visigoda. Con Chindasvinto el
retrato del heredero pasó al anverso, apareciendo las dos
cabezas de perfil y unidas.
La moneda en Europa durante la Alta Edad Media
La España cristiana experimentó a partir
del siglo X, tras el período de decadencia monetaria que
siguió a la invasión islámica, un renacer
del sistema monetario gracias a la influencia ejercida por carolingios
y los mozárabes llegados de Al-Andalus.
Al principio se carecía de moneda propia por
lo que se utilizaron dírhemes de plata islámicos,
llamados denarios argénteos. Es probable que las primeras
acuñaciones castellanas y aragonesas nacieran ante la negativa
de los reinos de taifas a pagar parias.
A mediados del XI surge una moneda de Fernando I
en la que aparece su busto de frente y "Spania" como
leyenda, en el anverso, y una cruz con la leyenda "Fernad
Rex" en el reverso. Con Sancho III y Alfonso VIII se introdujo
el castillo como tipo heráldico. En Aragón, aparecieron
las primeras monedas propias con Sancho Ramírez: el dinero
jaqués y la meaja.

La moneda en la Plena Edad Media: siglos XI-XIII
Desde el siglo IX al XI surgen en Europa las acuñaciones
feudales al margen de la real, tanto de la nobleza eclesiástica
como de la seglar. Este fenómeno, que tuvo su máximo
desarrollo en Alemania y Francia, supuso la existencia de una
gran variedad de monedas en cuanto a formas y calidades, aunque
solía aparecer representado en ellas un busto condal o
episcopal, un santo o un monumento.
En los reinos cristiano hispánicos, por el
contrario, no existieron monedas feudales y los reyes mantuvieron
el derecho exclusivo de acuñar moneda. No obstante, en
ocasiones concedieron privilegios de acuñación a
catedrales y otras instituciones religiosas, para que lo invirtieran
en obras.
Por otra parte, desde fines del siglo XI, Europa
occidental conoció un proceso de expansión económica.
El uso cada vez más intenso de la moneda es un indicador
de ese crecimiento que permitió superar la economía
de autoconsumo y trueque que había marcado al período
anterior. La expansión mercantil fue paralela al aumento
de los metales disponibles debido a la puesta en funcionamiento
de nuevas minas, como las de Freiberg, los Vosgos, el Jura o los
Alpes orientales. A ello hay que añadir las remesas que
proporcionaba el régimen de parias en la España
cristiana o los beneficios obtenidos en las primeras Cruzadas.
Además, la circulación monetaria fue acompañada
de otras manifestaciones: la aparición de la figura del
cambista, las operaciones de crédito, las taulas o bancos,
la usura, etc.
Durante los siglos XI y XII continuó la primacía
del dinero de plata en toda Europa, si bien se utilizó
el oro musulmán, cuyos dinares, llamados "besantes",
fueron imitados.
El auge de las actividades comerciales hizo que se
redujeran pesos y módulos ante la cada vez mayor necesidad
de metal. Además, permitió que surgiese, en el siglo
XIII, un sistema monetario propio, independiente del de Bizancio
y el mundo árabe, basado en tipos monetarios nuevos: el
gross o matapán, y el ducado o el florín, que marcaron
la pauta a seguir en la mayor parte de los estados europeos.
En la Corona de Aragón, tras diversas experiencias,
acabó imponiéndose como moneda a fines del XIII
el diner barcelonés, moneda de plata llamada popularmente
croat, verdadero símbolo del empuje económico catalán.
No obstante, desde 1272 también circuló el gross
en Cataluña. En Mallorca, Jaime II introdujo moneda propia,
los reials doblencs, reials senar o sencillos y menuts. Valencia
tuvo moneda propia desde 1247, los reals de Valencia, que pervivieron
hasta la acuñación del florín en los distintos
estados de la Corona de Aragón por Pedro IV.
En la Corona de Castilla, desde el siglo X, habían
circulado piezas musulmanas e imitaciones suyas, pero a partir
del siglo XII se acuñó moneda de oro propia, aunque
dentro del sistema del dinar almorávide y de la dobla almohade.

Alfonso VIII (1158-1214) emitió en Toledo
dinares que conservaban el peso y la ley del modelo árabe
pero que introducían su nombre y la cruz. A estas monedas
se las denominó dinar, mitcal, morabetino o maravedí.
A partir del reinado de Alfonso XI se acuñaron dineros
cornados y novenes, equivaliendo un maravedí a diez dineros
novenes y seis cornados. Bajo los nombres de dineros pepiones,
burgaleses, prietos y maravedís de plata se acuñaron
también monedas de este metal. Además, Pedro I instauró
el real, cuyo papel en la numismática española ha
sido excepcional.
La moneda en la Baja Edad Media: siglos XIV y
XV
La moneda del siglo XIV se caracterizó por
la crisis de la plata que hizo que las monedas de este metal conocieran
una continua devaluación.

El arte gótico ejerció un notable influjo
sobre el diseño de las monedas. Así, aparecía
la imagen del rey con cetro, espada o escudo, de pie bajo un pórtico
gótico o sentado en un trono de alto respaldo.
En Castilla, se conserva una dobla de Enrique IV
en la que se le representa sentado en un sitial gótico,
con prendas de ceremonia y un león a sus pies.

En la Corona de Aragón, además de moneda
jaquesa, croats, dineros y óbolos, reales de oro y de plata
y mallas de vellón, se acuñaron florines de oro
introducidos por Pedro IV. Frente a la influencia que ejerció
el florín en la moneda de oro aragonesa, en Castilla se
continuó con la dobla como moneda base. Enrique IV puso
en circulación piezas de oro muy puro procedente de África
llamadas "enriques" o "castellanos", equivalentes
a 435 maravedíes. En cuanto a la plata, se acuñaron
reales, llamados "cruzados" y "coronas" y
Enrique II creó las blancas. Los tipos presentaban el busto
del rey, sus iniciales, castillos, leones, enmarcados en orlas,
a veces polilobuladas.
A principios de siglo XV la moneda todavía
presentaba características medievales: delgados cospeles,
influencia del gótico en los tipos... No obstante, los
nuevos tiempos se pueden observar en el creciente peso que fue
adquiriendo el retrato, en la ampliación del módulo
de las piezas que permitía un mejor tratamiento de los
tipos y en el abandono del vellón, que dejará paso
al cobre.

Los Reyes Católicos inauguraron en España
la moneda moderna. No obstante, a pesar de la unión con
Castilla, Fernando II continuó las emisiones propias de
Aragón.
En oro se acuñaron el doble castellano, el
castellano sencillo y el medio castellano; en plata el real. El
doble castellano, al que se denominó "excelente"
llevaba en el anverso la efigie de ambos soberanos sentados, con
sus nombres y títulos, y en el reverso el águila
de San Juan y la leyenda "Sub umbra alarum tuarum protege
nos Domine". Los reales de plata llevaban el águila
sosteniendo el escudo real de Castilla y en el reverso el de Aragón
y Sicilia.
Estas piezas se mantuvieron hasta la Pragmática
de Medina del Campo de 1497 en la que se contenía la nueva
normativa sobre moneda. Los monarcas trataban de unificar la moneda
de oro en todos sus estados: se implantó en Castilla el
ducado de origen veneciano, que era la moneda más extendida
de la época en Europa y que se acuñaba en Aragón
y Valencia desde 1483. Esta fue la única medida de unificación
acometida en el ámbito de la economía.
El ducado castellano, de un oro muy puro, fue muy
pronto llamado "excelente de la granada", equivalente
a un ducado veneciano o a 375 maravedíes. A su lado siguieron
figurando el real (34 maravedíes) y la blanca (1/2 maravedí).
En cuanto a los tipos, los ducados de oro llevaron los bustos
reales coronados y afrontados y la leyenda "Fernandus et
Elisabet Dei gratia Rex et Regina Castelle et Legionis" y
en el reverso el águila de San Juan sosteniendo el escudo
real con Granada en la punta y con la leyenda "Sub umbra
".
en cuanto a las monedas de plata, el real llevaba la leyenda "Fernandus
et Elisabet Rex et Regina
" con el escudo ya citado
y en el reverso el yugo y las flechas. El medio y el cuarto real
llevaban el yugo por un lado y las flechas en el otro, y el octavo
la F y la Y coronadas.
En cuanto a las monedas de vellón y de cobre,
siguieron circulando las blancas de época de Enrique IV
y a partir de 1479 los monarcas acuñaron las suyas propias.
La moneda en Al-Andalus
La prohibición islámica de representar
figuras hizo que los tipos de las monedas fuesen de carácter
religioso pero basados únicamente en inscripciones que
se distribuían en el centro y en la orla. La más
común fue la profesión de fe ("No hay otro
dios sino Alá") y la misión profética
de Mahoma en la orla ("Mahoma es el enviado de Allah").
En Al-Andalus siguieron circulando tremises visigodos
hasta que se adoptó el sistema de Abd al-Malik hacia el
723. Con ello se inició una intensa labor de acuñación,
sobre todo en plata. Las primeras piezas carecían del nombre
de los emires pero sí llevaban la fecha y el lugar de la
ceca, que será siempre Al-Andalus, aunque la ciudad
donde se acuñaban era Córdoba. La acuñación
de oro se reservó al califa de Oriente, del que el emirato
de Córdoba dependía.

Pero la progresiva independencia política
acarreó una hispanización de las monedas, prácticamente
total a partir del Califato de Córdoba, con Abd al-Rahmán
III, cuando se produce un cambio en las leyendas: se mantiene
en el área I la profesión de fe y la inscripción
de fecha y ceca, pero se sitúa en el centro del área
II el nombre del califa con el título de imán y
la misión profética de Mahoma en la orla. Los dinares
serán de un oro de excelente calidad, dado el control del
oro centroafricano, por lo que se convirtieron en base de la economía
del Occidente europeo, con quien Al-Andalus mantenía
importantes relaciones comerciales. Los cristianos, incluso, lo
imitarán, dándole el nombre de "mancusos".
En época de los reinos de taifas la calidad
de la moneda empeoró mucho, llegando a emitirse dinares
de cobre dorado así como dírhemes de vellón
que, en ocasiones, sólo llevaba un veinte por ciento de
plata. El primer monarca al que se conoce la acuñación
de moneda fue Mochehid de Denia. Aunque algunas emisiones mantuvieron
el nombre del califa, fueron muchos los reyes de taifas que grabaron
su nombre en la moneda. Se multiplicaron las cecas, siendo las
que más cantidad de moneda acuñaban las de Zaragoza
y Valencia.

Los almorávides lograron una nueva unidad
monetaria en Al-Andalus a fines del siglo XI. Su sistema monetario
se basó en un dinar equivalente a diez dírhemes
al que los cristianos llamaron "morabetí". Los
almohades introdujeron la dobla, moneda de oro que se convirtió
en la base de su sistema monetario. Tenía el peso de dos
dinares (4´6 gramos), de ahí su nombre. Las inscripciones
se enmarcaban en recuadros y los dírhemes tomaron también
forma cuadrada. La dobla almohade se extendió a partir
del siglo XIII por los reinos cristianos, donde fue conocida también
como mazmudina, y perduró hasta la toma de Granada.
